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EL UNIFORME ÉTICO DEL MILITAR
Mayor General EDUARDO HERRERA BERBEL
Decano Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad
Universidad Militar Nueva Granada
Hoy como nunca antes, los miembros de las Fuerzas Militares enfrentan amenazas que no se presentan con la cara por demás conocida, del enemigo violento que arremete contra la democracia y el pueblo colombiano con acciones terroristas y violaciones humanitarias.
Hoy nuestros soldados deben librar combates más difíciles que las batallas que diariamente ejecutan en un campo de combate irregular, de por sí impredecible, donde la cotidianidad oscila entre el adecuado manejo de las discontinuidades y la imprevisibilidad como factores de éxito, y la efectividad operacional está a la orden del día, frente a la demanda de seguridad que se le exigen a las Fuerzas Militares como parte de su misión constitucional.
Hoy los combates no terminan cuando se vence al enemigo terrorista o criminal de carne y hueso, y nuestros soldados dan su parte de victoria henchidos de gloria y compromiso patrio, con la firme convicción del deber cumplido. Hay combates más difíciles que librar en un campo de combate brumoso, desconocido y corrupto, contra un enemigo que aunque no atenta contra la integridad física, lo hace con amenazas que ofrecen dichas sin fundamento, honores vacíos y éxitos efímeros. Éstas son las amenazas contra la integridad ética.
Hoy necesitamos valores y principios morales en los soldados de la Patria; que esos valores no sean lemas de papel, sino impulsos de acción, que se conviertan en brújulas internas que indiquen el camino correcto del militar íntegro, la defensa de la dignidad humana y el respeto por la Constitución y las leyes que nos rigen.
Hoy requerimos de unas Fuerzas Militares conscientes de que la posibilidad de victoria contra los violentos, depende de una ineludible formación y práctica ética, y al mismo tiempo, que la derrota en el campo de combate de la guerra irregular, no vendrá de la superioridad bélica de la agresión terrorista, sino que podría darse, por la debilidad ética de sus miembros ante la amenaza del poder corruptor del dinero.
Hoy más que nunca, necesitamos de un uniforme ético, en parangón con el uniforme militar que tradicionalmente portamos los miembros de las Fuerzas Militares como traje distintivo que se lleva con dignidad, orgullo y pulcritud. Quien lo porta, se identifica con la fuerza institucional a la cual pertenece y en cierta forma lleva, la misma institución consigo.
Hoy necesitamos que nuestros soldados porten también, el uniforme ético, compuesto por los valores que deben distinguir los miembros de las Fuerzas Militares. Este uniforme ético identifica la forma de actuar del militar: gallarda, pulcra y respetuosa.
Hoy los componentes fundamentales del uniforme ético son: el respeto a la ley, a las personas y a las armas de la República. Las armas y la estrategia del combate ético son, la verdad y la justicia; sus mayores enemigos, la ambición de poder, el dinero y los honores pasajeros.
Hoy el militar íntegro sabe que debe cumplir y hacer cumplir la ley; que no está exento de su acatamiento ni encima de ella, sino obligado a obedecerla y defenderla. Ser ejemplo de honestidad y transparencia en todas sus actuaciones y toma de decisiones.
Hoy el militar respeta y protege la dignidad de las personas y presta un servicio incondicional a la comunidad, aún por encima de sus intereses personales y a costa de su propia vida. Su mayor contribución debe ser coadyuvar en el logro de la paz, la tranquilidad ciudadana, el bienestar general del pueblo y la defensa de la nación. Debe practicar la verdad y tratar con justicia a sus semejantes; reconocer sus errores, erradicar la mentira en su conducta y preservar su capital ético como fuente de credibilidad y legitimidad institucional. Recordar que la injusticia quebranta la armonía y hace perder el respeto de los subalternos y la población civil. Actuar por los intereses comunes, colaborar en la construcción de un entorno social amable y dinámico, e impulsar un ambiente de seguridad y confianza.
Hoy las Fuerzas Militares sufren fuertes embates contra su integridad ética. Unos pocos de sus miembros, parece que han violado el código de honor y han cedido a intereses torcidos. Estas circunstancias no son ajenas a la realidad que viven ciertos sectores de la sociedad colombiana, debido al flagelo de la corrupción. Enérgicos cuestionamientos se hacen sobre algunas actuaciones individuales equivocadas, permeabilidad del narcotráfico y otros hechos delictivos que demuestran la necesidad de fortalecer los valores mediante un uniforme ético que refuerce la legitimidad institucional de las Fuerzas Militares y derrote al enemigo oculto contra la integridad ética.
Hoy proponemos el uniforme ético como una concepción construida por varias personas1 muy cercanas a las Fuerzas Militares. El uniforme ético, implica compromiso, corazón y mente en un proceso de transformación efectivo. El soldado debe tener impreso en su alma, un estilo de vida que lo distinga y le permita responder al reto de ser defensor de la vida, honra y bienes de sus semejantes, del orden constitucional y de la integridad territorial.
Hoy como nunca antes, necesitamos una conducción militar basada en principios, una colaboración manifiesta e irrestricta con los operadores de justicia, para que se aplique con oportunidad y severidad, contra quienes han cedido sus principios frente al poder corruptor del dinero y los honores vanos. Esperamos también, que el Alto Mando Militar defienda con ahínco y firmeza, el legado histórico de unas Fuerzas Militares que han acompañado con compromiso y respeto el desarrollo republicano de la Nación.
1Entre otros: Manuel Losada Sierra, MG Luís Barbosa Hernández y consultores de Heral Asociados S en C
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