CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

EN LA RECTA FINAL

Por Brigadier General (r) JOSÉ JAIME RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Despejadas, por fin, las incógnitas que pesaban sobre la reelección presidencial inmediata el pasado 19 de octubrey sobre la Ley de garantías electorales que la reglamentaba el 11 del mes en curso, por parte de la Corte Constitucional, se aclaró definitivamente el panorama electoral para los próximos debates que habrán de elegir Presidente de la República y nuevo Congreso Nacional, para el período 2006-2010, en los meses de marzo y mayo del próximo año.

Al respecto conviene comentar que el espíritu de dichos fallos ofrece singulares consideraciones, en torno a cada uno de ellos, pues mientras el primero se limitó a ratificar la exequibilidad del Congreso para reformar la Constitución en tal sentido, el segundo estableció una serie de condicionamientos limitantes al candidato – presidente frente a los candidatos – ciudadanos, en torno a factores de tiempo, monto de auxilios oficiales para su campaña (cuatro mil millones menos que sus competidores) y restricciones para la acción proselitista en su doble condición de Presidente en ejercicio y posible aspirante a una elección popular, que le permita continuar en el cargo el cuatrienio inmediato.

Frente a estos importantes planeamientos que, sin duda alguna, pesarán en el destino del país en los próximos años vale la pena analizar, así sea tangencialmente, la primeras reacciones que suscitaron estos fallos de la Corte citada, a fin de intentar interpretar las posibles posiciones que adoptarán los distintos candidatos y grupos políticos, en relación con sus naturales apetencias de poder para satisfacer sus particulares intereses.

En este intento y como punto de partida cabe aceptar que, como era de esperarse, a los opositores del actual gobierno y, por lo mismo, abiertos enemigos de la reelección, nada gustaron estas decisiones del Alto Tribunal por considerarlas anticonstitucionales y contrarias a sus apreciaciones sobre el tema por lo cual, como también cabía esperarse, no tardaron en formular reparos acerca de los fallos emitidos aduciendo presiones oficiales en abierto desafío a la majestad, independencia y validez legal de sus juicios.

Los actuales precandidatos, por fuerza de las circunstancias que rodean estos temas, han aceptado en principio dichos veredictos con los naturales reparos seudo diplomáticos que la próxima contienda electoral les permite apreciar.

Los partidos políticos a su turno, han expresado sus puntos de vista a este respecto y algunos de sus dirigentes, como fue el caso del ex presidente César Gaviria Trujillo, en su condición de jefe único del Partido Liberal Colombiano, no dudó en declarar su manifiesta oposición al presidente Uribe y su disposición de buscar derrotarlo en las urnas o hacer ingobernable su próximo período presidencial de salir elegido.

Las bancadas del Congreso, por su parte, ante esta realidad quieren afanosamente consolidar sus listas de aspirantes al Congreso en forma tal que les permita el mayor poder posible para las futuras decisiones parlamentarias.

La opinión pública en general, por último, sólo desea tener las garantías del caso que le permitan ejercer su legítimo derecho a elegir libremente a los candidatos de su predilección.

No podía faltar, sin embargo, una sombra de duda y una censura anticipada a todos los actos del gobierno y en esta tarea nos atrevemos a vaticinar que la próxima justa electoral buscará inculpar al propio Presidente de cualquier posible resultado desastroso en las urnas, aduciendo la trillada por repetida queja de falta de garantías, interferencias oficiales, amenazas de los grupos ilegales, persecuciones encubiertas y toda suerte de artimañas, en fin, que busquen opacar triunfos contrarios y magnificar sin recato propias derrotas, para justificarles de antemano.

Psicología social que nos distingue como soñadores de quimeras y quijotes de esperanzas incumplidas, casi siempre los colombianos, pese a las experiencias del pasado, seguiremos escuchando aquellos cantos de sirena que nos invitan a creer que en otras manos vamos a encontrar la anhelada solución de todas nuestras necesidades y problemas y el remedio absoluto para todos nuestros males y carencias.

Por ello y sin que arranque en firme todavía la campaña política esperada, ya se comienzan a escuchar hipótesis curiosas, para cazar votos incautos, como aquella del Polo Democrático Independiente cuyo vocero Antonio Navarro Wolf afirma conocer mejor al país que el presidente Uribe Vélez para apreciar que puede gobernarlo en debida forma… (Quizá, nos preguntamos, por haber vivido tanto tiempo en las selvas, cuando era miembro activo del grupo guerrillero M-19)… o aquella otra formulada por el doctor Horacio Serpa Uribe, como posible representante del liberalismo oficialista, quien desde ya y a “priori” ofrece duplicar el salario mínimo, en su eventual acceso al solio de Bolívar… o la del Plan Nacional Alimentario ofrecido por el novel parlamentario Rodrigo Rivera… o aquellas muchas más que, sin duda alguna, ofrecerán en un futuro próximo cada uno de los aspirantes presidenciales, en su afán de confirmarse como redentores del pueblo colombiano.

Sin conocerse aún el abanico de candidatos oficiales de los partidos y grupos que disputarán la primera magistratura de la Nación y en la esperanza de que el Presidente someterá su nombre a consideración de los electores, ya que deberá cumplir tal requisito en breves días, a fin de continuar gobernando otros cuatro años, seguimos por ello expectantes de lo que pueda ocurrir el año entrante.

Colocados hoy, por vez primera en muchos años, ante la disyuntiva de escoger entre las rutas de las ilusiones y de las realidades, aquella que más convenga a los intereses de la patria y de su pueblo, es de esperarse que, también por vez primera, seremos sensatos y realistas frente a la situación actual que vive la nación y a la que se permite columbrar para un futuro inmediato, como para adoptar la decisión más indicada a los fines del bien común general, como suprema aspiración favorable al mejor destino nacional.

Ojalá sea así para mayor grandeza de Colombia en los años por venir.