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LOS DIÁLOGOS CON EL ELN
Mayor General LUIS HERNANDO BARBOSA HERNÁNDEZ - Magíster en Defensa y Seguridad Nacional
Ya han pasado más de tres años, en los cuales Gobierno y ELN iniciaron unos diálogos vagos, inútiles y que no han llegado ni llegarán a ningún final feliz.
Hace más de dos meses, se inició la sexta ronda de conversaciones y aún no se sabe a qué conclusiones llegaron. De igual forma, Gobierno y ELN se reunieron, al parecer en la séptima ronda de conversaciones, en La Habana, entre el 14 y 18 de julio, sin que hasta la fecha, se hayan sacado resultados positivos o conclusiones que permitan dilucidar un mejor futuro en este proceso. La octava ronda de conversaciones terminó sin pena ni gloria el pasado 23 de agosto en el sitio de siempre, y lo que se había pronosticado como algo positivo ya que el ELN por intermedio de Pablo Beltrán había insistido en suspender el secuestro y liberar a los secuestrados que tienen en su poder, nada de esto se acordó. El Gobierno Colombiano como es apenas lógico insistía en la ubicación del grupo insurgente en zonas delimitadas y la identificación de sus integrantes, pero el ELN astuto, sagaz, mentiroso, y aplicando las tácticas maquiavélicas de dilatar sin arriesgar, nuevamente le hace un desplante al país, aduciendo que si se concentran y se identifican sus miembros sería el fin del ELN, como si eso no fuera lo que se está buscando con las rondas de conversaciones, o será que el grupo delincuencial está esperando que al final de las conversaciones el ELN reciba del Gobierno, dinero y recursos para que una vez más resuciten.
De todo este devenir de la política estatal frente a los grupos guerrilleros, parece que se le estuviera haciendo el juego en forma inocente, al axioma de la guerra popular prolongada, entendida como la incorporación de todo el pueblo a la guerra, en la cual se expresa la lucha de masas y ésta impulsa la lucha armada revolucionaria y todas las formas de lucha para resolver la contradicción de clases de nuestra sociedad, es decir, con el pueblo en armas, como la máxima expresión político-militar, organizada de una manera revolucionaria.
Para el ELN, esta premisa tiene especial vigencia y la aplica a cabalidad, puesto que en todos los diálogos pide presencia de todos los organismos del Estado y verificación internacional por parte de países que de alguna forma, ven con buenos ojos su causa subversiva.
Otra premisa de la guerrilla, es cambiar tiempo por espacio, con lo cual, el ELN está en lo suyo, pues dialoga y seguirá dialogando, sin llegar a negociar. Los guerrilleros saben que el periodo del presidente Uribe culmina en tres años y tienen la esperanza igual que las FARC, que en el próximo período presidencial, llegue otro gobierno que les dé un respiro, los saque del debilitamiento armado en que se encuentran y les permita un nuevo fortalecimiento.
Para quienes siguen de cerca el conflicto colombiano, es innegable que la capacidad bélica del ELN está en un punto álgido y que de los seis o siete mil hombres que llegó a tener a finales de la década de los noventa, en la actualidad, sólo puede contar con máximo dos mil, mal dirigidos, mal entrenados, mal armados y poco motivados para proseguir en una lucha cuya causa ya ven perdida. Paralela a esta situación, está la posición de los cabecillas que disfrutan los dineros de 40 años de delincuencia en países que les ofrecen sus territorios en aparentes gestos de buena voluntad.
Para respiro del señor Presidente, los demócratas de USA, representados por P. MgGovern, Ike Skelton, Tom Lantos, y Eliot L. Ángel, han manifestado su apoyo a los diálogos con el ELN, en busca de su desmovilización. Al mismo tiempo, el señor Presidente no sólo reactiva al moribundo Consejo de Paz, sino que ofrece sin exigir algo como contraprestación, que el ELN puede concentrarse en varios sitios del territorio patrio, identificados por una Comisión Internacional, que seguro será escogida por el ELN, y así poder seguir con los diálogos. Amén de otras voces que manifiestan ingenuamente que ahora sí el ELN, quiere la paz, mientras que otros manifiestan su complacencia por la concentración de los elenos en varios sitios y su control o verificación por un sistema de comunicaciones. La realidad de este grupo subversivo, si le cabe ese apelativo, sigue firme en los postulados trazados en el último Pleno, donde se hizo un llamado específico a “incrementar el trabajo político y la construcción y el fortalecimiento de la lucha urbana”.
Vale la pena plantear algunos interrogantes, fruto de lo visto hasta el momento en el desarrollo de las diferentes rondas de conversaciones y el accionar de este grupo:
1. ¿Querrán los elenos acogerse a un proceso de paz, viendo la experiencia con las AUC?
2. ¿Los cabecillas estarían dispuestos a someterse a la justicia, pasando de las comodidades que tienen en el exterior y usufructuando los dineros mal habidos, para ser recluidos en una cárcel en Colombia?
3. ¿Los cabecillas estarían dispuestos a entregar los dineros producto de sus actividades ilícitas, confesar sus crímenes y someterse al escarnio público, a cambio de obtener para Colombia la paz no deseada por ellos?
4. ¿Estarían los elenos dispuestos a perder las prerrogativas que les ofrece el Gobierno mientras permanezcan en diálogos, es decir publicidad, protagonismo, comodidades en Cuba y Venezuela, estatus permanente, roce internacional etc, para someterse a las leyes colombianas?
CONCLUSIONES
El ELN seguirá exigiendo el cumplimiento de lo expuesto en la cuarta ronda de conversaciones, como mecanismo para prolongar los diálogos indefinidamente pues tienen la seguridad de que el Gobierno no está en capacidad de cumplirles.
El ELN seguirá proponiendo diálogos en forma indefinida para cumplir los ya citados principios de guerra prolongada, “cambio de tiempo por espacio”, “empleo de todas las formas de lucha”, dando muestras de buena voluntad, pero sin cumplirlos, como el ofrecimiento del desminado en Samaniego o la abolición del secuestro.
Los cabecillas del ELN son los menos interesados en llegar a unos acuerdos de paz, puesto que perderían todas las prerrogativas que tienen actualmente por parte del Gobierno.
El ELN ya no representa una amenaza para el Estado colombiano debido a su debilidad en la parte armada, su desmoralización, su desintegración y atomización. Si representan una amenaza para la sociedad ya que con actos terroristas o secuestros de personas influyentes, pueden causar desconcierto y dar muestras equivocadas de una capacidad armada que ya no tienen.
De acuerdo con las cifras de bajas, capturas y desmovilización de los últimos años, es previsible que este grupo se esté desmoronando por su propia incapacidad armada, política y organizativa.
De prolongarse indefinidamente los diálogos y mantenerse la capacidad ofensiva de la Fuerza Pública, el Estado terminaría negociando con un grupo de delincuentes que no representan el reducto que queda en la zona rural, como sobrevivientes de la confrontación con las Fuerzas del Estado y la capacidad de absorción de las FARC.
Los avances de la izquierda en América Latina, le quitan peso al discurso de los grupos insurgentes de que al poder sólo se llega por la fuerza y a la conocida frase de Mao Ze Dong “El poder nace del fusil”; además sus exigencias de que les quiten el título bien ganado de terroristas se hace cada día más difícil, en razón a los crímenes de lesa humanidad que cometen.
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