CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

LA POLÍTICA DE SEGURIDAD DEMOCRÁTICA
¿CONTINUIDAD POSIBLE? 
Por General (r) ALVARO VALENCIA TOVAR 

Tres años cinco meses después de su puesta en marcha, surge en la sociedad colombiana el interrogante vital: ¿es posible su continuidad, cualquiera sea el próximo presidente o ya cumplió su ciclo de vigencia? La cuestión cobra aún mayor interés en la medida en que las campañas electorales toman impulso y la agresividad terrorista de las Farc enciende el debate sobre la efectividad que registra al cabo del cuatrienio que se acerca a su fin.

Diseñada como política de Estado y no simplemente de Gobierno, sus resultados fueron impresionantes en los primeros dos años de aplicación. Así lo han reconocido múltiples encuestas, aún después de un tercer año signado por incremento del terrorismo y la actitud ofensiva de las Farc, que pone en tela de juicio la estrategia de las Fuerzas Militares frente a lo que observadores y comentaristas de prensa señalan como contraofensiva general de una "guerrilla" que se consideró cercana a la derrota.

¿Cuál es la realidad frente a estos dos criterios enfrentados? Para responder con objetividad a este interrogante, deben descartarse los juicios precipitados, carentes de realismo político o influenciados por posturas oposicionistas en una etapa cronológica gobernada por intereses electorales. Lo que en verdad puede resolver el interrogante debe basarse en cinco elementos de análisis: a) Balance de resultados b) Alcance de la ofensiva de las Farc c) Aceptación o rechazo de las mayorías nacionales d) Capacidad de la Fuerza Pública y e) Voluntad política.

El balance de resultados debe hacerse a la luz de lo que era el país en 2002 y lo que es hoy, no sólo en el campo militar sino en la psicología colectiva, la realidad económica, la libertad del tránsito vial y de espacios territoriales como Cundinamarca y la recuperación de la iniciativa militar. A lo cual cabe agregar la posición internacional de Colombia, su Fuerza Pública y la aceptación de su política.

La ofensiva de las Farc no alcanza nivel estratégico global. Si bien es cierto que registra éxitos militares limitados, no lo es menos que su acento se marca en un terrorismo destructivo que le enajena todo respaldo de la opinión pública y descalifica a sus autores aún más ante el mundo. Su ímpetu, frente al del primer semestre de 2002 no admite comparación y territorialmente está reducida a las cuatro zonas fronterizas, vitales para el narcotráfico y el ingreso de pertrechos, y a su gran retaguardia amazónica, duramente golpeada por la Fuerza de Tarea Omega .

Las encuestas repetidas y de múltiples orígenes, hablan por sí solas del respaldo masivo de la opinión pública a la Política de Estado del Presidente.

La capacidad de la Fuerza Pública para sostener la ofensiva estratégica sigue siendo válida. Los reveses sufridos se han compensado con creces con los que se han causado al adversario, no sólo en combate sino en capturas, incautaciones logísticas, deserciones y bajas o apresamientos de cabecillas.

La voluntad política resulta evidente en el actual mandatario hasta la terminación de su período presidencial, o por cuatro años más si resulta reelegido. En caso contrario, no se evidencia hasta el momento el enunciado por parte de alguno de los aspirantes a la Jefatura del Gobierno, de una Política de Estado apta para sustituir a la actual.

No se pretende con estas reflexiones agotar el tema, que en función de espacio editorial se ha constreñido a los órdenes más significativos. Sin duda parece aconsejable efectuar una revisión de fondo a la Política en sí y a la estrategia militar que la acompaña. Casi tres años de prueba y el cúmulo de experiencias obtenidas en su aplicación lo justifican a plenitud, lo cual sería materia para otro escrito complementario del presente. Lo que puede sacarse en conclusión, es que la sostenibilidad de la Política de Seguridad Democrática es real y lo será aún más si se efectúan los ajustes aquí sugeridos.