EL PENSAMIENTO DEL GENERAL FRANCISCO DE PAULA SANTANDER
Por Mayor General JUAN SALCEDO LORA
Presentar a los lectores un resumen del pensamiento de Santander, mezcla de lo militar y lo político, hace necesario adentrarse en la historia del héroe granadino y entresacar de cada gesto lo que lo define, lo que lo identifica, lo que lo hace grande. No es sencillo resumir una hoja de vida tan extensa de este hombre monumental, que privilegiado en la milicia, tuvo igualmente los suficientes y sobrados quilates para acceder a la categoría de legislador y estadista. Por encima de las dos calidades en donde se asoma con majestuosidad su personalidad y la verdadera dimensión y calidades de un ser humano, sencillo, abnegado, paciente, enamorado, poético, colombiano común y corriente pero, enorme y con sobrados méritos para llegar hasta las inalcanzables magnitudes de caudillo militar, estadista, administrador y legislador. Pilar Moreno de Ángel brillantemente lo describe creando independencia desde los llanos orientales: "Ello fue posible porque como ecónomo de guerra desde la retaguardia, Santander levantó ejércitos con sus vituallas, armas y dinero para enviar masivamente a todos los frentes de batalla. Ese hombre egoísta y leguleyo se las sabía arreglar para convertir el caos en disciplina y la miseria en posibilidades; - agregaría yo: liderazgo militar por excelencia- ese hombre gris, creó una Nación de la nada, erigiendo las bases de la democracia y del Estado de Derecho (..) Se imponía en aquel momento una ardua labor ideológica, tendiente a permear los sentimientos realistas, arraigados en las masas por más de tres siglos de dominio. Era necesario imponer nuevas concepciones institucionales y políticas, otras ideas y formas de gobierno, y a esta titánica misión se consagró Santander. Su fin primordial era el de culturizar al pueblo en las bases de civilidad y en el imperio de la democracia, y para ello se valió de la instrucción pública, como medio acertado para integrar una vieja sociedad a una nueva forma de Estado".
Destaca en la personalidad de Santander el afán por la libertad de Colombia, que es la meta más alta y encumbrada que pueda tener un colombiano, pero también sabía que en ese tiempo no había segundas oportunidades, tenía afán por moldear esa masa informe de barro y arcilla arrancada a jirones de la garra española, él sabía más que nadie que ese cuerpo recién liberado no tenía columna vertebral y que el torrente sanguíneo circulaba con dificultad en medio de la esclerosis de las necesidades y la naciente forma de trastabillar político propia de los cuerpecillos una vez terminada la gestación. El cuerpo endeble de la República de Colombia necesitaba de él y él se entregó de lleno a esa causa inmensa colocando las leyes sobre las espadas, la organización del estado sobre los tambores de guerra, la generosa educación sobre la inclemente ignorancia y la disciplina constitucional sobre los amagos dictatoriales.
El 7 de agosto de 1819 cruza al frente de sus hombres el Río Teatinos y produce la hecatombe española, el 10 es aclamado acompañando al Libertador en su entrada triunfal a Santafe y tres días más tarde, asume el cargo administrativo de Gobernar Cundinamarca. Había sido ascendido a General de Brigada y la patria temblorosa de emoción lo requería con urgencia para que administrara su corazón político y por qué no, usara su espada una vez más si fuere necesario como Comandante General de la provincia de Cundinamarca.
No había tiempo para dormir sobre los laureles alcanzados a pulso contra las huestes españolas, reparar heridas y sepultar muertos en vencedores y vencidos, juzgar a los prisioneros de guerra de acuerdo al derecho de gentes, dar los primeros pasos para la organización de los departamentos y entre estos las municipalidades; obtener recursos financieros para adelantar las iniciativas gubernamentales en donde nada había, extender tal necesidad sentida para financiar la guerra hacia los confines de las tierras liberadas en donde aún se hacía fuerte el español odioso. No había espera ni descansos para reponer las fuerzas, aún peligraba la patria parcialmente liberada después de las celebraciones de triunfo: " Granadinos: la suerte y una extraordinaria bondad del jefe de la nación me han colocado en el alto destino de gobernaros. No esperéis grandes cosas de mí. Yo no puedo ofreceros sino un ardiente deseo de conservar vuestro país, y mi cooperación con los libertadores a defenderlo. (.). si cada uno de vosotros no contribuye a sostener la patria de la manera que vuestro estado y vuestras facultades lo exijan de rigurosa obligación, contad con que se repetirán en vuestro país horrores y escenas de sangre más espantosas que las que habéis visto ejecutar".
Les habló el General Santander a los granadinos sin tapujos, franqueza y claridad fueron como siempre su norma de conducta cuando la razón de existir de la nación lo exigió. Sin timidez, con firmeza ante los próceres de la recién ganada independencia, en su tierra natal la Villa del Rosario de Cúcuta, recién habían aprobado la primera Constitución de la República de Colombia - conocida como la Constitución de Cúcuta - pronuncia con solemnidad: La Constitución hará el bien como lo dicta; pero si en su obediencia se encuentra el mal, el mal será" - "Era todo un general de División, que en Cúcuta colocó la espada sobre la mesa y puso un papel sobre la espada: Si las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad. Jamás volverán a decirse palabras más rotundas y claras para explicar lo que nosotros entendemos por una democracia".
Atrás ha quedado para la historia el fusilamiento de Barreiro y 38 compañeros más: enteraría al libertador por carta, iniciándola con la sequedad característica de su genio: "Tengo el honor de avisar a vuestra excelencia que el 11 del corriente he hecho ejecutar públicamente a 39 oficiales del ejército del rey, que estaban prisioneros. Mis sentimientos de humanidad, y los que vuestra excelencia ha manifestado con estos prisioneros, resistían tomar una providencia como ésta; pero la salud de la patria demandaba no atender consideraciones algunas ni escuchar la voz de la generosidad".
De Vicepresidente a Presidente la comunicación no debía dejar ninguna duda, y agregó en la misiva: "veía al mismo tiempo en esos oficiales los verdugos de nuestros pacíficos compatriotas, los desoladores de este precioso territorio, los ejecutores de tantas maldades como se han cometido en la Nueva Granada, consideraba que estos oficiales prisioneros habían degollado aún a nuestros simples soldados prisioneros suyos en Gámeza y que en vuestra excelencia, en mis compañeros y en mí habrían descargado su fiereza si la acción de Boyacá nos hubiera sido funesta".
Gracias al firme pensamiento de Santander hacia el sometimiento de la autoridad a la ley, de la libertad de los ciudadanos, del equilibrio de las letras y las armas, de la justicia proclamada para Colombia en defensa del orden, de la organización, de la administración pública, de la tesis de apoyar la República que nació de la Batalla de Boyacá sobre la hoja blanca de los libros, de su espíritu civilista, y de los cimientos de las instituciones políticas sobre las que reposa la nacionalidad, han llegado hombres de vidas y profesiones variadas: campesinos, negociantes, economistas, ingenieros, periodistas, expedicionarios, internacionalistas, idealistas, gramáticos, sindicalistas y militares y que las leyes fundamentales establecidas por él han sido actualizadas y le han permitido al país el ordenamiento jurídico base de su pensamiento.
Del cumplimiento del deber fue celoso guardián. Fue maestro y buena falta que sigue haciendo su enseñanza. Marcó lo que era el recto proceder cuando decía " A todo funcionario público se le lleva su cuenta de cargo y data por los bienes que haya hecho o dejado de hacer voluntariamente y por los males que ha causado o dejado de evitar con ánimo deliberado". Pero abogaba por una Constitución fuerte, "para que unida a la propagación de la instrucción pública, se pudieran mantener la paz y el orden, para luego gozar de las dulzuras del sistema republicano!", paz y el orden que nunca aparecieron seguramente por las débiles amarras que ataron las nacientes estructuras de Colombia, con pobreza por arrasamientos y guerras, y guerras en sus fronteras norte y sur. La Constitución de Cúcuta de 1821, incluía la prohibición de ser reformada antes de diez años y a pesar de que Santander aún viendo la necesidad de una constitución fuerte, consideró inconveniente desde varios ángulos la implantación de una dictatorial que propuso el Libertador. El Libertador al referirse a la Constitución de Cúcuta la nominaba como "carta usada, despreciada y vilipendiada" y proponía el modelo de Constitución boliviana de tipo dictatorial. De estos conceptos fundamentales encontrados surgiría el infortunio de una enemistad entre los dos grandes colosos que conducen a Santander de la Convención de Ocaña hasta el destierro.
Bolívar y Santander, se habían encontrado en Tocaima después de no verse durante cinco años. No es posible imaginar la capacidad del Vicepresidente atendiendo durante tanto tiempo la convulsionada nación en la ausencia del Libertador Presidente y serle fiel. Si es bien conocida la frase popular de lo malo y pernicioso que son los amores por correo, fácil es imaginarse lo que serían las relaciones políticas y personales de estos dos seres extraordinarios, pero al fin y al cabo, seres humanos.
No creía Santander que se debía usar al constituyente primario y su soberanía para rehacer el pacto social que la Constitución de Cúcuta marcaba y le hace conocer al Libertador su opinión, "no le ocurre a nadie que la soberanía de la nación sea dividida entre el todo y sus partes, y que permanentemente esté el pueblo en ejercicio de ella". La respuesta - y el encono crecía - llegó ya desde Pasto, "Usted dirá que esto no es legítimo; y yo a la verdad no entiendo que delito se cometa en ocurrir a la fuente de las leyes, para que remedie un mal que el del pueblo y que sólo el pueblo conoce",. Respuesta inmediata desde el palacio de gobierno de Bogotá "de lo que se trata es de las fórmulas para hacer cualquier forma (..) no se pueden traspasar las fórmulas porque desde que se traspasan tiene un origen vicioso toda reforma, que debe dar estímulo y fomentar nuevas insurrecciones(..) Las fórmulas en los político son verdaderas garantías de libertad y estabilidad de la nación, como son en lo civil del honor, vida y propiedad del ciudadano".
Su preocupación premonitoria salta a la vista cuando alentaba a los ciudadanos desde un primer momento a contribuir con su voluntad al servicio de la nación "Inútiles serían todos mis esfuerzos a favor del orden, de la paz y del honor de nuestro país, si vosotros no cooperáis al logro de tan inestimables bienes, prestando la más religiosa obediencia a la ley. Ella nos provee igualmente de remedios, así para contener el poder que quiera convertirse en arbitrario, como para reprimir al que pretenda arrogarse derechos que no debe ejercer".
Desde la misma preparación de los decretos para la Convención de Ocaña, el Vicepresidente Santander propuso algunas reformas entre las cuales la más importantes era incluir en él una declaratoria acerca de que, mientras no se resolviera adoptar una nueva Constitución, seguía vigente la de 821, lo anterior con el objetivo muy claro, de evitar la imposición de la Constitución de corte boliviano que traía el Libertado del Sur y que ya había impuesto en el Perú igualmente.
Meses después se sucede el atentado septembrino que deja en una posición difícil al general Santander, principal contendor político e ideológico de Bolívar. Es procesado y enviado a Cartagena al Castillo de Bocachica, donde recibe terribles tratos hasta cuando fuera enviado al extranjero, primero a Venezuela, luego a Europa. Allí, desterrado y proscrito, fue sin embargo, acogido tanto allá como en los Estados Unidos como el "autor de la existencia y la libertad de Colombia" . Tal vez ningún otro compatriota había sido recibido con tantos honores por los personajes más notables de la época. Pero había dejado una impronta propia de su carácter y responsabilidad en los momentos difíciles de la insubordinación de Páez, cuando le escribe al Libertador "Yo soy amigo de las leyes por convencimiento, y las sostendré como ciudadano; soy militar, y debo sostenerlas en calidad de tal; soy magistrado y actualmente el primer magistrado de la República, y mi deber es morir en la demanda sosteniendo el régimen constitucional. Prefiero ser víctima de la rebelión, a que la República y el mundo liberal me tilden de traidor
Quienes incursionamos en la vida de los dos grandes hombres, sin ánimo partidista, debemos ante todo lamentar que lo ganado en las batallas se perdiera en los vericuetos de la política. Nada aprendimos para las generaciones venideras de los peligros que conllevan la politiquería y la exacerbación de los odios en la búsqueda de un poder malsano. En una sola década perdimos a un idolatrado Libertador convertido en una ruina física, vilipendiado, expulsado de su propia patria contemplando con horror que todo lo construido se deshacía ante la impotencia febril de su mirada, perdimos a un Santander desde septiembre del 28 hasta el 32 en momentos cruciales para la salvación de la Colombia que tanto defendiera hasta sucumbir en las mazmorras de la intriga, sacrificamos a un Padilla, a un Córdova y a un Sucre en breves como desastrosas manipulaciones politiqueras. Fue una verdadera década perdida difícilmente recuperable cuando lo que consumieron fueron vidas valiosas de patriotas que con las armas en la mano había entregado todo de sí para buscar una patria que terminaron por no encontrarla como la idealizaron.
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