DIÁLOGO SOBRE HISTORIA RECIENTE, CON EL SEÑOR GENERAL ALBERTO RUÍZ NOVOA.
Por Mayor General (r)
Alberto Guzmán Molina
Accedió a conversar informalmente, en el confortable ambiente de su residencia. “Vivo solo, acompañado de mi mismo”, dijo en respuesta a la pregunta que se le hiciera. Después, la complementa con versos de Antonio Machado: “Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar con Dios un día”.
Libros, condecoraciones, fotografías familiares y de su vida militar y algunas obras de arte, colman su estudio. Sobre la chimenea, un cuadro pintado por su hijo Javier fallecido recientemente en plena juventud, impresiona por lo que significa. Duro e inesperado golpe del destino que alcanzó a doblegar su fuerte carácter.
Teníamos interés en escuchar de su propia voz, episodios conocidos a medias, en los que fue testigo y protagonista. Saber un poco más de las actuaciones de quien hace cuarenta y cuatro años, terminó su carrera siendo el último Ministro de Guerra, con la satisfacción de haber entregado a su sucesor, un país totalmente pacificado.
Del General que por sus ejecutorias al frente del Ministerio de Guerra respaldadas por el Jefe del Estado, encontró el camino de la concordia nacional, para que ambos líderes fueran reconocidos ante la faz del país, como el presidente y el ministro de la paz, empleando palabras del doctor Roberto García Peña director del Tiempo en homenaje llevado a cabo en el Hotel Tequendama.
Deseábamos escuchar sus autorizados conceptos sobre la situación actual, la Política de Seguridad Democrática, el papel que desempeñan las Fuerzas Militares y los factores que afectan su normal accionar.
Cuando se asoma al umbral de los noventa años, sigue siendo dueño de una extraordinaria memoria. Narra con exactitud detalles de su carrera militar iniciada en 1933 a los dieciséis años de edad. Recuerda, cómo el conflicto con el Perú que tomó a Colombia por sorpresa, hizo recapacitar al presidente Olaya Herrera, sobre la necesidad de que el país contara para su defensa, con unas Fuerzas Militares entrenadas y bien dotadas. En efecto, antes de terminar su mandato, ya figuraban entre las mejores de América.
Su formación militar adelantada básicamente en el país, se enriqueció con estudios de Estado Mayor cursados por tres años en la Academia de Guerra de Chile. Más tarde se graduó en Administración de Empresas, especialización que le permitió desempeñarse con propiedad en cargos administrativos en diferentes unidades militares, entre otras las Bases Aéreas de El Guabito, Buenaventura y Palanquero y en la Escuela de Policía General Santander. Años más tarde, sería nombrado Contralor General de la República, alta posición en la que permaneció por espacio de cinco años, habiendo reorganizado totalmente la Entidad.
Retornó a los años de juventud, para hacer un detallado recorrido por las unidades en las que tuvo la oportunidad de prestar sus servicios. Los batallones Bolívar, Pichincha, Córdova, Juananbu, la Brigada con sede en Florencia, la Escuela de Infantería, el Batallón Colombia en Corea, la Jefatura de Estado Mayor y el Comando del Ejército.
En agosto de 1962 fue nombrado Ministro de Guerra.
Su inesperada salida del Ministerio en 1965 sin que mediara motivo aparente que lo justificara y cuando la paz conseguida bajo su dirección estratégica era una realidad, se percibió como una decisión injusta. Al parecer, hubo deslealtad en donde menos se esperaba. Lo acusaban desde la sombra, de querer dar un golpe de estado contra el gobierno legítimo. Ante tamaña acusación que rechaza por falsa e infame, pronunció una diciente frase cuyo autor es el doctor Alfonso López Pumarejo: “En Colombia se cree más en lo que se sospecha que en lo que se ve”.
Le preguntamos por la estrategia que se llevó a cabo para que las Fuerzas Armadas hubieran logrado la pacificación total del país.
Responde:
Sin ninguna duda, fue la aplicación del Plan Lazo elaborado cuando me desempeñaba como Comandante del Ejército y puesto en ejecución siendo ministro. Dicho plan, puede definirse como una estrategia antiguerrillera, que utiliza tácticas similares a las de la guerrilla, pero agregándole algo que en el momento fue novedoso: la acción cívico militar. El ingrediente social que debía acompañar la represión, lo que hoy se le pide con tanta insistencia al presidente Uribe. La acción cívico militar, parte esencial del plan Lazo, no sólo consistía en asistir al campesinado en sus necesidades de salud, vivienda y educación. Se trataba también de atraer a ese campesinado, para que miraran al Ejército como a un amigo y no como a un enemigo, que era lo que estaba sucediendo.
Para utilizar la fuerza, se contó con la decisión política del alto gobierno. Al sentirse debidamente respaldadas, las unidades comprometidas en la lucha se empeñaron en liquidar a los bandoleros que asolaban los departamentos del Tolima, Antiguo Caldas, Boyacá, Norte del Valle y en menor escala Santander. En esa forma desaparecieron las cuadrillas de facinerosos y con ellas sus cabecillas: Desquite, Sangre Negra, Tarzan, Veintiuno, Capitán Venganza, Efraín González, prácticamente todos fueron eliminados. Quedo un pequeño reducto que tras la operación Marquetalia se refugió en el Pato y el Guayabero. Tirofijo acompañado de no más de quince individuos.
Cómo podría explicarse que después de cuarenta y más años el problema no ha tenido solución.
Responde:
Los gobiernos posteriores, no tuvieron la percepción real del peligro que se gestaba y al mismo tiempo, las Fuerzas Militares dejaron de lado la aplicación del Plan Lazo que era como ya se dijo, una estrategia contraguerrillera, única forma en mi concepto de contrarrestar el accionar de la guerrilla.
En 1966, las FARC solo existían nominalmente. Después fueron creciendo en forma descarada, hasta cubrir prácticamente todo el mapa de Colombia, ante la actitud pasiva y complaciente de algunos presidentes que se dejaron engañar con falsas promesas de paz, sin que tuvieran en cuenta, que la doctrina comunista que la guerrilla practica, contempla sin excepción, la aplicación de todas las formas de lucha que incluyen la mentira, el secuestro, las masacres, el asesinato, la calumnia, etc. para llegar el control total del estado, su máxima aspiración.
El señor General Ruiz, amplió sus conceptos, mediante itinerario, documentado y con fechas, para demostrar gráficamente el desbordado crecimiento que han tenido las FARC en el lapso por él especificado.
Con la preocupación manifiesta de un verdadero patriota a quien los problemas del país le interesan por encima de todo y sin demostrar prisa alguna, habló largamente sobre variados aspectos relativos a la seguridad nacional, a las Fuerza Militares y a otros temas de vital interés, que por lo limitado del espacio, es imposible abordar.
Trató el tema del Fuero Militar y de la Justicia Penal Militar, de su razón de ser, de su inspiración y aceptación universal y de la tergiversación que se hace para desacreditarla. De la intromisión indebida, por ser inconstitucional, de la Procuraduría al desconocer el régimen disciplinario de las Fuerzas Militares.
Se refirió especialmente a la unión que debe existir entre los organismos de seguridad del Estado, que aunque cumplen distintas funciones, todas deben estar coordinadas y orientadas hacia el interés nacional.
Hizo una vehemente defensa de la Política de Seguridad Democrática calificándola como excelente. De igual manera, se refirió al actual presidente de la República, doctor Álvaro Uribe Vélez, a quien calificó como un patriota resuelto a devolverle al país la paz y con ella la tranquilidad.
Finalmente, quiso destacar la importancia del Cuerpo de Generales y Almirantes del cual es socio fundador. Presenta a todos sus miembros, un especial saludo con motivo de la celebración de los doce años de su creación.