¡UTILIDAD! PRIMERO QUE FIGURACIÓN
EN EL DÉCIMOSEGUNDO ANIVERSARIO DEL CGA
Por B rigadier General (r) Gabriel Puyana García
Con gratitud y complacencia hemos aceptado la invitación del señor Mayor General Alberto Guzmán Molina, presidente de nuestra Entidad, para escribir unas líneas en nuestro Boletín ECOS con motivo del décimosegundo aniversario de la Corporación, que se cumplirá el próximo 12 de diciembre.
Para quienes desde abril de 1984, hace más de veinte años, planteamos la iniciativa y nos propusimos llevarla a efecto, constituye verdadero orgullo y satisfacción íntima mirar hacia atrás para transitar en el recuerdo por lo que fue su proceso de gestación hasta darle la vida institucional hoy alcanzada y evidenciar los logros obtenidos en su no muy larga trayectoria.
Ojear así sea superficialmente, las publicaciones que han salido a la luz pública, primero en las intituladas “Memorias” tomos I, II y III, así como en los Informes Anuales sobre Defensa y Seguridad Nacional y en los últimos años las importantes obras “Esquilando el Lobo” y “Bajo el fuego de las presiones” en las que fue decisivo el entusiasmo, la consagración, la labor investigativa y la capacidad analítica del señor Brigadier General Adolfo Clavijo Árdila como su gestor principal, ha permitido configurar un valioso material de consulta sobre varios aspectos de la problemática de las Fuerzas Militares en el momento actual, lo cual ayuda a valorar la parte tangible de las múltiples realizaciones de nuestra Entidad que ya se ha dado a conocer con definidos perfiles, infortunadamente sólo sobre sectores muy restringidos de la opinión pública por razones obvias, como es la de no contar con medios de publicidad que faciliten su difusión lo que hace que el alcance de nuestras reflexiones y sugerencias resulte muy limitado en su proyección.
Al celebrar este aniversario debemos en primer término, reiterar nuestro reconocimiento a quienes como máximos dignatarios, ya en su condición de presidentes, vicepresidentes, vocales, revisores fiscales o secretarios ejecutivos durante esta amplia década, lograron dar a nuestra Corporación un reconocido prestigio que en verdad la enaltece.
Justo es entonces recordar el nombre de sus presidentes, no sólo para testimoniarles a ellos nuestra gratitud, sino también a sus equipos de trabajo merecedores de nuestro reconocimiento, bajo la presidencia de los señores Generales Alberto Ruiz Novoa, Alberto Paredes Diago, Almirante Manuel Avendaño Galvis, Brigadier General Adolfo Clavijo Ardila, Mayor General Juan Salcedo Lora y Mayor General Alberto Guzmán Molina.
Por razones de espacio nos limitaremos a hacer sólo unas breves acotaciones que puedan servirnos de reflexión y también de claridad sobre lo que consideramos debe cumplir nuestra Organización.
Nuestra Declaración de Principios al igual que nuestros Estatutos, precisan el por qué de nuestra razón de ser y reflejan nuestra filosofía institucional inspirada en la conciencia de continuar siendo útiles a los altos intereses de la patria y de la institución militar, así ya no pese sobre nuestros hombros ninguna responsabilidad.
En la formulación de nuestros Principios, establecimos como premisa que la profesión militar impone deberes y obligaciones que no prescriben al término del servicio activo y en su numeral dos, se fijó la prioridad que debe orientarnos en nuestro quehacer al expresar que “ La Nación está por encima de todas las contingencias y avatares de su propio acontecer”.
Y los Estatutos en su Artículo 2, definen como “ su objeto principal, el desarrollar acciones en favor de la defensa de la Nación colombiana, de su soberanía e instituciones y velar por que todo lo que concierne a los fines esenciales del Estado”.
Es innegable que quienes nos integramos al CGA desde sus primeros albores, frente a las agudas crisis de los últimos ocho periodos presidenciales, aspirábamos a que esta Entidad se hiciera sentir lo más pronto posible ante la opinión pública nacional; incluso no faltaron quienes peyorativamente hablaran de llegar a convertirnos en una especie de grupo de presión en bien de los intereses nacionales. Al respecto el señor General Alberto Ruiz Novoa, su primer personero, en uno de sus comunicaciones iniciales dirigidas a los socios manifestaba: “ No ignoramos la posición de quienes hubieran deseado que desde el primer día de su creación el Cuerpo hiciera presencia en la vida nacional, ofreciendo opiniones y soluciones sobre diversos aspectos que en forma grave han afectado la vida política social y económica del país y por ende de la institución militar”.
Plausible esta aspiración pero compleja como difícil de lograr ¿y por qué? Simplemente, porque los grupos de presión de cualquier país del mundo, fundamentan su influencia en su poderío económico, ya sean gremios legítimos que han venido dominando la Nación, o en capitales ilícitos con medios criminales como las mafias, o en los votos de las organizaciones políticas y por último en las armas de los grupos ilegales de cualquier tendencia y nosotros los Generales y Almirantes, no disponemos de ninguno de esto recursos. Además de nuestra experiencia y autoridad moral, no completamente reconocida por todo el país que es poco simpatizante de la institución militar, sólo nos quedan las ideas que podamos generar y expresar ante la opinión pública y que podamos difundir masivamente y más, si nos disponemos de medios adecuados para hacerlo efectivamente.
De ahí que ese loable como también ingenuo y discutible propósito, si objetivamente se analiza su factibilidad, ha venido a causar cierto tipo de complejo sobre la efectividad de nuestra Organización y ha motivado que surjan críticas de nuestros compañeros en retiro de diferentes grados, incluso de los propios miembros del Cuerpo, sobre la real eficacia de nuestra Asociación.
Es obvio entender que todos quisiéramos ocupar los primeros planos del protagonismo nacional. Pero aquí es donde surge el dilema. ¿Qué es más importante, ser útiles dando a conocer nuestro sentir, nuestras opiniones e incluso nuestras discrepancias en forma discreta, a quienes tienen la capacidad de influir en las altas esferas del Estado para remediar situaciones, procederes y corregir actitudes que encontramos erróneas o intentar ocupar tribunas públicas no siempre de fácil acceso, para criticar abiertamente como institución esas conductas equivocadas, pudiendo así dar la grave impresión de estar en contra de los estamentos activos de nuestras Fuerzas Militares y del propio gobierno? Dichas conductas pueden asumirse a título personal con la debida entereza, pero no deben, ni tienen por que comprometer al Cuerpo como Institución.
La conocida frase del Padre de la Patria, “ No le profesa amistad verdadera al Gobernante sino quien le dice la verdad y le aconseja el bien ”, ha sido dolorosamente relegada al olvido. Infortunadamente para la patria como para los mismos gobernantes y jefes, actualmente prima un clima de obsecuencia, sin duda por temor a la inseguridad profesional que propicia posiciones claudicantes con el menoscabo del carácter de quienes deben erguirse en defensa de la verdad sin importar los riesgos personales. Un liderzazo político, como el que actualmente se evidencia, con rasgos de prepotencia o de soberbia que se expresa en gestos despectivos, hace que esta situación se generalice y sea haga difícil abordar a quienes corresponde tomar las altas decisiones.
Es aquí, donde nuestra Corporación, en la cabeza de sus directivos puede mostrar su utilidad, sin que importe disminuir o perder su oportunidad de figuración. Don Tomás Rueda Vargas, el más importante como admirado defensor de la Reforma Militar del General Reyes en uno de su inolvidables escritos de la década de los 20, al hablarnos sobre la necesidad de que los oficiales mantuvieran el derecho de expresar sus ideas sobre asuntos públicos, recomendaba que éstas debían ser mantenidas con dignidad, discreción y franqueza y si esta sugerencia la hacia para los pronunciamientos individuales, con mayor razón para quienes deben llevar la vocería de los sentimientos colectivos.
En nuestra opinión, lo importante no es aparecer en declaraciones públicas (casi siempre pagadas, con lo que disminuye su efecto) que realcen nuestra figuración institucional, sino ser útiles con nuestro concurso respetuoso y discreto fundamentado en la verdad y lógicamente sobre la premisa esencial de que existe voluntad e interés de oír nuestras opiniones y ser receptivos a ellas.