ANTONIO JOSÉ DE SUCRE: GRAN MARISCAL DE AYACUCHO
Por General ALVARO VALENCIA TOVAR
Nacido en Cumaná, Venezuela, de prestante familia el año de 1765, Sucre fue el más colombiano de los generales de Bolívar y su más leal apoyo en la grandiosa concepción de una patria que uniera en destino común a los tres fragmentos del antiguo Virreinato de la Nueva Granada. Su pensamiento penetró en la clarividencia geopolítica del Libertador con una Colombia sin fronteras interiores y a esa efigie consagró su inteligencia y sus empeños como ideal compartido con el genio admirado profundamente por él.
Su hondo sentimiento familiar sufrió en la adolescencia el rigor de la guerra en su patria chica, que le arrebató al padre y al hermano mayor. Sin embargo, su alma noble y generosa jamás cultivó el odio hacia los destructores del hogar paterno, como lo demostraría al otorgar al enemigo vencido garantías y tratamiento humanitario como epílogo de sus grandes victorias.
Sucre fue el cerebro estratégico más brillante que produjo la Guerra de Independencia. A la vez táctico magistral en el planteamiento y conducción de la batalla, lo fue en la misma medida en la maniobra previa al choque final de los ejércitos. Dueño de talento natural, poseyó una visión geográfica del espacio y el valor militar de sus accidentes que le permitieron articular con sagacidad y precisión el movimiento estratégico para llegar a la batalla en el lugar escogido con maestría y alcanzar así el fin propuesto.
Inicia el futuro mariscal su trayectoria militar a los dieciséis años, haciendo sus primeras armas en el ejército de Francisco Miranda de 1811 a 1812. Al caer la Primera República de Venezuela, forma parte de la migración que escapa del rigor vengativo de Domingo Monteverde. Deambula por el Caribe de piratas y aventureros, para terminar en Cartagena de Indias junto con Francisco Bermúdez y un puñado de compatriotas fugitivos de la guerra a muerte. Allí sirve bajo la dirección del ingeniero Lino de Pombo en el mejoramiento defensivo de la ciudad amurallada. Soporta el asedio inclemente de la armada española y la formidable expedición de Don Pablo Morillo, logrando escapar ya al borde del colapso de la fortaleza heroica, a bordo de frágiles barquichuelos con algunos compañeros granadinos y venezolanos entre los cuales se cuenta el coronel Bermúdez, comandante de las defensas en reemplazo del destituido coronel granadino Manuel del Castillo y Rada, infiltrándose a través de la densa cortina naval del sitio.
Reaparece en el oriente venezolano hacia 1817 y participa en las innumerables acciones libradas por su antiguo jefe en Cartagena, Francisco Bermúdez, así como bajo mando de Manuel Piar en la famosa de San Fénix y la toma de Angostura. A buen seguro, de aquel intuitivo de la estrategia que fue el "caudillo de dos colores" como llamaría a Piar su biógrafo Herrera Luque, recibió perdurables lecciones en el arte de la guerra.
Con rapidez ascendió hasta alcanzar el grado de general de brigada. No obstante, sería al servicio del propio Libertador y bajo su sombra como alcanzaría el pináculo de la gloria.
Navegaba en el Orinoco en una pequeña balandra el ya general de brigada Antonio José de Sucre cuando lo divisó el Libertador desde la orilla. Intrigado por el gallardete del barco, se molestó cuando supo que se trataba del general Sucre. Él no había ascendido a ningún general de ese nombre. Lo hizo bajar a tierra y le llamó la atención con cierta aspereza. En la Venezuela de caudillos autónomos no era extraña una promoción para un oficial distinguido, pero Sucre se justificó ofreciendo si era el caso aceptar el grado que el Libertador Presidente tuviera a bien reconocerle. De un momento difícil, resultó la amistad que unió para siempre a los dos grandes hombres.
La capacidad militar de Sucre se hizo evidente en el Plan de Campaña escrito de su puño y letra para liberación definitiva de Venezuela. En esencia, los ejércitos de Urdaneta, Mariño, Bermúdez, Páez y el que operaba bajo órdenes directas de Bolívar, convergerían sobre el área general de San Carlos-Guanare-Valencia-Barquisimeto. Bermúdez desde el oriente amenazaría a Caracas para distraer parte de las fuerzas del mariscal Miguel de la Torre en defensa de la capital. Una segunda finta por el norte al mando del coronel Cruz Carrillo por el eje Trujillo-Barquisimeto, obligaría a una segunda dispersión de La Torre y encubriría el avance de Urdaneta desde Maracaibo, al paso grueso del Ejército bajo mando de Bolívar, con las divisiones de Plaza, Cedeño y Páez, ofendería por el eje San Carlos-Valencia para forzar la batalla campal.
El plan, magistralmente concebido, se ejecutó con notable presición, pero su principal autor intelectual, Sucre, no asistiría a la batalla sobre la meseta de Carabobo, que tendría para Venezuela consecuencias comparables a Boyacá para la Nueva Granada. El destino de Sucre sería la liberación de la Antigua Audiencia de Quito, incorporada a Colombia en el Congreso de Angostura, el 17 de febrero de 1819.
En Pichincha, sobre las faldas del Pichincha al norte de Quito, se libró la batalla decisiva de la independencia ecuatoriana, el 22 de mayo de 1822. En el curso de la maniobra ofensiva desde Guayaquil, se unió a las fuerzas de Sucre el joven coronel José María Córdova, procedente de Colombia con su batallón Bajo Magdalena, disminuido por las adversas circunstancias del viaje. Allí se edificaría una sólida amistad personal y militar, en la que Sucre aportaría el genio estratégico y la pericia táctica y Córdova el ímpetu guerrero, la carga heroica en el instante decisivo de la batalla.
De nuevo brillarían las condiciones de los dos generales en la Campaña Libertadora del Perú. Sucre, Comandante en Jefe del Ejército después de la victoria de Junín, no debería comprometer una acción decisiva sin orden de Bolívar que se hallaba en Lima. La conducción de la maniobra elusiva por Sucre tuvo destellos magistrales hasta cuando recibió libertad absoluta en la dirección de la guerra. Así llegó el 9 de diciembre de 1822, en las faldas del Nido de Cóndores, Condorcunca en la lengua quechua, el choque decisivo en la pampa de Ayacucho. Allí Sucre lució en la brillante concepción táctica de la batalla, con el despliegue de sus seis mil hombres en el sector más angosto de la meseta, sus flancos apoyados en sendos quebradones, con lo cual neutralizó la superioridad de los nueve mil combatientes del virrey y teniente general José de la Serna. Sucre intuyó el desarrollo de la acción y en el instante estelar lanzó la Segunda División a mando de Córdova con sus cuatro batallones en columna, que rompió la línea realista definiendo la última batalla de la independencia americana.
Presidente de la recientemente creada República de Bolivia en el antiguo Alto Perú, sentó los cimientos de la nueva nación como la más grande figura histórica del país bautizado por él en honor al Libertador. Sus días militares no terminaron allí. De regreso a Colombia, lo sorprendió en Guayaquil la invasión peruana emprendida por el mariscal José de La Mar, comandante de la División Peruana bajo su mando en Ayacucho. Nombrado Comandante en Jefe de las fuerzas colombianas, concibió y dirigió la campaña que culminó en la victoria de Portete de Tarqui. Allí lució una vez más, la generosidad y nobleza exhibidas en Pichincha y Ayacucho, al otorgar al vencido condiciones honrosas.
En 1830, cuando la Colombia de Simón Bolívar se acercaba a su fin, presidió el Congreso Admirable convocado por el Libertador. Evidenció allí talento diplomático que condujo a la promulgación de la mejor Constitución Política de la época. No alcanzo a regir. Colombia se deshacía, con Páez adueñado de Venezuela y Flores del Ecuador. En marcha hacia Quito para rehacer su hogar tantas veces disuelto por la guerra, cayó asesinado en la trágica montaña de Berruecos el 4 de junio de 1830.