CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

ESENCIA DEL CONFLICTO COLOMBO VENEZOLANO

Por General Álvaro Valencia Tovar

El núcleo central de donde emanan los diversos problemas que vienen distanciando los gobiernos de Colombia y Venezuela, está constituido por la doctrina o proyecto político bolivariano del Presidente Hugo Chávez Frías y su etérea concepción del Socialismo del Siglo XXI, al cual él le ha imprimido una dinámica expansiva que encuentra en Colombia el primer obstáculo para la realización de su propósito geopolítico.

El punto explosivo de la discordia se localiza en la que fuera insurgencia ideológica colombiana, reducida hoya bandas delincuenciales que utilizan el terrorismo como instrumento de lucha y las colosales finanzas del narcotráfico para sostener la guerra prolongada que lleva medio siglo de existencia. Es innegable la proximidad entre los movimientos Farc y Eln y el caudillo venezolano que halla en estas agrupaciones un medio de desestabilizar el Estado colombiano constituido por su propia naturaleza en valladar para el desarrollo de sus ambiciones de encabezar algún día una hegemonía latinoamericana.

Los acontecimientos que precipitaron la crisis son la cristalización de estos factores gobernantes. El diferendo por la delimitación de posesiones marinas y submarinas pasó a segundo plano por el poder integracionista de la economía, bajo el impulso incontenible del intercambio comercial, de tal suerte que en el momento actual de las averiadas relaciones bilaterales no ha tenido presencia notoria, si bien sus energías subyacentes no dejan de alentar en el subfondo, amenazando con resurgir como efecto del malhadado enfrentamiento.

Así las cosas, el esfuerzo humanitario por la liberación de los secuestrados por las Farc vino a ser la chispa de ignición de una ruptura que contraría las fuerzas del mercado, con daño muy serio a los dos países. Venezuela, segundo socio comercial de Colombia, finca su economía y a la vez su política internacional en su riqueza petrolera. El oro negro comunica al protagonista primario de la confrontación una soberbia sin límites, que lo hace olvidar los intereses compartidos, como si Colombia hubiese de ser el único perdedor en el caso de que un agravamiento de la crisis actual genere una ruptura total. El desabastecimiento de víveres y artículos de primera necesidad, producido por el deterioro del comercio bilateral, está golpeando duramente al pueblo venezolano, sin que la sustitución de las importaciones de Colombia pueda hallar pronta realidad. Reestructurar una relación comercial con base en nuevas fuentes de importación toma tiempo. El mismo que ha demandado el incremento acelerado del intercambio con Colombia, pero la necesidad no parece dar espera.

La ruidosa demanda de Chávez por un reconocimiento internacional de beligerancia para las fuerzas que desafían al Estado colombiano y a su sistema demográfico, al no encontrar eco, vino a producir el efecto contrario. El carácter terrorista de esas organizaciones se fortaleció con el hábil manejo diplomático que el Presidente dio al tema, rubricado con su exitosa visita a Europa. El revés inocultable que ello significa para Chávez, puede hallar como respuesta una acción unilateral para que el Estado venezolano reconozca la pretendida beligerancia de facto; y aún sin una declaración abierta extienda a los movimientos en armas toda suerte de apoyos. Para el caudillo dueño de un poder poco menos que a absoluto en su país, poco parece importar la opinión internacional menos aún el disentimiento interno.

Lo grave, no obstante, es que la erosión que viene sufriendo el apoyo, que el caudillo siempre ha dado por hecho, puede llegar a un punto en el cual, siguiendo una constante histórica de muchas dictaduras, latinoamericanas y de otras latitudes, induzca a una aventura bélica que reviva la decadente popularidad por la exaltación de un patrioterismo propenso a la exitación pasional.

Este conjunto de realidades justifican el tacto, la prudencia, la calma que no pueden ceder a la tentación de responder el insulto y la ofensa desaforada. Al afirmar sin sustentación probatoria alguna que Colombia prepara una provocación armada, cuya respuesta sería el pretexto para una invasión del territorio venezolano con apoyo de Estados Unidos, Chávez sitúa el problema en un terreno extremadamente resbaladizo, por demás peligroso. El desplazamiento del Ejército sobre la frontera con Colombia podría convertirse en algo explosivo. Cualquier incidente menor podría interpretarse como la provocación anunciada y desencadenar la catástrofe.

Siguiendo las huellas políticas de Fidel Castro, el Presidente Chávez exterioriza un odio visceral contra Estados Unidos, que al verterse contra Colombia convierte en alianza lo que en realidad no es sino apoyo por conveniencia a la lucha de nuestro país contra el narcotráfico y el terrorismo.

Hechos públicos como la retención de cincuenta y cinco millones de dólares asignados al Plan Colombia por el Senado estadounidense, o la negativa del legislativo a aprobar el Tratado de Libre Comercio con Colombia, ni siquiera entran en la consideración del mandatario venezolano, que ahora cubre con el mismo manto sus vitrióliicos ataques a uno y otro país. Esta conducta, como es obvio, deteriora aún más las relaciones bilaterales. En efecto, lo que podría ser un disgusto transitorio entre dos gobernantes, puede derivarse hacia involucrar a Colombia en la misma abominación que repite hasta el cansancio contra “el imperio” y por ende hacer más difícil cualquier salida racional al pleito bilateral.

Complicado embrollo, que quienes hemos creído y practicado el verdadero espíritu bolivariano, deploramos sinceramente. Colombia y Venezuela no son solamente países hermanos, con un pasado histórico común y destino manifiesto de mutua conveniencia que resulta insensato contradecir. Esta circunstancia nos lleva a desear Que una intervención de buenos oficios - el Presidente Lula da Silva, por ejemplo pueda lograr la reconciliación de los Presidentes en beneficio de sus pueblos.