EL EJÉRCITO COLOMBIANO Y LA NACIÓN
Por el General MANUEL JOSÉ BONETT LOCARNO
Los colombianos en estos días estamos celebrando una efemérides que marcó el inicio de la liberación de América española y al mismo tiempo el comienzo de nuestra vida republicana como nación independiente.
Esta no es otra que el 7 de agosto de 1819, día de la Batalla de Boyacá, que significó la salida definitiva del poder español de nuestro territorio y al mismo tiempo, comienza la historia de nuestra institución militar orientada e inspirada por comandantes de la categoría de Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander y José Maria Córdova entre otros. Estos tres comandantes hicieron del Ejército Libertador una fuerza militar orientada al servicio de la comunidad y al respeto de la Constitución.
Nunca desarrolló la naciente institución ambiciones de conquista sobre territorios vecinos ni intentó socavar la constitución y si algunas veces durante el siglo XIX, participó en episodios de toma del poder, ello se debió a ordenes y a la dirección del poder político del cual dependía. Hay que tener en cuenta que durante esta época no existía el Ejército Nacional como tal porque la política era la que determinaba los objetivos militares y por esta razón los comandantes dependían del liderazgo nacional y regional.
Hoy sigue el ejército apegado al respeto por del orden Constitucional y el Estado de Derecho y solo piensa en darle a nuestra nación los niveles de seguridad que necesita para lograr un mejor desarrollo y niveles de vida superiores. Esta fue la enseñanza de Simón Bolívar, de Santander y Córdova, porque sus metas al comienzo de la campaña libertadora no consistían en la conquista ni en el sometimiento sino en la ilusión de la Liberación.
Mucho es lo que ha hecho el ejército por nuestra nación desde el 7 de agosto de 1819. Ha librado numerosos tipos de guerra, viajado a otros continentes a cumplir misiones en guerra internacional como fue el caso de la guerra de Corea, o a participar con otros países en fuerzas multinacionales de paz.
Ha defendido la integridad y la independencia nacional en dos conflictos con el Perú, donde salió victorioso en las batallas del Portete de Tarqui y en la campaña del sur de 1933 mantuvo la estabilidad y la seguridad nacional en los días aciagos de la violencia partidista y en los últimos cincuenta años no ha descansado en su lucha contra los diferentes grupos terroristas, narcoterroristas, paramilitares, delincuencia organizada, narcotráfico y demás organizaciones armadas ilegales que permanentemente atentan contra la nación, sus recursos y las instituciones.
Que distinta sería la vida del país si no hubiera contado con el ejército nacional, que siempre ha sido el garante de su estabilidad y seguridad. Cuando América Latina se debatía en medio de crueles dictaduras, Colombia siempre disfrutó de su democracia y las libertades públicas nunca se vieron amenazadas por la acción del ejército nacional. Hubo momentos en que en nuestro entorno vecinal, Colombia era la única democracia y por esta razón nuestra institución ha mantenido siempre altos niveles de respeto y buena imagen en la opinión pública.
El ejército es visto en Colombia no solo como la garantía de la seguridad y la estabilidad, también ha sido pionero en la integración nacional, necesaria para la propagación y la conservación de nuestra cultura.
Muchas instituciones del orden político, económico y social se han establecido en regiones remotas y de difícil acceso o con bajos niveles de seguridad, porque el ejército nacional les garantiza las condiciones necesarias para su trabajo. Prestar el servicio militar obligatorio es un acto cultural que le permite al hombre de cualquier estrato social, conocer al país, su territorio, sus costumbres y demás condiciones que integran el ser nacional.
En este último punto, el ejército ha sido un pilar que ha permitido la integración de nuestra nación, no obstante las dificultades de tipo geográfico y social que nos han caracterizado como un país de regiones y que de manera equivocada mantuvo durante muchos años el errado concepto de regionalismo que impidió por largos períodos la verdadera integración nacional.
Dentro de este concepto integrador, sobresale la acción social del ejército, que comenzó con el nombre de Acción Cívica Militar en los años 60 y hoy se conoce como Acción Integral, que se materializó desde el primer momento con la alfabetización, la construcción de obras de desarrollo social como acueductos, carreteras, escuelas, perforación de pozos y muchas otras y también porque la presencia de nuestras tropas en el territorio nacional, crea y mantiene las condiciones necesarias de protección para que nuestra nación pueda desarrollar sus planes y proyectos sin interferencias ni amenazas.
Es tal su influencia en el territorio nacional, que en muchas áreas y situaciones se le identifica con el Estado y la población y las autoridades locales no están tranquilas si no cuentan con la presencia del ejército porque piensan que es la institución que mejor interpreta el concepto de Libertad y Orden, lema de nuestro escudo nacional.
Llegar a este punto no ha sido fácil. Son 187 años de sufrimientos y dificultades donde no han faltado intenciones del liderazgo político nacional y local para utilizar a nuestra institución en beneficio de protervos fines de poder y hegemonía sobre sus comarcas y también sobre la nación. Esto fue muy evidente durante el siglo XIX mientras la república se consolidaba y tomaba la forma que hoy tiene y no fueron pocas las ocasiones en que unidades armadas al mando de esos políticos se alzaron en armas y declararon guerras civiles que contribuyeron a ese estado de desestabilización que vivió Colombia en ese período y que acertadamente ha sido denominado como el período de las guerras civiles.
Pero ese no era todavía el ejército nacional aunque si fue su antecesor, porque sus protagonistas eran héroes y veteranos de la campaña libertadora y por esta razón gozaban de gran prestigio, no solo en sus regiones sino en la nación. No debemos olvidar que Colombia era un país muy dividido y con un regionalismo exagerado. Durante este siglo se experimentaron varias constituciones, diferentes sistemas de gobierno y demás hechos que impedían la estabilidad y el desarrollo institucional.
Toda esa confusión político militar terminó después de la guerra civil denominada de los mil días, con la reforma militar del general Rafael Reyes, quien fundó la Escuela Militar de Cadetes en 1907 y estableció las bases de lo que en adelante sería el ejército nacional. Desde ese momento no ha torcido su trayectoria militar orientada hacia el servicio de la nación. Varias misiones extranjeras vinieron a ayudar en su organización, ideología, instrucción y entrenamientos y a partir de ese momento en 1907 el ejército nacional de Colombia se ha mantenido como una institución modelo en el país, por su alta disciplina, su cohesión y valores que le han permitido contribuir al mantenimiento de las instituciones y de la estabilidad.
Es pues el momento de rendir un homenaje emocionado a nuestro ejército y en especial a los soldados porque transcurridos 187 años de su comienzo victorioso, nunca sus guerreros han sido inferiores al ejemplo y a la ruta trazada por los libertadores. Esos generales gloriosos de la campaña libertadora verían hoy con orgullo que el ejército que ellos crearon, continúa defendiendo a la patria sin apartarse de la ruta que ellos establecieron.