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EL JUEGO DE GUERRA GUAICAIPURO YA ESTÁ EN FASE OPERATIVA
COLOMBIA EN LA ESTRATEGIA DE CHAVEZ
Por General Néstor Ramírez Mejía
No se puede confundir una pataleta con una guerra. Escribió hace pocas semanas el analista Alfredo Rancel, en una de sus columnas de opinión en el diario El Tiempo, de Bogotá. Se refería a lo que llamaba exagerado alarmismo y alucinados comentarios que hablan de una guerra inminente, a raíz de los desafíos verbales de Hugo Chávez a Álvaro Uribe.
Podría pensarse que tiene razón sobre todo si los únicos elementos de juicio que se poseen son los de la personalidad del gobernante venezolano y en este caso nadie más apropiado para definirla que el veterano dirigente de izquierda Luís Michelena, quien lo tuvo de inquilino en su propio hogar durante 5 años. Su mentor político y quien lo conduce al poder, según Andrés Oppenheimer en su libro Cuentos Chinos, lo describe: intelectualmente limitado, impulsivo, temperamental, rodeado de obsecuentes, increíblemente desordenado en todos los aspectos de la vida, impuntual, absolutamente negado para las finanzas, amante del lujo y sobre todas las cosas errático. Agrega Michelena en su criterio de primera fuente y vivencia sobre Chávez, que el mandatario venezolano nunca había tenido una ideología muy definida, porque era un hombre fundamentalmente indisciplinado. En esta guía de la personalidad de Hugo Chávez, señala el prestigioso orientador sindical, que ha superado los ochenta años de edad, la siguiente perla: La admiración que le profesa a Fidel Castro está limitada exclusivamente al éxito personal y a la voluntad de perpetuarse en el poder, lo que dice mucho de sus propias metas e intereses.
No obstante, resultaría peligroso ignorar otros elementos de juicio del presidente Chávez, diferentes al impacto que sobre un ego narcisita herido, y la huella que puede dejar en ese ego la abrupta interrupción como mediador en el mal interpretado intercambio humanitario en Colombia, ocurrido a fines de diciembre del año pasado y los primeros días de 2008.
NUEVO TERRITORIO VENEZOLANO
El Hugo Chávez que incita y provoca para un conflicto de alcances impredecibles, es el que influye en la redacción de artículos de la Constitución bolivariana de 1999, con propósitos expansionistas y violatorios del derecho internacional, que luego se verá obligado a cumplir.
Dice así el artículo 10 de la Carta Magna venezolana: El territorio y demás espacios geográficos de la República de Venezuela, son los que correspondían a Venezuela antes de la transformación política iniciada con su independencia, con las modificaciones resultantes de los tratados y laudos arbítrales no viciados de nulidad.
Los laudos y tratados con Colombia, que Venezuela ha declarado como inconvenientes al alto interés nacional e írritos y dolosos se encuentran en un novedoso método del derecho internacional: el simple anuncio del rechazo y la amenaza de fuerza consecuente, en un juego de guerra, publicado por internet, en violación abierta del principio Pacta Sunt Servanda (Los tratados deben ser cumplidos). Esos acuerdos vigentes que Venezuela de manera implícita rechaza, son:
1. El Laudo arbitral de 1891
2. El Laudo Suizo de 1922
3. El Tratado de 1941
Por su parte, el artículo 14 determina el respaldo de la República de Venezuela a los pueblos que se declaren venezolanos por voluntad propia. Es fácil advertir que el exitoso Plan Identidad, que busca ganar para Caracas a la población Wayuu, a cada lado de la frontera que comparte con Colombia en La Guajira, es parte concreta de la vocación expansionista demostrada por la administración cívico militar de Caracas. Es evidente que el mencionado Plan debió idearse hacer aceptable, factible y conducente dicho artículo constitucional.
BOGOTÁ: OBJETIVO ESTRATÉGICO
Por fortuna, la incontinencia verbal del caudillo venezolano y su actuación desbordada, hacen públicos los planes que deberían clasificarse como ultrasecretos, anunciando por efecto mediático, otra razón de alarma. Por el propio discurso del presidente Chávez se
conoce de su empeño en la construcción de una patria latinoamericana socialista y antiimperialista y de la estrategia para lograrlo.
En discurso pronunciado el 12 de noviembre de 2004, según cuenta el ex ministro de Defensa venezolano Manuel Ochoa Antich, el Jefe de Estado expreso: Existe otro eje, Bogotá, Quito, Lima, La Paz, Santiago de Chile, que es un eje dominado por el Pentágono, el eje monroísta, el cual se habría constituido en un obstáculo para conformar la unidad suramericana imaginada por Chávez. En este punto, resulta claro que Colombia le impide la continuidad ideológica y geográfica con Centroamérica y el sur del Continente.
El Chávez que preocupa no es el de la palabra encendida y la amenaza de micrófono, sino el otro, el que elabora planes estratégicos, con determinismo ideológico de largo plazo y diseña o sugiere elaborar un juego de guerra como el llamado Guaicaipuro, estructurado y publicado por el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional, dependiente del Ministerio respectivo de Venezuela y difundido por internet el 1 de febrero de 2007.
JUEGO DE GUERRA GUICAIPURO
El Consejo de la Defensa Nacional del vecino país recomienda, en el mencionado juego Guaicaipuro, activar y ejecutar planes militares de inmediato para un ataque preventivo teniendo como resultados operacionales la ocupación de toda la península de la Guajira y parte considerable de otras áreas estratégicas al sur del Teatro de Operaciones. Mientras que para el ámbito interno colombiano la concepción del Juego prevé a las FARC como grupo beligerante, reconocido por Venezuela y formando un gobierno paralelo y solidario con Caracas.
La publicación hecha en la Red mundial sobre este Juego de guerra tiene como encabezado el título “La Tercera Guerra Mundial”. Esto hace suponer que el conflicto con Colombia sólo es parte de una conflagración mayor. En uno de sus apartes, ya en proceso de prevista maniobra militar, el documento señala: en el día D+3, la ONU emite una resolución instando a Venezuela a retirarse de los territorios conquistados; y a formar una fuerza combinada con otros países encabezados por EEUU para dar cumplimiento a la resolución de la ONU.
El Chávez que ha ido radicalizándose con el paso del tiempo alrededor de un proyecto seudo revolucionario, el cual al menos en principio le produce titulares de prensa y alimenta su ego, en el fondo se ancla sobre una suerte de hipnótica expectativa por un desenlace en las tensiones históricas entre ambos países, con énfasis en la Guajira. Muchas son las fuentes que desde su círculo íntimo han emitido alarmas en tal sentido.
En la actualidad aquello que fue una obsesión puntual parece haberse ampliado al proyecto extenso cuyo nombre evoca la misión continental del principal prócer latinoamericano: Simón Bolívar. Un compromiso eventual de Nicaragua frente al territorio insular colombiano y la tensión en la frontera con Ecuador, ponen a Bogotá no ya ante un eventual conflicto de limites sectorial con Caracas, sino que enfrentaría a Colombia a la hostilidad de una enunciada Patria Latinoamérica, alrededor de sus principales fronteras marítimas y terrestres.
El proyecto de construcción de un estado confederado no es nuevo, ya en 1901 se produjo una invasión fallida a la Guajira y el Arauca colombianos, por parte de tropas venezolanas. En ese momento se hizo también con el fin de volver realidad el sueño de Bolívar. Los Presidente Cipriano Castro de Venezuela, José Santos Zelaya de Nicaragua, Leonidas Plazas de Ecuador y el político y general colombiano Rafael Uribe Uribe, manejaron los hilos federacionistas.
La delirante iniciativa hoy estaría muy lejos del sueño de Bolívar y más cerca de la instauración en Latinoamérica una dictadura castrista con sello narcisista.
El juego Guaicaipuro realizado en su inicio con fines académicos ya ha tomado forma de plan operativo y pone al descubierto alianzas políticas y militares, en unos casos por intereses ideológicos y, en otros, geopolíticos.
ACCIONES Y PROVOCACIONES
Los mensajes al respecto apuntan en esa dirección: El convenio del 16 de julio de 2007 entre la Estatal Petrolera venezolana y Nicaragua para la exploración y explotación en aguas que han sido históricamente colombianas reforzada por la hipotética presencia disuasiva de nueve submarinos y el ofrecimiento de quince aviones de combate y pertrechos bélicos, estos últimos de los cuales se ufana agresivamente el presidente Daniel Ortega en medios de comunicación, así como la estadía de Chávez en Managua el día del aniversario de la Independencia de Colombia, durante la parada militar realizada en San Andrés como acto de reafirmación de soberanía, son ilustrativos al respecto.
Las misiones con pretensiones invasivas, el aporte de recursos con fines políticos y en otros casos con fines subversivos, no diferentes a los de moda en otras latitudes, van acompañados con lenguaje agresivo y amenazas.
Sobre las capacidades no existe duda, pues Venezuela es el quinto exportador de petróleo del mundo y se encuentra en proceso la adquisición de 24 aviones Sukhoi en lugar de los 50 Mig 29, que se había planteado adquirir en una etapa inicial del rearme. Una compra prevista de 75 aviones brasileños, quedó marginada por tener eso aparatos componentes tecnológicos de los Estados Unidos. Para la marina ordenó la adquisición de 9 submarinos clase kilo propulsión Diesel- con capacidad misilística de 270 kilómetros de alcance.
El arsenal se amplió a 10 helicópteros rusos MI de ataque y baterías de lanzamiento múltiple con alcance medio, capaces de afectar poblaciones colombianas cercanas a la frontera como Maicao y Riohacha.
Pero esa dotación de equipo de vuelo con ala móvil debe ampliarse a otros 10 que llegarán en un futuro próximo. El conjunto señala una capacidad bélica, tanto ofensiva como defensiva, sin parangón en América Latina. En estas condiciones, incluso el Brasil queda en relativa asimetría de poder de fuego frente a su vecino. Más significativo aun es el proyecto de adquirir lanchas de desembarco, denotando una obvia actitud ofensiva.
El Chávez inofensivo, que muchos analistas quieren ver, dista del que viene desarrollando operaciones militares típicas de un plan de campaña, como la movilización, la concentración y el despliegue estratégico que anteceden a la maniobra y a la consolidación. Ya se han dado las tres primeras operaciones, entre fines de enero y comienzos de febrero de 2008, en gran parte con el pretexto de participar en el control del contrabando en la frontera. Llama la atención la concentración y despliegue de tanques desplazándose hacia Cúcuta y Paraguachón, amen de otro equipo importante desplegado para la guerra y no para contención de civiles inconformes por el desabastecimiento.
Las anteriores circunstancias están conduciendo a la conflagración directa, quizás convencido Chávez de que la tradición colombiana a la solución pacífica de las controversias, la falta de recursos bélicos, su problema interno le obstaculizan el espacio de maniobra frente a un desafió bélico. El resto del mundo tampoco podrá estar tranquilo dado el peso pesado de los actores convocados. Hasta el momento los aliados de la agresión prevista a su vecino, Colombia, no protestan por su abusiva inclusión en el plan bélico, o al menos por el manejo inadecuado de la contrainteligencia. Ni China, ni Rusia, ni Irán, Cuba, Nicaragua, Ecuador o Bolivia se han pronunciado al respecto. Ese conjunto es el escenario universal de una hipotética tercera guerra.
Si bien Venezuela no tiene en este momento la capacidad bélica ofensiva que sí ha previsto para un futuro próximo, al menos está en condiciones de hacer un ataque preventivo sobre La Guajira y erosionar por la vía diplomática y el juego internacional con sus aliados, tal como lo está ejecutando a través de Nicaragua. Por otro lado, en su viaje hasta el momento sin retorno, hacia una dictadura, utiliza el recurso del enemigo externo para tratar de cohesionar un maltrecho frente interno que se fractura, por el camino del desabastecimiento y las políticas erráticas que, en todo caso, muestran un marcado desprecio hacia quienes no comparten el ideario del presidente de la república bolivariana. Así, los riesgos se presentan en lo inmediato y también hacia el futuro distante.
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