CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

El Cuerpo de Generales y Almirantes lamenta profundamente la reciente partida del señor Mayor General Antonio González Prado. Presentamos la más sentida manifestación de condolencia a su distinguida esposa Inés, a sus hijos y demás familiares y amigos. Rogamos al Todopoderoso por su descanso en  paz.

Transcribimos las palabras pronunciadas por el señor General Nelson Mejía Henao durante la misa en las exequias el pasado 14 de marzo.

Ante la imagen bendita del Sumo Hacedor, en este Sacro Santo recinto tan cercano a nuestros afectos y emblemáticos para nuestra Institución, en nombre del curso Antonia Santos, nos congregamos llenos de fe y de esperanzas, para despedir al compañero y al amigo.

Antonio José González Prado, puede repetir con Ortega y Gasset, que el mejor premio, al partir de la vida terrenal, al cual pudo aspirar por lo significativo y suficiente, es el de poder partir tranquilo.

Toño, nuestro inmejorable Presidente de Curso, viaja a la eternidad cargado de inmensas satisfacciones; su fe en el Altísimo, del cual recibió su luz y su fuerza, le movieron a servir incondicionalmente reflejando su voluntad de entrega a sus compañeros, que unánimemente le reeligieron y ratificaron en el cargo para que continuara imprimiéndole al curso Antonia Santos su dinámica, su alegría, porque él fue inmenso y querido. ¡He ahí nuestro último y mejor homenaje, como un presagio a su postrer adiós!

Su carrera militar, llena de honores y de glorias, de dolores y de pesares, de alegrías y de tristezas, está enmarcada por su excepcional servicio a la patria, a nuestra amada Colombia, luego de haber ejercido el mando y la dirección de Unidades a todos los niveles; ya como Comandante de brigada y de división, como Agregado Militar en España, ya como Jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la República y como Jefe de la Delegación ante la Junta Interamericana de Defensa.

Él siempre altivo y orgulloso, especialmente en circunstancias tan complejas y difíciles, como cuando ejerció el cargo de Procurador Delegado de las Fuerzas Militares y allí, a su lado, Inesita la ejemplar compañera de sus días, Aída, con Toño, Fernando, Germán, Mauricio y Carlitos, conformaron un bello escudo humano, al cual se adicionó Edgar Bahamón, enviado a la familia por mandato divino, para iniciar el regalo inmenso de la creación, con la llegada de sus nietos, que fueron su locura de amor. Es un pesar, que su primer biznieto no viera la luz, antes de que se apagara la de nuestro inmejorable amigo Toñito.

Todos ellos fueron la principal motivación para su vida, todos ellos rodearon al gran Toño de afectos, de consideraciones y reconocimientos. Es la mejor satisfacción, para que el ejemplar amigo, el gran amigo, parta tranquilo.

Nosotros, sus compañeros de antaño y los amigos de hoy, así como nuestras familias, queremos colocar en sus labios, como el último mensaje que él hubiese deseado dejarnos antes de viajar a la eternidad, las siguientes líneas de Jail Gibran: “ No me lloréis, sino entonad la canción de la juventud y de la alegría. No derraméis vuestras lágrimas, mejor cantad las canciones de la cosecha y del lagar. No ahoguéis mi pecho con ayes y suspiros, mejor grabad en el con vuestros dedos, el signo del amor y el estigma de la alegría. No vistáis de negro en señal de luto, mejor vestid de blanco para alegrarnos conmigo. No habléis de mi viaje con pesar, sino cerrad vuestros ojos y me encontrareis entre vosotros, hoy, mañana y siempre…”

Queda Inesita rodeada y protegida por sus adorados hijos; un hogar cubierto de bendiciones y colmado de singular calor humano; porque Aída, la niña de Toño, la reina de papá, la consejera de sus hermanos, la amiga de mamá, continuará impregnando de amor filial y fraternal a la familia, en la cual Toño fincó su fe, sus esperanzas y sus grandes ilusiones.
Es esta la ley inmodificable, de cuyo cumplimiento el Dios de los cielos es el gran testimonio, pero lo es mucho más, cuando como en el caso de Toño, su partida se sucede rodeado de amores y cariños, para quedar dormido para siempre, embriagado de profundos y significativos afectos.

Toño: Que Dios te reciba a su diestra, que el Señor se satisfaga con tu llegada y que en tu tumba reine el silencio, porque allí dormirá un soldado, ¡Descansa en paz, amigo, compañero y hermano!