AUC: DESMOVILIZACIÓN Y REINSERCIÓN
Por Brigadier General (r) ALIRIO ALVARADO HERNÁNDEZ
Con motivo de la desmovilización de las Autodefensas es preciso recordar que, aunque su origen es remoto, sus causas muy variadas y sus ejecutorias motivo de mucha controversia, estas organizaciones tuvieron un período de vida legal el cual se extendió desde los años sesenta hasta bien entrados los ochenta cuando fue derogada la norma y se comenzó, de verdad, a tomar conciencia a nivel nacional de que el Estado debe tener el monopolio de las armas y debe ser garante único de la seguridad ciudadana.
No obstante, el fenómeno no desapareció. Por el contrario, de la mano del narcotráfico resurgió y creció en proporción a la subversión y se extendió también por casi todo el territorio nacional. Este hecho fue presentado como un obstáculo en las conversaciones del Caguán y su desmonte exigido por las Farc como condición indispensable para la reanudación de procesos de paz en el futuro. La comunidad internacional también tomó partido y fue así como condicionó su apoyo a la ruptura de cualquier vínculo de estas organizaciones con la Fuerza Pública.
Reconocido como muy grave y en sus verdaderas y alarmantes proporciones el problema, al que ya se había clasificado como paramilitarismo, afortunadamente se consolidó la voluntad política para hacerle frente y buscar, de una vez por todas, la solución definitiva con el propósito de contribuir al logro de la paz. El primer paso no se hizo esperar, el Congreso promulgó la Ley de Justicia, Paz y Reparación.
Ahora, el camino a recorrer de aquí en adelante no es fácil. Quienes idearon y orquestaron este recurso tal vez no midieron las consecuencias del accionar y especialmente de los desbordamientos de estos grupos armados al margen de la ley, con ciertas tendencias de anarquía y niveles de gobernabilidad poco confiables. Fue así como el propósito de control de área, seguridad y defensa de sus habitantes, pudo haberse cumplido pero no como una tarea principal si se tiene en cuenta que simultáneamente se desarrollaba una campaña de expropiación, apropiación y explotación indebida de bienes de personas que fueron víctimas del desplazamiento forzado o que tuvieron que agachar la cabeza, someterse y aceptarlo. En las principales áreas ocupadas y puestas bajo su control, simultáneamente con el desarrollo de intensivos proyectos ganaderos, se consolidaron fortines políticos de amplia influencia regional y nacional. De igual manera, donde fue posible se promovió un comercio ilegal de combustible del cual obtenían recursos suficientes para sus gastos de funcionamiento. Todo esto distraía buena parte del tiempo al punto que el enfrentamiento con la subversión no iba más allá de la simple escaramuza.
Ahora, cuando en los territorios en disputa se destaparon las cartas del jugoso negocio del narcotráfico la situación se apreció de otra manera. La conclusión pudo haber sido: si mantenemos el enfrentamiento con la guerrilla perdemos unos y otros. Si actuamos en coordinación ganamos todos. Las alianzas fueron una realidad. Es de suponer, entonces, que con las ganancias cuantiosas y las considerables fortunas acumuladas, de cuya tentación por disfrutarlas es difícil escapar, la idea de la desmovilización pudo haber sido más de allá para acá, que el producto de una jugada política de la clase dirigente.
El proceso de desmovilización actualmente en desarrollo es el resultado de un esfuerzo muy bien coordinado de los organismos del Estado, del sector privado e inclusive de la comunidad internacional. Se observa mentalidad de trabajo en equipo, mentalidad que debe mantenerse en lo que falta del proceso y en lo que pueda ocurrir en el futuro. Porque es que no siempre ha sido así. No se justifica, por ejemplo, que cuando las AUC llegaban o aparecían en determinada área y en modus operandi casi de público conocimiento pasaban frente a despachos estatales camino a las zonas de conflicto con presencia de la subversión y unidades de la Fuerza Pública, haya sido a los Comandantes de estas a quienes se les haya sindicado como únicos responsables de la entrada en escena de este otro actor armado. Y menos que delegaciones enviadas posteriormente a verificar los hechos y que pasaron también frente a los despachos de funcionarios públicos, algunos abandonados, fueran directamente ante el Comandante de la Unidad Militar y lo dejaran listo para que le aplicaran 40 años de cárcel. Como no se supo de otras sindicaciones, ni de investigaciones, ni mucho menos de condenas por los mismos hechos, se llegó a pensar que se les endilgaba, también, responsabilidad por la creación, organización, financiación y hasta manejo político lo cual es un absoluto despropósito. Para lograr poner veinte (20.000) mil hombres en armas se requiere muchísimo dinero y el esfuerzo de una gigantesca empresa. Para echarle este muerto encima al Comandante Militar se requiere algo de enfermedad en las mentes, elevados niveles de presión o el satánico método de emplear la justicia como una venganza.