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CAMBIOS DE GOBIERNO Y RENDICIÓN DE CUENTAS
Por Brigadier General ALIRIO ALVARADO HERNÁNDEZ
A las puertas de un forzoso corte de cuentas con motivo de la finalización del primer año del segundo mandato del doctor Uribe, muy a pesar de lo que, de todo corazón, los colombianos de bien quisiéramos encontrar en el inventario de los logros alcanzados en el accionar operativo en procura de la paz, el rótulo de lo tangencial y lo accesorio, señala la mayor parte de los resultados.
Incontables son, eso sí, los actos de valor de pilotos de helicóptero y de avión; de tripulaciones de la Armada en los mares y en los ríos y de miles de combatientes en tierra. Estos hombres lo han dejado todo en el campo de combate. Han derramado su sangre y, algunos, ofrendado su vida por la patria. Qué bello espectáculo de gloria, de honor e infinita satisfacción por el deber cumplido. Los héroes en Colombia si existen se dice por ahí, y con toda razón.
Pero desafortunadamente, la mayor parte de las acciones de combate, aunque exitosas, no dejan de ser de carácter aislado y de alcance limitado. Es decir, la sumatoria de ellas no arroja como resultado un todo con la suficiente contundencia para variar el curso de los acontecimientos a niveles de la política y de la estrategia, ni para dar un segundo aire esperanzador a la opinión pública que permita obtener, a partir de allí, su verdadero apoyo.
Al momento de hacer esta reflexión faltarán tres años de la era Uribe, de los cuales habrá que descontar, en la práctica, el último en razón al ajetreo electoral y al natural desgaste en siete años de arduo trabajo y por los efectos agotadores de las postreras jornadas con el sol a la espalda.
Y como quiera que no se percibe señal alguna que indique ajustes significativos en la concepción operativa, o que mentalidades nuevas y debidamente oxigenadas traten, a partir de un liderazgo sólido, de aunar esfuerzos y actuar decididamente en la dirección indicada, aprovechando la enorme capacidad instalada disponible, en términos de recursos humanos, equipos y experiencia, es de suponer que los resultados seguirán siendo los mismos y que la productividad operativa del año que termina no tendrá cambios en los dos que están por recorrerse.
¿Qué debería hacerse? ¿O sobre qué aspectos es urgente actuar? Me atrevo a insinuar algunos:
- El Estado colombiano y, en general, las fuerzas vivas del país, no deben engolosinarse ni distraerse más de la cuenta en el manejo del problema del paramilitarismo el cual, aunque verdaderamente grave y complejo, dista mucho de ser el objetivo principal que debe perseguirse en el gran esfuerzo en la lucha por la paz.
- La maquinaria bélica necesita mantenimiento, renovación, ajustes, lubricación. Pero una vez puesta a punto requiere sabiduría en su manejo y acierto y oportunidad en la aplicación de su fortaleza y de su contundencia. En ese sentido los planes están en pleno desarrollo. Necio sería desconocer las bondades de su concepción o de su ejecución. Pero ojo, el enemigo es hábil en el manejo del tiempo y por eso se desenvuelve a la perfección dentro del antiquísimo concepto de la guerra prolongada. Es importante no caer en este juego. A veces se piensa que ya estamos en él y por eso la gente desprevenida asimila la aparente o real pasividad con lejanos episodios de la guerra de posiciones durante el conflicto 1914 – 1918. Y el ocio al igual que entonces, tiene un efecto demoledor en cuanto a la disciplina, la ley y el orden se refiere.
- El fundamento constitucional del Fuero Militar para los miembros de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, está contemplado en el artículo 221 de la Carta. Por eso es que no puede ser restringido ni mucho menos ignorado. Tratar de despojar, de buenas a primeras, de este beneficio a quienes están en permanente situación de alto riesgo, va más allá de la simple falta de consideración.
- En repetidas ocasiones se ha escuchado al primer mandatario dirigiéndose a las tropas en su condición de Comandante en Jefe, en forma vehemente a través de arengas motivantes. Pero para desconcierto de muchos de sus integrantes, este tono no se mantiene más allá de las fronteras. La intervención del señor Presidente ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con una anticipada aceptación de culpa dejó un mal sabor. Algo parecido al escarnio previo al festín de lobos, lo cual es aún más preocupante por cuanto es inminente la entrada en acción de la Corte Penal Internacional, y cuando, precisamente, en el vecindario se está hablando con inusitada fortaleza.
Finalmente llegará el cambio de gobierno. Y tal como van las cosas y si no arreglan las “cargas”, las Farc dirán, pasamos la prueba de este duro chaparrón pero aquí estamos. No hemos ganado la guerra pero tampoco la hemos perdido lo que para ellos equivale a un éxito. El nuevo Presidente, cualquiera que sea, aunque no entre con bandera blanca, si lo hará con la firme determinación de negociar. Por fin se logrará la paz, pero a qué costo. Y cuando se reduzca el aparato militar y parte de sus componentes sean sometidos a un virtual proceso de chatarrización, ya será tarde para lamentar el no haberlos utilizado a su debido tiempo.
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