CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

OPINIÓN

Por General (r) Fabio Zapata Vargas

Desde el viernes 21 de julio del año en curso, cuando leí con indignación el editorial del periódico el Tiempo titulado “Atajen al juez”, esperaba la oportunidad de referirme a las insidiosas frases utilizadas por el editorialista, en ese desafortunado escrito. En esos momentos se debatía en el país una situación supremamente delicada, por la muerte de diez miembros de la Policía Nacional y un civil durante una operación militar, apresuradamente puesta en duda por el señor Presidente, el Vicepresidente y lo más extraño por el señor Fiscal de la Nación, con epítetos muy graves y comprometedores. Semejantes declaraciones originaron entre los colombianos una profunda consternación que condujo a un gran sector a responsabilizar directamente al Ejército, de los lamentables hechos de Jamundí ocurridos el diez de mayo. La investigación de este desafortunado episodio pasó, de manera equivocada, a conocimiento de la justicia civil por petición directa del alto gobierno, en procura supuestamente de garantizar imparcialidad y mayor justicia, aunque en nuestro concepto, se trató simplemente de un injustificado voto de desconfianza a la Justicia Penal Militar. Durante las siguientes semanas y cuando todos esperábamos que en cuestión de pocos días se conocerían los tenebrosos móviles del caso Jamundí según lo había prometido la Fiscalía General de la Nación, comenzaron a surgir detalles desconocidos sobre el operativo y algunas intimidades de la investigación, que si bien no cambiaban la sindicación inicial, si originaban algunas dudas y permitían reflexionar sobre otras posibilidades. Dentro del diligenciamiento del sonado expediente adelantado inicialmente por la fiscalía, se presentó la necesidad de tramitarlo a un juez especializado, para que lo analizara y decidiera en justicia. El caso pasó entonces al juez cuarto de Cali, quien dentro de sus raciocinios jurídicos, propuso la conveniencia que el expediente regresara a la Justicia Penal Militar por tratarse de una operación típicamente militar. Pero quien dijo miedo. Los directivos del Tiempo en un descabellado arranque, arremetieron contra el juez Oscar Hurtado, por su fundamentado concepto, inclusive llegaron a la insensatez de registrar esta decisión dentro de la “antología de la vergüenzas judiciales que atribulan a este país”. El contenido del editorial “Atajen al juez”,que descalifica absurdamente la decisión del señor juez, no es otra cosa que una irresponsable sindicación al estamento militar de la Nación y una sarta de peligrosas y sutiles aseveraciones que confunden al lector.

Hoy, cuando ya han transcurrido casi seis meses de ocurridos los hechos en Jamundí, todavía no se conocen los resultados de la investigación, contrasta sin duda alguna, con la celeridad de las declaraciones iniciales y aún cuando nadie se atreve a pronunciar alguna conclusión, estamos confiados que cuando se conozca la realidad de lo allí ocurrido, sea el producto de una sana e imparcial investigación y no de los deseos de algunas arrebatadas plumas periodísticas.

Pareciera como si la prensa hablada y escrita de Colombia hubiese perdido su objetividad y solamente se encontrara alerta para juzgar apresuradamente las actividades del gobierno y en especial referentes a los sectores militares. Los supuestos positivos de inteligencia, aun sin asidero investigativo suficiente para sindicar a los miembros del ejército, según palabras del propio Fiscal de la Nación, también encontraron una gran resonancia en las noticias casi amarillistas aparecidas en las últimas semanas en el Tiempo. Quisiera pensar simplemente que se trata de apresuramientos noticiosos, pero los reiterativos ataques a las Fuerzas Militares cada vez que se comete un error , permiten suponer la existencia de un evidente deseo para menoscabar la moral de soldados y policías. Es inevitable comparar el comportamiento de nuestros periodistas con los de algunos países desarrollados cuando se tocan las situaciones militares y en verdad existe una abismal diferencia porque casi sin excepción, todas esas apreciaciones se caracterizan por su objetividad y por la profundidad de los conceptos. Es una lástima que no sigamos esos constructivos ejemplos. Personalmente he tomado la decisión de ni siquiera atisbar los contenidos de algunos editorialistas, porque desde la primera elección del presidente Uribe, no han cesado de repetir las necias y fastidiosas críticas a sus decisiones gubernamentales.

Cordialmente quisiera comunicarle a los dueños del Tiempo que lamentablemente no nos queda otro remedio que acceder a su periódico para conocer los sucesos del país, pero la realidad es que la objetividad y el análisis de los aspectos macros de Colombia han sido reemplazados por la frivolidad y por el afán de las chivas noticiosas y tendenciosas. Es una lástima, pero confiamos que pronto regresen la objetividad, la seriedad y el respeto a las páginas noticiosas del Tiempo y que allí se refleje la realidad de los esfuerzos del gobierno y de las Fuerzas Militares, en la búsqueda del bienestar para todos los Colombianos.