CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

PALABRAS 2006

Intervención del Mayor General Alberto Guzmán Molina durante el almuerzo de compañeros el pasado 2 de diciembre, en el Hotel Tequendama.

Un nuevo aniversario del benemérito Cuerpo de Generales y Almirantes nos convoca a esta  tradicional reunión de compañeros, engalanada hoy con la presencia de la mujer. Esposas, madres, hijas, nietas, delicado enjambre que configura el amable complemento de nuestras vidas, seres que por la fuerza de la sangre se convirtieron en  inseparable vínculo de amor. En el entorno de una profesión que a menudo sorprende con situaciones extremadamente difíciles, su  oportuna compañía aparece para fortalecer nuestro espíritu, para ofrecernos cariño y comprensión. A ellas, dedicamos este significativo encuentro.

El Cuerpo de Generales y Almirantes cumple hoy doce años. Difícil es encontrar una agrupación humana, en la que todos sus miembros han aportado más de treinta años de servicio a la sociedad, prácticamente la totalidad de su vida útil. Pero no es solamente esa singular característica, que conjuga canas y experiencia lo que destaca a los miembros de la Corporación. Es que para llegar al final del complejo pero glorioso camino, se han tenido que superar escollos inherentes a una actividad inspirada en muy elevadas metas, prioritariamente orientadas hacia la protección de intereses nacionales.

Al final de un periplo que lo inicia el subteniente y lo cierra el General o el Almirante, pocos han quedado. Permanecieron quienes fincados en una fuerte vocación, persistieron en alcanzar la meta que se fijaron en las Escuelas Militares, correspondiéndoles posteriormente, a cada uno en su momento histórico, concebir las estrategias para garantizar el orden interno y  para defender la soberanía nacional en tierra, mar y aire. Quiero dejar consignado mi reconocimiento a todos ellos, a los aquí presentes, a los involuntariamente ausentes y a quienes se nos adelantaron en el tránsito a la eternidad, cuya memoria recordamos con respeto.

Considero propicia la ocasión para reflexionar un poco sobre las amenazas a que están sometidos hoy los militares, principalmente los oficiales de alta graduación. A segundo plano han pasado, los riesgos contra la integridad física, consecuencia lógica de una profesión que implica accionar y enfrentar armas letales. El mayor riesgo hoy, quien lo creyera, es político. Obedece a una estrategia contra el estado colombiano generada dentro y fuera del país, en la que los oficiales son presas apetecidas.

Es la conocida guerra política o jurídica, que como la doctrina que las engendra, admite y estimula todas las formas de lucha. La mentira, la calumnia, el desprestigio de las instituciones y de las personas, el ataque aleve que se fragua desde escritorios, sin pensar en el daño que hace, sin tener en cuenta las injusticias que cometen. Porque no es su campo de combate, el militar no está preparado para defenderse de esa perversa estrategia y el Estado tampoco asume su defensa, como debería.

No es simple retórica. En este recinto, nos acompañan Generales que han sido injustamente sindicados y judicializados por el sólo hecho de cumplir con su deber. Después de un largo proceso que les ocasionó perjuicios morales y materiales, fueron absueltos de toda culpa en cada una de las instancias que contempla el sistema jurídico colombiano, simplemente porque eran inocentes, porque nada debían, la evidencia era obvia desde el principio, pero el daño había que causarlo.

Quienes dirigen la guerra política, que entre sus objetivos esta esquilmar al estado colombiano con demandas ante cortes extranjeras, no cejarán en su empeño de alcanzar su mercantil propósito. Insistirán como ya se ha visto hasta lograr el botín, acudiendo a desenterrar casos juzgados para inculpar a quienes defendieron el Estado de Derecho y la supervivencia de Colombia como nación soberana.

A nosotros, nos corresponde, continuar rodeándolos y apoyándolos, ellos deben sentir que no se encuentran solos. Esa es precisamente, una de las funciones que con mayor diligencia, debe cumplir el Cuerpo de Generales y Almirantes.

Continuando los lineamientos de una política establecida desde tiempo atrás, en el sentido de recordar, exaltar y agradecer las ejecutorias de miembros de la Corporación  y de personalidades y entidades de la vida nacional,  hoy hemos tenido el honor de condecorar a distinguidos Generales y Almirantes. También a consagrados servidores y benefactores de la Institución. Me haría muy extenso si tratara de señalar las virtudes y las ejecutorias de cada uno de ellos. Ustedes los conocen perfectamente, porque su obra ha sido fructífera y perdurable y se hace notoria ante los ojos de la Institución y del país. 

Señores Generales y Almirantes: La Condecoración que he tenido el honor de imponerles en el traje de civil, se agrega  a tantas otras a que ustedes se hicieron merecedores  cuando portaban el uniforme del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea. La nuestra tiene connotaciones especiales, podría decirse que es la suma de todas  y además, lleva implícita una invitación para que regresen mentalmente al pasado que vivieron intensamente en el servicio activo, y sin el apremio implacable de  lo urgente, ordenen lentamente sus mentes y recuerden la época en que fueron protagonistas de la historia de Colombia.

Me ha correspondido el honor y el privilegio de imponer la Medalla de nuestra Corporación, a un apóstol y a un ciudadano ejemplar. Monseñor Fabio Suescún Mutis, desde hace varios años cumple la sagrada misión de auxiliar espiritualmente a los integrantes de las Fuerzas Armadas de Colombia con tal celo y dedicación, que no obstante su natural modestia para hacerla imperceptible, los hombres y mujeres de la Institución la destacan y valoran en sumo grado. La presencia de Monseñor se hace evidente en cada una de las Fuerzas, en todos los sitios y en todas las ocasiones en que se requiere oír su voz.

Monseñor Fabio Suescún Mutis:
La Medalla que he tenido el honor de imponerle  en nombre del Cuerpo de Generales y
Almirantes usted lo sabe, no tiene ningún valor material. Es la forma tradicional, sencilla pero profunda en significado, como los militares acostumbramos a dar las gracias y en su caso, si que son merecidas.

El Club Militar de Oficiales cumple medio siglo de haber sido fundado, tiempo durante el cual ha venido apoyando en forma efectiva, los planes de recreación y bienestar para los oficiales de las Fuerzas Armadas. La medalla impuesta a su Estandarte, simboliza el reconocimiento del Cuerpo de Generales y Almirantes a quienes durante cincuenta años, dedicaron sus esfuerzos a  beneficiar a los oficiales y sus familias ofreciéndoles alternativas de descanso en un ambiente confortable, agradable y seguro. Felicitamos efusivamente al señor Brigadier General Ismael Silva Masmela actual director, quien con espíritu innovador, dedicación y esmero, realiza una excelente gestión al frente de la Entidad.

La corporación Gustavo Matamoros D’acosta, nombre que recuerda a un insigne General de la República, viene trabajando desde hace veinte años con gran entusiasmo en una bellísima labor, para algunos poco conocida, no obstante sus significativos  logros. Su altruista misión que transcribo textualmente, se concentra en apoyar a “soldados y policías mutilados en combate y a las viudas y huérfanos de los uniformados que en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, han perdido la vida.”

Para alcanzar tan motivantes y nada fáciles objetivos, se encuentra a la cabeza de la Corporación una muy joven mujer que irradia optimismo en lo que expresa, que ha tomado su noble oficio con verdadera pasión y que ha logrado imprimirle a su gestión, una dinámica de corte gerencial, que está produciendo magníficos resultados.

Doctora Carolina Hoyos Turbay en nombre del Cuerpo de Generales y Almirantes, permítame expresarle las más efusivas felicitaciones, por la extraordinaria labor que en beneficio de servidores de la Nación y sus familias, usted viene realizando con tanto éxito. Su dedicación a tan nobles causas, es digna de encomio, es ejemplo para la juventud colombiana, la dignifica a usted y a su distinguida familia, que como todo el país conoce, ha estado desde tiempo atrás, comprometida con los más necesitados.

Al clausurar las actividades correspondientes al año 2006, me permito agradecer la presencia de distinguidas personalidades en este acto que reviste para nosotros especial trascendencia y  aprovechando que se inician las festividades de fin de año, quiero en nombre del Cuerpo de Generales y Almirantes y en el mío propio, desearles a todos una feliz navidad y un venturoso año nuevo. Que Dios  bendiga sus hogares.