CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

OPERACIÓN “FENIX” UN SUEÑO DE FRONTERA COMÚN CONTRA EL CRIMEN

 Brigadier General ALBERTO BRAVO SILVA

 Enigmática y mítica surge de los desiertos de Etiopía y Libia el ave Fénix, animal fabuloso, una especie de semidiós que se consumía en el fuego cada 500 años, para surgir de sus cenizas nueva y vigorosa, con el destino de hacer preces con sus perfumadas alas en el altar del sacerdote Heliópolis, para confirmar el periódico y sempiterno milagro de su inmortalidad y resurrección.

No por el asar se bautiza así a la precisa, efectiva y contundente operación militar que eliminó para la salud de la patria al genocida alias Raúl Reyes, macabro personaje que sembró de horror campos y ciudades colombianas, por su torcido e irredimible pensamiento de la toma del poder por las armas.

El mandato constitucional que impone a la Fuerza Pública la defensa de la vida, honra y bienes de los ciudadanos, y dentro de éste, al Jefe del Estado el diseño de la política y la máxima dirección del poder bélico para hacer realidad el seguro desarrollo del país, se ha asumido como en ninguna otra época de nuestra historia republicana, con tal celo y convicción de responsabilidad, que sus resultados, contrario a las vociferantes voces de no pocos detractores, hacen peso de incontrastable verdad y visión optimista de la alcanzable victoria.

La indeclinable determinación de eliminar el terrorismo y con éste, su dañino acompañante el narcotráfico, ha exigido la toma de delicadas decisiones, algunas como la contundente “Operación Fénix” de innegable controversia internacional, por el traspaso obligado de la frontera con Ecuador, pero de valorado beneficio en la suma de victorias, acumula un altísimo costo político, una complicada posición de país en el concierto internacional, una realidad de la trasnacional política terrorista, un soterrado acomodo de algunos malos vecinos, a quienes la sonada Operación les descorrió el velo de su macabro plan en gestación, para conformar la Coordinadora Continental Bolivariana (C.C.B), otro peligroso engendro del mal, sustentada en el asesino grupo fariano.

Si tortuoso ha sido el camino de la Fuerza Pública para alcanzar los confirmados niveles de superioridad moral, estratégica y táctica en la irregular contienda, no menos doloroso ha sido el viacrusis que ha debido soportar el Estado colombiano con su Jefe a la cabeza, quien estoico ha resistido los inveterados atropellos a la dignidad de su elevada investidura, en donde se pone de manifiesto el marcado contraste de la altísima dimensión del estadista, frente a la pobreza intelectual y moral de sus gratuitos contradictores.

Diferente sería el panorama, si esta causa ardua, dolorosa e insufrible de la guerra por la paz, se dimensionara en toda su dolorosa magnitud sobre la conciencia internacional y contrario a la suma de agravios y malsanas alianzas, se concretan respaldos y el beneficio de sólidos compromisos con nuestros vecinos, eliminando oscuras alianzas y soterrados intereses, los que le han permitido a las Farc, el oxígeno necesario para sostener su azarosa lucha, de las que ya pudiéramos haber hecho balance final, de no contar con el desleal y malsano apoyo internacional.

La “Operación Fénix” y su ataque sorpresivo en los límites internacionales a una guarida de terroristas, seguida de una fulminante evacuación de tropas con dos terroristas alzados contra las autoridades y el pueblo colombiano, sumado del inmediato informe del Presidente colombiano a su homólogo en Quito, nada dicen de violaciones a la soberanía ni de violentar territorio ajeno, más si de una última e inaplazable medida, para hacer válida la obligación de la Fuerza Pública en defensa de sus nacionales, conminados por terroristas a una vida de miedo y desazón, desde tierras ecuatorianas.

De meridiana claridad es para los colombianos, que ya sumamos cinco décadas de sangre y muerte, confirmar como el único camino que ha dejado esta alucinada horda de apátridas, es hacer uso legítimo de la fuerza y con ésta, aparte del nunca bien ponderado sacrificio de las tropas, el significativo empleo de toda la tecnología y modernos medios, como bien lo mostró la “Operación Fénix”, decisivos apoyos que se exigen como insustituibles, a la hora de imponer al adversario uno de los fundamentales principios de la guerra: la sorpresa.

La actitud beligerante del presidente Correa y la mediática defensa de la soberanía del Ecuador, que en su fondo encierra un mezquino afán de populismo, nada dicen del respetado y siempre cumplido principio del Derecho Internacional y sus postulados, al que en todas las épocas de su historia ha hecho gala Colombia con todos sus vecinos, pues a este mandato mayor se ha adherido desde el nacimiento como nación libre y de su cumplida aplicación la historia lo rubrica con el lúcido sustento de los hechos.

Atentar contra la soberanía de una nación hermana, es violentar sin justa causa su territorio, significa pretender la usurpación de su territorio y sus recursos, conlleva la odiosa intromisión en sus asuntos internos y el obstáculo a su desarrollo, apareja la pretensión morbosa de menospreciar y desdeñar sus creencias, valores y legados, confirma el irrespeto a sus autoridades y sus ciudadanos y en suma apunta a usar en forma indiscriminada y mal intencionada la fuerza, para entorpecer su soberano y libre destino.

La cooperación internacional no es una entelequia como producto estéril de insulsos encuentros presidenciales, ésta debe concretarse en reales hechos y cumplidos sucesos, en donde los beneficios mutuos se vuelvan palpable realidad, especialmente en el combate a formas de delito trasnacional, cuyo permisivo desarrollo afecta, socava y destruye por igual,  palpable corolario que conmina a verdaderos acuerdos, para hacer causa común por el anhelado bienestar de pueblos con idénticas raíces y calcados destinos.

Ejemplo de eficiencia y efectividad en este campo, son los mutuos compromisos entre Francia y España para combatir al grupo terrorista ETA, en donde existe lo que en un tiempo dio por llamarse persecución en caliente, significando con esto el férreo compromiso de hacer causa común si inesperadas situaciones de bandas delincuenciales así lo dictan, aceptándose el traspaso inmediato y consentido de las fronteras, sin sensiblerías ni alharacas de mal gusto, que en nada contribuyen a armonizar la verdadera hermandad de fronterizos vecinos, afectados por males comunes como los cultivos de coca, el narcotráfico y el contrabando de armas, municiones y explosivos, delitos que si consentidos por un lado y perseguidos por otro, afectan por igual y resienten las cordiales relaciones, en donde la colaboración mutua es la esencia de bilaterales compromisos.

Acertar golpes contundentes al corazón de las cuadrillas, es hacer realidad el sueño de frontera común para combatir bandas que traspasan límites internacionales, es comprender cómo la política del buen vecino significa acordar y facilitar operaciones relámpago y de inaplazable ejecución, de cuyo resultado se deduce claramente un compartido beneficio y se confirma sentimiento común de combate al delito trasnacional.

Este modelo de unión internacional, cierra en forma definitiva posibilidades de expansión, orada la voluntad de lucha del adversario por la eliminación de sus cabecillas, necesario proceso que debe continuar acompañado de sistemáticas operaciones terrestres, con las que  se siga impidiendo su capacidad de movilidad, se niegue la manipulación y control de la población, se sustraigan espacios y zonas de su antiguo control y dominio, cerrando el círculo a zonas cada vez más limitadas de recursos y medios, en donde se haga insufrible su presencia, la que acompañada del motivado pago de recompensas, el estímulo a la deserción, la sistemática denuncia de sus atrocidades, el desenmascaramiento de la vida opulenta de cabecillas, el bloqueo de sus abastecimientos, la guerra sin cuartel al cultivo de plantaciones de coca, amén de la transparente actuación de las tropas, harán indiscutible el paso a la derrota final.