CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

¿HAY ESTRATEGIA MILITAR PARA GANARLE LA GUERRA  A LAS FARC DURANTE LOS PRÓXIMOS TRES AÑOS?

Mayor General HERNANDO ORTÍZ RODRIGUEZ

Anecdóticamente, comienzo por repasar la principal reflexión de Aníbal Barca después de la batalla de Zama. Allí, el general cartaginés se quejaba porque todo lo que había practicado contra los Romanos, lo había aprendido cuidadosamente  el único general que lo pudo derrotar: Escipión llamado el Africano. En efecto, este general romano asimiló con lujo de detalles, las estrategias practicadas por Aníbal y las aplicó en esa vergonzosa batalla para los cartagineses, cuyo corolario según lo comentado por Escipión mismo, fue que con un ejército pequeño y citadino, destruyó uno más grande y que como en las justas deportivas de hoy, jugaba de local. “Error craso de Aníbal, llegar a las puertas de Roma y no entrar”, con lo cual se destaca que no aprovechó y explotó el éxito cuando pudo lo tenía en sus manos. Ahora, Aníbal estaba derrotado.

¡Cómo quisiéramos que en el caso colombiano, no fuésemos aníbales que habiendo llegado a las puertas de Roma, hubiésemos resuelto volver a Cartago! Bueno, al menos en el campo hipotético. La pregunta del título de este artículo, la formulo porque la estrategia militar inicial, puesta en práctica para cumplir la política de seguridad democrática, enfrentó con una guerra de acción decisiva y acelerada resolución, la guerra popular prolongada practicada por dicha banda narcoterrorista, que si bien fue exitosa y su balance muy positivo en el primer período presidencial, requiere fortalecerse para que siga siendo exitosa y pueda minimizar su desgaste normal en cada uno de sus variables y componentes para el resto del tiempo que falta.

Como quiera que para conseguir el éxito, es preciso que la alta estrategia del Estado sea coherente y facilite herramientas a la estrategia militar para cumplir su cometido, lo primero es partir de la voluntad política de los poderes del Estado para defenderse y neutralizar la agresión que sufre aún en el poder ejecutivo, donde la política se siente con mayor intensidad. No obstante, el ambiente enrarecido y la sombra de la narcoparapolitica, la corrupción y los intereses mezquinos, dejan serias dudas en las otras ramas del poder. Si se quiere el éxito, es conveniente que desde las ramas del poder se generen las condiciones de sostenibilidad política y económica; de continuidad para garantizar el cumplimiento de lo planeado, y de  simultaneidad para que las Fuerzas Militares en particular y la Fuerza Pública en general, derroten a las FARC, canalizando y optimizando recursos cuyo resultado sea golpear con contundencia los centros neurálgicos de la guerrilla, al tiempo que se le provea al ciudadano de la seguridad que como colombiano tiene derecho y que obliga al Estado a brindarle y garantizarle incluso, la propiedad privada.

El ajuste de la estrategia militar partiría de una mayor responsabilidad de los comandantes del nivel de comando conjunto y división, para alcanzar objetivos tácticos que soporten el efecto estratégico que buscamos.

En los últimos años, el resultado anual en términos cuantitativos para tomar un ejemplo, da cuenta de la baja o captura de aproximadamente mil terroristas, lo cual significa  que si el cálculo de efectivos de las FARC son ciertos y están por el orden de los nueve mil, requeriríamos de al menos seis años para hacerlos colapsar sin posibilidad de retorno. Por otra parte, y enfrentando las bandas emergentes que por paradoja, son un síntoma del posconflicto, es necesario ejercer una presión militar continuada y firme sobre el ELN, para no permitirle espacio de recuperación en las áreas de cada división.

Estas áreas divisionarias deberán tener prioridades en donde se tenga en cuenta, las tareas del que llamaremos componente de defensa que equivale al pasado componente ofensivo, y del componente de seguridad que sería el defensivo, pero con la responsabilidad, dirección y coordinación del comandante de la división o comando conjunto que canalice los esfuerzos de las diferentes Fuerzas y organismos de seguridad, especialmente en el campo de la inteligencia. Esto permitiría limitar el complejo de protagonismo y de contera, optimizar esfuerzos y recursos que facilitarían la rendición de cuentas y la sostenibilidad del esfuerzo.

El otro punto importante es revisar dentro de las Fuerzas Militares, los sistemas de educación y formación, con una campaña de fortalecimiento de valores y principios, de recuperación de la Justicia Penal Militar y el reglamento del régimen disciplinario, aspectos que aunque están  siendo revisados o modificados por el Ministerio con acierto en lo atinente a conocimiento, reglamentación y metas, no es muy claro en el fondo de la formación y capacitación en las escuelas, donde el espíritu competitivo individual obsoleto, debe ser reemplazado por otro que conduzca al trabajo en equipo, a la cooperación y que fortalezca el don de mando y el liderazgo desde los más bajos niveles tácticos hasta los más altos niveles  estratégicos.

La alta estrategia orientada por el Gobierno Nacional hacia las Fuerzas Militares debe asumir el liderazgo con seriedad y vigor para que acompañadas por la acción de las otras ramas del Estado en general y los otros componentes del ejecutivo en particular, consoliden la victoria militar y allanen el camino que concluya en una negociación seria y favorable para la sociedad. Para que mañana como Aníbal, no queden arrepentimientos de no haber aprovechado la oportunidad de reconquistar al País, estando a las puertas de la victoria.