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SERENIDAD Y BUEN JUICIO EN LA TORMENTA
Brigadier General ALBERTO BRAVO SILVA
La xenofobia informativa, los ligeros análisis y los apresurados juicios, en este episodio único de la historia de violencia del país, en donde un criminal pone en tela de juicio a políticos, altos dignatarios, entidades, empresas, organizaciones e incontables ciudadanos del común, pareciera el sainete más grande del drama colombiano, que cada día asciende en peligrosa espiral sin término y medida, haciendo desbordar todo cálculo de razonabilidad y sindéresis en la información, esa que a torrentes fluye diariamente por todos los medios, impidiendo siquiera medianas posibilidades de asimilar tal carga de denuncias.
Cuando los episodios de violencia y corrupción en la vida de los pueblos, asumen un inusitado protagonismo y tiñen de zozobra el diario vivir de los ciudadanos, es inmensamente dañino para la salud de la patria, el surgimiento y entronización de voces incendiarias, dispuestas a sacar partido de la baraúnda y pelechar para su personal beneficio, asumiendo osadas y peligrosas posiciones de fiscales y jueces, que condenan ipso facto con la sola denuncia, dándole al desbocado malandrín, la credibilidad sólo otorgable al sano juicio de un proceso penal, que dirima bajo la rígida lupa de un sosegado análisis probatorio, la responsabilidad de esa gritada connivencia con las hordas de asesinos y su política de tierra arrasada.
No se requiere entonces en esta carrera de señalamientos, el seguro transcurso de las investigaciones y la valoración serena y desapasionada de las pruebas; interesa más el escándalo, el remover las turbulentas aguas de la injuria y la calumnia, el usar con saña el dedo acusador que destruye sin remedio cualquier asomo de verdad y hace jirones el prestigio de personas y organizaciones, que invierten toda una vida en ganarlo y lo pierden en el instante malsano e irracional del juicio a priori.
En estos momentos aciagos de la República y decisivos para el futuro, estabilidad y credibilidad del país y sus instituciones, nada más recomendable para quienes deben asumir con absoluta responsabilidad el agobiante fardo de denuncias, que adoptar con verticalidad, ecuanimidad y juicio ponderado, el reto histórico de entregarnos la verdad a los colombianos, esa que desprovista de intereses, se aferre a los hechos y a las pruebas, despejando con transparencia las dudas, a fin de cerrar con seguridad y meridiana claridad, esta oscura y grotesca página de nuestra historia.
La manida frase de verdad, justicia y reparación, parece un perdido e incomprendido eslogan de una bien intencionada política de gobierno, pues desde las más altas instancias y esferas de poder, se peca de intemperancia y ligereza en la toma de decisiones, causando ondas y profundas heridas, que no las sana el paso del tiempo y el tardío descubrimiento de la verdad.
A nadie escapa que las responsabilidades son de carácter individual y que la personalización del daño causado por la comisión de un delito, es el único camino que señala la ley y que exige de quienes investidos de autoridad, han hecho el sagrado e inviolable juramento de cumplir sus postulados, tener el talante y la altura moral para ser el indiscutible fiel de la balanza, donde hacer gala a la investidura otorgada por el pueblo, sea una muestra de diaria práctica.
Nada le aporta a nuestra convulsionada vida democrática y al necesario y vital esclarecimiento de los hechos, dar rienda suelta a las especulaciones y hacer verdad incontrastable, una cruda noticia soltada a los cuatro vientos como sonada primicia, en cuya esencia y contenido sólo se advierte la sinrazón del espectáculo y el mediático interés de causar revuelo, caldeando la ligera opinión de los ciudadanos, quienes sin mayores elementos de juicio, asumen posiciones de implacables juzgadores, parodiando a no pocos locuaces togados que provistos de micrófono y cámara, emiten sin piedad la sentencia de condena, imposibilitando de plano la búsqueda de la verdad y el sano beneficio de la duda para el inerme sindicado - condenado.
Sólo el juicio sereno en los momentos de tormenta, permite llegar en forma clara y pausada al esclarecimiento de los hechos y por ende endilgar con altas dosis de certeza, la responsabilidad de autores y partícipes en esa lista ya incontable de ilícitos. “Camina despacio y seguro que estamos de afán murmuraba mi abuelo, al tomar un intrincado y peligroso sendero en una noche de lluvia pertinaz”.
Albertobravo_silva@hotmail.com
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