CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

TENIENTE GENERAL ANTONIO NARIÑO Y ÁLVAREZ 
(Abril 9 de 1765 - Diciembre 13 de 1823) 

Por Brigadier General (r) JOSÉ JAIME RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ

Al honrar la memoria del Precursor de nuestra independencia es de justicia reconocer que de sus 58 años cumplidos de existencia fueron pocos aquellos de felicidad y muchos más, en cambio, los de sufrimiento y afrentas por razón de su entrega a la causa libertadora de la patria.

De esa agitada vida suya vale la pena destacar, por ello, que tuvo alcurnia propia en el hogar de sus progenitores: Don Vicente Nariño, oriundo de Santiago de Galicia y "Contador oficial real de las cajas matrices del Nuevo Reino de Granada y contador mayor del Tribunal y Real Audiencia de Cuentas" y la dama santafereña doña Catalina Álvarez del Casal a cuyo amparo le cupo disfrutar los favores y opulencia que dispensa la fortuna para sobresalir por su preparación intelectual, cosechada en la rica biblioteca de su padre dado que los quebrantos de salud que lo afligieron sólo le permitieron atender "las clases de gramática y filosofía en el Real Mayor y Seminario Colegio de San Carlos". También por sus empeños de afortunado "Mercader de la carrera de las Indias" que le permitieron formar, a sus cercanos 20 años, un hogar también de abolengo con doña Magdalena Ortega y Mesa para compartir en familia los halagos de una limpia riqueza y de una destacada posición como "Tesorero de las arcas reales y de los diezmos de la caja sagrada" y como "Regidor Alcalde Mayor Provincial del Ilustre Cabildo", al cual renuncia en noviembre de 1793 por haber importado y puesto al servicio de la comunidad la primera imprenta que tuvo Santa Fe.

A favor de semejantes privilegios pudo dedicarse a sus negocios y al cultivo de su inteligencia. La vida colonial seguía su curso rutinario y América asomaba a las luces de la "Ilustración" como trasunto del Renacimiento Borbónico que, quizá sin quererlo, prendió la chispa revolucionaria en sus colonias de ultramar porque al lado de la apertura cultural patrocinada por el "Despotismo Ilustrado" en esta capital surgieron las famosas "Tertulias" que bajo apariencias literarias y de filosofía discutían en secreto los nuevos giros políticos y sociales que agitaban un nuevo orden en el nuevo mundo. Una de ellas con el pomposo nombre de "El arcano sublime de la filantropía" había sido fundada por Nariño.

Contando ahora con biblioteca actualizada, imprenta propia y tiempo disponible se dedica de lleno a la lectura y al estudio de los grandes temas que difundían los enciclopedistas franceses y en este interés llega a sus manos, por préstamo de su amigo Cayetano Ramírez de Arellano, la "Historie de la Revolution de 1789" en francés, donde encuentra publicados 17 artículos de los "Derechos del hombre y del ciudadano" aprobados por la Asamblea Nacional en agosto y ratificados por Luís XVI, Rey de Francia el 5 de octubre del año citado. Su cuidadosa lectura lo apasionaba por su hondo contenido y ello le lleva a traducirlos y publicarlos en su imprenta de inmediato para buscar su difusión más indicada, sin pensar en los posibles resultados de semejante osadía.

Advertido del peligro que corría por tamaña aventura logra recoger las copias repartidas para incinerarlas con excepción de una que cae en manos del oidor Joaquín Mosquera y Figueroa quien no duda un instante en acusarlo de conspirador y enemigo del Rey para buscar su arresto y apertura de un proceso en su contra por los delitos de: Pasquines sediciosos, intento de sublevación e impresión clandestina de los Derechos del Hombre con fines de turbar el buen orden en estos dominios de su majestad.

No tardarían por ello los castigos reservados para aquellos que fuesen contrarios a la monarquía. Nariño es condenado a 10 años de cárcel y exilio en África; confiscación de todos sus haberes para dejar en ruina su familia y muerte en vida, en fin, ante el incierto porvenir que a todos los suyos esto costaría.

Sin miramiento alguno es conducido a su fatal destino el 30 de octubre de 1795; atrás queda abandonada su familia y él tendrá que vivir bajo la incertidumbre de las cárceles de Cartagena, La Habana y Cádiz a donde llega, luego de penoso viaje, en marzo de 1796 para escapar y regresar secretamente a Santa Fe donde invoca su rehabilitación, que luego perdería con su nueva prisión en Cartagena, ordenada por el Virrey Don Antonio Amar y Borbón.

El grito de independencia el 20 de julio de 1810 y la instalación de la Junta de Gobierno criollo facilitan su libertad y nombramiento como Presidente de Cundinamarca para tomar las armas en defensa de su capital asediadas por los federalistas y comandar la frustrada campaña del sur en 1813 que lo condujo nuevamente a prisión en Pasto donde el Jefe realista Toribio Montes ordena su fusilamiento del cual se libra milagrosamente por la propuesta de canje por sesenta prisioneros realistas bajo igual amenaza enviada desde Popayán la cual, aunque aceptada, no lo libra de las cárceles de Quito y nuevamente la de Cádiz donde permanecerá hasta marzo de 1820 en que cumple 55 años de edad para mostrarse ya como un anciano físicamente destruido y achacoso.

Minada su salud busca su alivio en las Costas del Mediterráneo y de allí se traslada a Francia y a Inglaterra donde encuentra a su dilecto amigo Francisco Antonio Zea en trance de empréstitos para la nueva "República de Colombia" y por sus informaciones logra comunicarse con Bolívar quien lo invita a regresar a la patria lo cual planea de inmediato para encontrarse con él en su cuartel de Achaguas (Venezuela) a finales de marzo de 1821. Llega en momentos en que su experiencia y conocimientos resultan necesarios y por ello Bolívar lo nombra Vicepresidente Provisorio en ejercicio para que instale y presida las sesiones del Congreso Constituyente próximo a reunirse en la Villa del Rosario de Cúcuta, misión que cumple en forma solemne con magistral discurso que provoca encontradas opiniones.

Su presencia inesperada y sus tesis ahora federalistas despiertan recelo y desatan fuertes en su contra que lo llevan a renunciar a su cargo siendo reemplazado de inmediato por el doctor José María Castillo y Rada. Desilusionado y enfermo parte hacía la Capital a donde llega a finales de septiembre.

Su añorada ciudad lo recibe calurosamente y le ofrece apoyo en su antigua propiedad de "Fucha" y en la hacienda "Las Monjas" donde logra recuperación y sosiego. Le esperaría, no obstante, agregar a la pena de su viudez la otra de su hijo Gregorio de quien supo que había hecho pública protesta contra su padre por sus ideas emancipadoras, declarándose fiel realista ante el Pacificador Morillo en 1816.

Elegido senador desde octubre de 1821 se presta para participar en el próximo Congreso, a sesionar en la ciudad a partir de enero. No faltaría, sin embargo, la intriga marrullera en su contra. Dos novatos legisladores en trance de figuración, Vicente Azuero y Diego Fernando Gómez, protestan su elección buscando que sea anulada por los delitos de malversación de fondos cuando fue tesorero de los diezmos de la Caja Sagrada. Cobardía por haberse entregado a los realistas en Pasto en 1814 y falta de residencia exigida por la Constitución vigente. De tan pueriles cargos asume su propia defensa y sale absuelto luego de vibrante intervención en que sepulta en vida a sus acusadores, reivindica su honra y recuenta sus sacrificios por la patria. Los atronadores aplausos que recibe al terminar vivifica su espíritu y alientan una nueva actitud de respeto a su persona. El propio vicepresidente Santander con quien tuviera serias diferencias, le dispensa su consideración y reconocimiento.

Casi ciego impedido de andar, debido a tantos años de prisión y privaciones, continua asistiendo a las sesiones del Congreso hasta cuando no pudo más y lo exigiera su precario estado de salud. Busca por ello un refugio que le permita descansar en paz, lo encuentra en Villa de Leyva en Boyacá donde con plena lucidez y ayuda religiosa rinde su último aliento el 13 de diciembre de 1823 a las cinco de la tarde. Reciben sus restos mortales cristiana sepultura dos días después, en modesta ceremonia que pregona su olvido, como muestra de la injusta ingratitud humana.

Sus cenizas, rescatadas años después por sus parientes, también recorrieron errantes muchos sitios antes de encontrar urna especial para ellas en la Catedral Primada de su ciudad natal.

Hoy, a los 241 años de su natalicio, exaltamos conmovidos su recuerdo y rendimos respetuoso homenaje a su augusta memoria.