BATALLA NAVAL DE MARACAIBO
GRANDEZA ESTRATÉGICA
Por Vicealmirante (r) CARLOS OSPINA CUBILLOS
Sobre el Almirante José Padilla y su glorioso desempeño en las guerras de la independencia se han escrito muy completas descripciones de su vida, sus acciones navales y su trágica muerte. Hoy día la historia analiza esos testimonios y nos enseña que nuestro máximo héroe naval, en su amplia visión marinera, comprendió y buscó el Poder Marítimo en nuestros mares como único medio para afianzar la independencia y cortar definitivamente el apoyo que desde España o las islas cercanas pudiere llegar para reforzar los últimos refugios de ideas realistas que aún quedaban en estas colonias.
El primer resultado de la Batalla de Maracaibo en este campo, fue la destrucción o pérdida de la flota española, la huida de su comandante el Almirante Laborde y la capitulación de los ejércitos reales de la Costa Firme, que incluyó la entrega de Maracaibo y la fortaleza de San Carlos. Posteriormente, se logró la recuperación de Puerto Cabello y con ello se terminó el poder militar español en nuestra naciente república. Este triunfo le negó a España el Poder en el Mar y al hacerlo cortó radicalmente no sólo las dependencias económicas sino las posibilidades de reconquista. Así mismo, al haber resuelto el problema en el Golfo, permitió a Bolívar continuar con más recursos y facilidades la difícil campaña que llevaba en el sur, buscando la libertad del Perú. Como vemos, la victoria naval de Padilla iluminó con su luz la libertad de América y produjo grandes enseñanzas, valiosas y tristes, que hoy no debemos olvidar. Por ejemplo el eco del combate que se escuchó y valoró en la lejana Bogotá produjo grandes reacciones, junto con los Decretos de justo reconocimiento y honores vinieron excelentes disposiciones para organizar y fomentar nuestra Marina, desafortunadamente las buenas intenciones se enfrentaron a la falta de recursos del país y de dirigentes que conocieran el problema y lo pudieran manejar en al ámbito político y administrativo nacional. Los excelentes marinos que se cubrieron de gloria en el combate no estaban preparados para el manejo de la gestión y la política y a pesar de sus infructuosos esfuerzos, no lograron llevar adelante las buenas intenciones de organizar y crear un gran poder naval, afianzado en sus recientes acciones de combate.
La presencia de enclaves españoles en Puerto Rico y Cuba, eran una posible amenaza a nuestra independencia y eran conocidos los esfuerzos del Almirante Laborde para alistar una nueva escuadra destinada a vengarse de la derrota sufrida. Afortunadamente la Armada Española, prácticamente desde la Batalla de Trafalgar había perdido el dominio del mar y descuidado su poder naval en sus colonias, lo cual fue agravado en octubre de 1826 cuando una fuerte tempestad destruyó gran parte de la escuadra española destacada en Cuba. Este trágico evento, acabó con la posible presencia de España en nuestros mares pero desafortunadamente fue usado como un motivo para considerar que ya nuestra Fuerza Naval no era necesaria y prácticamente podía suprimirse. El Decreto que en 1826 expidió Bolívar eliminando casi en su totalidad la Marina de Guerra dice “…aprovechando el descalabro que ha sufrido la escuadra española el pasado octubre…” o sea que un paso tan trascendental, se dio basado en un evento impredecible de la naturaleza. Esta desafortunada disposición sí se fue cumpliendo a pesar de los enérgicos reclamos del Almirante Padilla y de algunos de sus valiosos oficiales y fue así, como dice nuestro historiador naval el Capitán Román Bazurto, que nuestra Marina fue hundiéndose en el mar del olvido.
Fueron necesarios largos años e inclusive un grave conflicto internacional para que nuevamente el país tuviera conciencia de la importancia de sus mares y sus ríos y en pocos años creara una Armada organizada y firmemente afianzada en el corazón de los colombianos, navegando con rumbos y metas claras siguiendo la estela de esos valientes marinos de ayer que en pobres y acondicionados buques de madera lucharon por afianzar nuestra libertad.
Los afectos y consecuencias de la Batalla de Maracaibo fueron más allá del éxito del mismo combate y su nombre debemos recordarlo como el momento definitivo en que terminó el poder del conquistador en nuestra naciente república.
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