CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

GENERAL DE DIVISIÓN JOSÉ MARÍA CÓRDOVA

Por General JESÚS ARMANDO ARIAS CABRALES

En el hogar del alcalde local don Crisanto Córdova, quien regía los destinos del pequeño poblado de Concepción, en la provincia de Antioquia, dio a luz su esposa doña Pascuala Muñoz, el 8 de septiembre de 1799, a su primogénito a quien cristianara con el nombre de José María. En esta casa, donde se vivía bajo la tutela de sólidos principios éticos, de respeto a la autoridad paterna y era tradición acatada la práctica diaria de rigurosas normas religiosas, el niño empieza a recibir las bases de su formación moral y a encontrarse con los rudimentos de las letras. Muy pronto, en busca de más claros horizontes económicos y para mejorar la educación de los niños, la familia se traslada a San Vicente y luego, en 1808, se establece definitivamente en la zona urbana de Rionegro.

Allí, en su terruño, el despierto e inquieto joven, se entera de los sucesos del 20 de Julio de 1810 en Santa Fe de Bogotá, donde la voluntad popular manifiesta tumultuosamente sus anhelos de libertad, iniciándose así el inevitable declinar de las gravosas ataduras políticas, económicas y sociales con las que agobiaba a los criollos la Corona Hispana. El fervor nacionalista que pronto se extiende por el Virreinato y el llamado que convoca a defender los logros conseguidos por las reiteradas expresiones del pueblo se multiplican por todo el territorio granadino. Con el propósito decidido de preservar la independencia, se da comienzo a la tarea de estructurar, educar, instruir y dotar las fuerzas que han de preservar la soberanía en vía de ser conquistada y consolidada; es así como en 1814, en Rionegro, el gobierno de la República de Antioquia encarga al ilustre patriota Coronel Francisco José de Caldas de organizar y poner en funcionamiento una escuela para preparar los cuadros de mando que requiere el incipiente ejército y a ese Curso Militar del Cuerpo de Ingenieros, apenas llegando a los 15 años, se incorpora como cadete José María Córdova, para recibir de tan eximio maestro los fundamentos de su formación en el ejercicio de la carrera de las armas, pero esencialmente para interiorizar las más transparentes lecciones de ética, de virtudes personales y de calidades profesionales.

Las inquietudes que bullen en la mente del adolescente, la exaltación del significado que entraña el servicio a la naciente patria y el concepto promulgado al iniciar las labores académicas del Colegio Militar por el sabio Caldas de que "Nuestra gloria es el testimonio de nuestra propia conciencia" , gestan y fomentan en él sus propósitos de ceñir en sus sienes los laureles de la gloria que sueña cosechar en los campos de batalla.

Bajo el mando del francés Coronel Manuel de Serviez, de quien recibiera vastas y valiosas enseñanzas en el arte de la guerra, y a órdenes directas de José María Cabal, en la acción militar del río Palo se enfrenta a las tropas del Rey y su bravura y decisión en este su primer combate lo distinguen entre sus compañeros; su condición de adolescente no es obstáculo para que en el campo de batalla se haga merecedor a recibir el grado de Teniente. Pero la suerte de la joven república pronto se ve gravemente amenazada y la reconquista española, aprovecha las diferencias, antagonismos, ambiciones y confrontaciones políticas intestinas que dividen a los neogranadinos, para recuperar el imperio y el poderío colonial. El Teniente Córdova, hace parte de los maltrechos restos del ejército independentista que sobreviven a la embestida de las tropas peninsulares y bajo el mando de Serviez y de Santander escapan hacia el oriente y se refugian en la inmensidad de los llanos casanareños, para mantener allí viva la llama titilante de la libertad e intentar reconstituir las diezmadas fuerzas patriotas.

Participa con entusiasmo en la campaña que busca limpiar de la presencia realista a las planicies granadinas y venezolanas; allí, para cimentar sus excepcionales condiciones de guerrero, pese a tan corta edad, para obtener respeto y prestigio, hace gala de su habilidad como jinete y de su valor, ante los avezados y curtidos llaneros. Su concepto de la lealtad y de la forma como debe practicarse tal virtud lo enemista y enfrenta con Páez, a quien culpa del asesinato de su maestro el Coronel Serviez. Por ello se le acusa de revoltoso y es condenado a muerte, pena que a última hora se le perdona por el clamor que elevan ante Páez muchos oficiales, reintegrándose a su Escuadrón 1°. En 1817, se encuentra con Bolívar en San Miguel, participa en la toma de Angostura y gracias a sus demostrados méritos se le asciende a Capitán y se le nombra ayudante de campo de Soublette.

Con comprobadas calidades como soldado, haciendo parte del ejército constituido por Santander en los Llanos, emprende la penosa travesía que cruza las inmensas planicies inundadas y luego acomete el ascenso de la escabrosa cordillera, para pisar amenazante los dominios del Virrey. Como segundo jefe del batallón de Anzoátegui combate ejemplarmente en Pantano de Vargas y en el Puente de Boyacá, contribuyendo a la victoria decisiva de las armas republicanas y significándole el ascenso a Teniente Coronel, a los 19 años de edad. Pero allí no termina su presencia en la gesta emancipadora; el Libertador le encomienda la misión de recuperar y organizar la provincia de Antioquia, labor que asume con celeridad y que le permite exhibir una vez más sus habilidades militares y demostrar también sus dotes administrativas. Luego de derrotar en Chorros Blancos al peninsular Warleta, prosigue su acción de limpieza por los ríos Cauca y Magdalena; su esfuerzo lo lleva triunfante, acompañado de Maza, por Magangué, Mompós, Corozal, Santa Marta y Cartagena, hasta eliminar el último bastión de las tropas españolas en la Nueva Granada, lo cual le trae como reconocimiento el grado de Coronel.

Cumplida la exitosa campaña de la Costa, con el batallón Alto Magdalena se traslada a Panamá, para proteger su declaración de anexión a Colombia, y luego es enviado a Guayaquil y Cuenca, para coadyuvar en el propósito de Bolívar de extender la independencia al sur. Allí se une a Sucre y su presencia se torna decisiva en la batalla de Pichincha. En este escenario su valentía es ingrediente fundamental en la victoria que libera a la provincia de Quito, y su destacada actuación que causa admiración, lo hace acreedor, a los 22 años, a recibir las insignias de General de Brigada. Pero las empecinadas guerrillas partidarias de la Corona Española, son un escollo para el proyecto emancipador de Bolívar, y se encomienda al joven General, reducir esos focos de resistencia en la región de Popayán y Pasto; allí, sorteando las descomunales características del terreno y la soterrada hostilidad de la población se enfrenta a Boves, Agualongo y Merchancano para garantizar la autoridad republicana e integrar estos territorios a Colombia.

Los anhelos ambiciosos de Bolívar, alimentados por el fuego de su visión continental, persisten en extender las bondades de la libertad al Perú. Nombra al General Córdova como Jefe de Estado Mayor de la 2da. División y lo envía al territorio de los Incas. Allí luego de remontar los Andes, en Pasco se pone con sus tropas a órdenes de Sucre y su brillante carrera militar se aproxima al cenit de la gloria. En Ayacucho, "el rincón de los muertos", donde concurren tropas colombianas, venezolanas, ecuatorianas, peruanas y argentinas, en el fragor del combate improvisa la voz de mando "Armas a discreción, de frente, paso de vencedores" y encabeza el ataque que ha de doblegar el nutrido ejército real y poner fin al dominio español; en aquella fecha memorable del 9 de diciembre de 1824, su figura heroica adquiere insuperables dimensiones y a los 24 años es ascendido a General de División.

La situación política que se vive en Colombia, la Grande, perturbada por los insaciables apetitos personales, por los celos en el mando y por el rampante espíritu caudillista, deteriora la marcha del gobierno y esparce un clima de desconfianza, de consejas, de prevenciones y de sospechas. Se hacen más intensos los rumores sobre el deseo de instaurar una monarquía que afiance y perpetúe al Libertador en el poder. Córdova, quien desde su infancia abandonó a su familia para entregarse sin reservas a luchar por la libertad, no concibe haberlo hecho para cambiar de propietario la corona y el cetro desterrados a costa de tantos sacrificios. Con unos pocos e inexpertos hombres organiza en Rionegro el "Ejército de la Libertad", hace pública su inconformidad con ese proyecto y se lanza a la insurrección. Las veteranas y superiores tropas del general O'Leary lo enfrentan en El Santuario. El General Córdova en su orgullo, no se arredra y ante quien le sugiere rendirse manifiesta que "si es imposible vencer, no es imposible morir". Herido de consideración se refugia en una rústica casa, donde indefenso y casi agonizante es ultimado inmisericordemente a sablazos, el 17 de octubre de 1829, por el irlandés Ruperto Hand; tal vez porque ninguna mano colombiana se habría atrevido a profanar la gloria del héroe. Quizás, en esos postreros instantes de su breve existencia, recordaba y cumplía las palabras de su maestro Caldas en Rionegro, cuando en el discurso preliminar enseñaba a los cadetes: " El honor es la primera virtud militar;.es el que haciéndonos olvidar de nosotros mismos, entrega con una generosidad incomprensible la sangre y la vida a la Patria."

El Ejército Nacional adoptó como patrono representativo al General José María Córdova; recogió su animosa y vibrante voz de mando de Ayacucho como lema de la Infantería; premia los méritos de sus más sobresalientes servidores con la medalla que lleva su efigie y su nombre y en un acto de exaltación, al cumplirse el sesquicentenario de su muerte distinguió con su denominación a la Escuela Militar de Cadetes, por decreto del 17 de octubre de 1979, promulgado en el mismo lugar donde fue vilmente asesinado el más representativo de sus soldados. Con ocasión de tal conmemoración el entonces Presidente de la República, se refirió a la oportunidad y conveniencia de honrar a quien, " como el General Córdova, es símbolo de las más aquilatadas virtudes militares y cívicas, como ejemplo digno de imitar por los que allí se consagran al servicio de Colombia ."

El Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro de las Fuerzas Militares, dedica este número de su tradicional boletín ECOS a rendir respetuoso homenaje a la vida, obra y legado del impetuoso, valiente, gallardo, apuesto y joven General, que con el destello luminoso de su espada iluminó los campos de batalla de tantos países, y con su presencia de indiscutido y animoso líder aportó, como el que más, a la causa de la libertad de América.