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Reflexiones Estratégicas de la “Operación Fénix”
Por el Mayor General HERNANDO A. ORTIZ RODRIGUEZ
El 27 de junio de 1976 fue secuestrado un avión de la compañía Air France que hacía la ruta Londres-Tel-aviv; el avión después de varias escalas, con más de 200 personas contando la tripulación por fin aterriza en el terminal de “Entebbe” en Uganda ubicada en el África oriental donde a la sazón gobernaba el tristemente célebre Idi Amin Dada, antiguo aliado de los israelíes pero que por conveniencias se había adherido a la causa palestina. Esta situación dio origen a la famosa y legendaria “Operación Thunderbold”; allí, tras nueve horas de vuelo en avión C-130 los Comandos de las Fuerzas de Defensa Israelíes desembarcaron, dieron de baja a los seis secuestradores pro árabes, a una veintena de soldados ugandeses y después de 59 minutos de combate, rescataron 101 rehenes perdiendo a cuatro secuestrados y un soldado, nadie menos que el comandante de las tropas, el Teniente Coronel Johnny Netanyahu.
Esta operación imposible para los más avezados y osados estrategas del mundo y altamente difícil para las tropas elite israelíes le demostró al mundo que no sólo era posible derrotar el terrorismo con la fuerza legítima del Estado sino también la necesidad de contar con la cooperación internacional para el combate y neutralización de este flagelo. Fue a partir de allí que con decisión y contundencia se empezó a combatir el terrorismo; Israel estaba casi aislada en el concierto internacional, pero sus gobernantes en los que se destaca al entonces ministro de Defensa Shimon Pérez pensaban en la supervivencia del Estado y en la efectiva protección de sus conciudadanos frente a tan terrible amenaza.
Guardadas las proporciones, en Colombia vivíamos situaciones similares antes de la ejecución formidable de la “Operación Fénix”; tal vez sin darnos cuenta o queriendo ignorarlo, enfrentábamos el aislamiento internacional soterrado, recibiendo muy poca colaboración de los vecinos y sobretodo indiferencia al interior de la población. Concluyó un feliz capítulo que golpeó profundamente la estructura político militar de las Farc y desestabilizó su relación y estrecha cooperación con gobiernos vecinos y simpatizantes, específicamente del llamado “Foro de Sao Paulo”, cuya anuencia y proceder afectaban directamente la estabilidad política de nuestro país. Si bien no pretende este artículo hacer un análisis de la Operación y sus detalles positivos y negativos desde el punto de vista estratégico militar, operativo y táctico, si pretende acopiar lecciones y reflexiones que incumben al Estado colombiano y en especial a la defensa nacional.
Reflexiones para las Farc
Al perder su pieza más valiosa del engranaje político-militar, estratégicamente pierden de manera significativa contactos internacionales; capacidad de coordinar el secretariado; la moral se deteriora en sus cuadros medios y en su base; se facilitará en adelante con mayor intensidad la delación y por ende la dificultad de comunicación y maniobra cuya principal consecuencia será la falta de comando y control que indefectiblemente los llevará a cometer en su desespero, muchísimos y graves errores porque golpearán sus centros de gravedad, pasando a un estado de inactividad defensiva con el terrorismo como única expresión; sus cuadros deberán intensificar su movilidad lo cual significa mucho desgaste si no quieren recibir otro golpe similar o salir del país lo que les merma capacidad de mando y control; políticamente no puede haber discusión ni decisión colegiada en el tema apremiante de los secuestrados, cuyo deterioro físico aparentemente es evidente en personas claves como Ingrid Betancourt, haciéndolos susceptibles de cometer su mayor error político; en consecuencia, deberían pensar seriamente en una negociación.
Reflexiones para las Fuerzas Militares y la Policía Nacional
Es imperiosa la necesidad de explotar el éxito, de incrementar la ofensiva y la iniciativa estratégica, esto es, intensificar las operaciones contra objetivos de valor estratégico regional, operaciones especiales contra cabecillas del secretariado en el caso de las Farc y el COCE en el del Eln que siga golpeando los centros de gravedad estratégicos en términos económicos, de comando y control y comunicaciones, que apunte a lograr alcanzar el punto de quiebre irreversible de estas estructuras terroristas que las obligue o a aceptar la derrota político-militar completamente o a una negociación política favorable al Estado; así como a mantenerlas en una defensiva estratégica, esto es, sin opción de producir resultados militares inmediatos o a mediano y largo plazo, vale la pena enfatizar en la consolidación de áreas con presencia de Fuerza Pública que haga irreversible el aislamiento de los grupos narcoterroristas de la población civil y como lo dispone la Política de Consolidación de Seguridad Democrática, neutralizar los grupos armados ilegales.
Se demostró que son viables, necesarios y flexibles los planes vigentes y el sistema de comando y control; que debe continuarse y perfeccionarse la cooperación en el planeamiento y ejecución de inteligencia estratégica y de operaciones; que hay unidad de pensamiento, unidad de acción estratégica y operativa; que debe intensificarse la coordinación e intercambio institucional en el esfuerzo operacional y que es altamente positivo para el Estado en general y el Gobierno en particular, la definición de roles de la Fuerza Pública que apunten a encontrar el rendimiento y optimización de recursos así como al alcance de los objetivos estratégicos contemplados en los planes estratégicos vigentes y a futuro.
Si las Farc, son localizables y vulnerables a la acción eficiente de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, paralelo a los golpes a sus cabecillas y rescate de secuestrados debería intensificarse por un lado, los golpes al narcotráfico en cultivos, interdicción, comercialización, lavado, insumos y por el otro, el combate a las milicias. Sin ellas no puede haber insurrección popular y por consiguiente, sólo conseguirán seguir siendo tratados como terroristas lo que necesariamente los llevará a su derrota.
La capacidad técnica y táctica adquirida por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional demostrada en esta acción militar, debe afianzar la moral institucional, reflejar la fortaleza del poder nacional que en el campo de la disuasión facilite al Estado apoyar su diplomacia en el contexto internacional, especialmente con los vecinos y el alcance de una negociación de paz favorable en el orden interno con los grupos armados ilegales.
Reflexiones para el Gobierno Nacional
No puede el Gobierno dejarse distraer o desviar de los propósitos diseñados en la Política de Seguridad Democrática y de consolidación de esta Política por el manejo, presión o acciones políticas internas o externas, pues todas ellas apuntan a oxigenar a las Farc en todos los campos. Esto es en lenguaje coloquial, que el Gobierno nacional de Colombia no puede matar el tigre y asustarse con el cuero.
El tipo de éxitos como el que representa la baja del terrorista alias “Raúl Reyes”, consolidan estas políticas, fortalecen lo que el español Vicente Rojo en su libro “Elementos del Arte de la Guerra” llama “la moral nacional” y generan confianza en la capacidad del país tan necesaria en el pos conflicto.
La información valiosa recaudada como consecuencia de la Operación, confirma lo que muchos no querían ver y dejan en tela de juicio a quienes apoyan la infamia, la mentira y la intención perversa de la banda terrorista Farc contra la sociedad colombiana en lo político y social y en el daño que el flagelo del narcotráfico viene causando a la comunidad internacional y que amerita su uso cuidadoso, que genere repudio y efectos tangibles en la voluntad de cooperación transnacional para su definitiva derrota, lo que implica un esfuerzo diplomático integral y amplio que incluya la sensibilización multilateral para acatar la resolución 1373 de Naciones Unidas, la Convención Interamericana contra el terrorismo de junio de 2002, el Compromiso de Lima de 2002 y los tratados de ayuda y cooperación suscritos. Ello, a fin de derrotarlos y una vez se logre, alcanzar los objetivos económicos, políticos y sociales del Gobierno y por ende alcanzar los objetivos políticos nacionales.
Finalmente, como una reflexión y conclusión, esta Operación, como la operación israelí en Uganda, demuestra con contundencia que el narcoterrorismo y cualquier grupo armado ilegal o criminal si se puede derrotar con la fuerza legítima del Estado en defensa de los compatriotas; que el esfuerzo y responsabilidad también es multilateral y que por consiguiente requiere el concurso de la comunidad internacional, de los gobiernos, las organizaciones mundiales, regionales y del área que garanticen la paz y que la aparición del flagelo sea difícil, imposible o como en el caso del secuestro de aviones, casi proscrito en el concierto mundial.
El desarrollo de la “Operación Fénix” fue a todas luces un acierto desde el punto de vista militar y político; Colombia, al igual que Israel hace 32 años, demuestra que tiene voluntad para acabar el terrorismo, advierte y da la alarma para que la comunidad internacional entienda que la solución es con todos y no con unos cuantos.
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