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LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA Y LA ECONOMÍA
Doctor Guillermo Botero Nieto
Presidente de FENALCO
Varias decenas de veces hemos tenido desde FENALCO la oportunidad de expresarle al señor Presidente nuestro reconocimiento y nuestro apoyo solidario a su Política de Seguridad Democrática que tanto impacto positivo ha generado a los colombianos.
Sin seguridad los ciudadanos no pueden ejercer los derechos. Por ello, para ganar la prosperidad y el progreso, el primer derecho que tenemos que conquistar es el derecho a la seguridad, el derecho a vivir sin la amenaza de la violencia. La seguridad es un bien público que protege la integridad física y moral de las personas, y que les permite disfrutar de las libertades que son propias de su condición humana.
Existe una estrecha relación entre economía y seguridad. La seguridad es el primer eslabón de un círculo virtuoso. La inversión que se realiza para garantizar la seguridad redunda en una mayor confianza de la ciudadanía y los empresarios. Esta confianza y estabilidad son el suelo fértil a donde llega la inversión privada nacional y extranjera. Una mayor inversión genera mayor crecimiento económico.
El crecimiento económico implica a su vez mayores utilidades para nuestras empresas, más y mejor empleo para los colombianos y mayores impuestos para la Nación. Con estos recursos se realiza inversión social, la cual coadyuva a un mayor bienestar general de la población, reducción de pobreza y menor criminalidad.
La seguridad, no hay duda, es la base de la confianza, de la inversión, del crecimiento económico y del bienestar social, como objetivo final del Estado. Y eso lo estamos viendo con meridiana claridad desde el comienzo de su primer gobierno: Los resultados del círculo virtuoso son evidentes: Alto y sostenido crecimiento económico, inversión extranjera directa record, exportaciones de mercancías de 30 mil millones de dólares anuales, el desempleo ha bajado más de cuatro puntos desde el año 2002, en fin, buenos indicadores.
Gracias al abnegado trabajo de las Fuerzas Militares, la guerrilla está diezmada, acorralada y con unos integrantes que se desmovilizan por falta de moral y por el acoso continuo de la Fuerza Pública. La guerrilla ha descubierto asombrada que los miembros de su secretariado no son invulnerables. Una guerrilla sin su canciller Raúl Reyes ni con el sanguinario Iván Ríos; sin el negro Acacio dirigiendo su actividad del narcotráfico en el suroriente; sin Martín Caballero asolando los Montes de María; sin JJ aterrorizando el suroccidente colombiano; sin Martín Sombra, sin Karina y muchos otros mandos.
Creo que el país ya aprendió la lección y hoy no hay triunfalismo. Como dice el presidente Uribe, “la culebra no está muerta”. ¡Pero sí está herida!, y tenemos que continuar batallando hasta destruirla como en Indiana Jones. Y en estos esfuerzos los Generales y Almirantes en Retiro de las Fuerzas Militares de Colombia tienen un sitio de honor, porque los resultados obtenidos, extraordinarios por donde se les mire, también son el fruto de varios años de fortalecimiento humano, técnico y logístico del píe de fuerza.
Los golpes contra el narcotráfico también han sido contundentes. La extradición de los jefes paramilitares hace un par de semanas es el reconocimiento de que definitivamente tales personajes no eran más que simples narcotraficantes.
Hace unos días el editorial de The Wall Street Journal recordaba que la principal excusa de la vocera del Congreso, Nancy Pelosi, para tratar de sepultar el TLC entre Estados Unidos y Colombia era la respuesta mano blanda del gobierno colombiano frente a las atrocidades de los grupos paramilitares. Pero dicho argumento resultó falso. Y agregaba: “La extradición de los 14 líderes paramilitares es de lejos la prueba de los esfuerzos del presidente Uribe para que se aplique justicia y de su buena voluntad frente a los Estados Unidos”.
Difícil que hace seis años alguien hubiera creído que en tan pocos años la Seguridad Democrática iba a producir resultados tan rotundos.
Ahora bien, forzoso es reconocer que el ambiente político nacional se ha enrarecido por las investigaciones a que se han visto sometidos numerosos congresistas por los organismos judiciales y que dificultan el proceso de discusión y de aprobación de las leyes que se requieren. El Gobierno es conciente de esa encrucijada. De nuestra parte confiamos plenamente en el liderazgo que el presidente Uribe desempeñará para el diseño de caminos que le permitan a la Nación recuperar la legitimidad del Congreso, fortalecer la democracia, las libertades civiles y respetar la justicia.
ELEVAR LA COMPETITIVIDAD
Quisiera agregar en estas cortas notas que la seguridad es condición necesaria más no suficiente para mejorar el bienestar de la sociedad.
En lo económico habrá que persistir en estrategias que nos hagan más competitivos. Hay quienes dicen que el remedio para la revaluación de la moneda es el aumento de la competitividad. Pero es que aquí también tenemos asignaturas pendientes. Precisamente acaba de conocerse el Informe Anual de la Competitividad del prestigioso IMD de Lausana, Suiza. Se trata de una completa investigación que evalúa los factores que hacen competitivos a un país, como son: El empeño económico, la eficiencia del Gobierno, la eficiencia del sector privado y la infraestructura.
En los resultados del año pasado, Colombia cayó tres puntos, pasó del puesto 38 en 2006 al 41 en 2007. Este dato no es bueno, pues a pesar de los avances recientes de nuestra economía, seguimos ubicados en lugares de media tabla para abajo en el concierto competitivo mundial. O que no estamos haciendo las cosas tan bien como creemos, o que los otros países están avanzando mucho más rápido. La nota obtenida fue de 50 sobre 100 puntos posibles y dos países del vecindario, Chile y Perú, nos superan con una amplia ventaja, Chile en la casilla 26 con una calificación de 64 y Perú en la 35 con una nota de 56. Nuestro consuelo es Venezuela, que cada vez se rezaga más.
Somos los primeros en admitir que en Colombia el tema de la competitividad es motivo de amplio debate y hasta de entusiasmo en el nivel regional. Tenemos un Sistema Nacional de Competitividad, un Consejo Privado para la Competitividad, sendas agendas internas, cumbres anuales como la de Expogestión y un documento prospectivo sobre la Colombia del 2019. Pero es como si nos faltara un nuevo empujón. Y, cuidado, que de pronto habrá voces de nuevas generaciones que después, con algo de razón, nos digan que a nosotros nos sobró retórica pero que nos faltó ejecución.
El informe sobre competitividad consigna un mensaje que si lo valoramos correctamente, sería un mundo de posibilidades para los empresarios colombianos. Dice textualmente: “El mundo ha tratado de lleno en la segunda ola de globalización en donde la prioridad no es tanto tener acceso a insumos baratos, sino tener presencia en los mercados de los países emergentes, donde ha nacido una potente clase media que se consolidará en los próximos años”.
La infraestructura física, vías, puertos y aeropuertos, y su planificación era decorosa para una economía con crecimientos anuales del 3%. Pero los incrementos en el PIB de 7% al año, tiene un efecto de saturación en la infraestructura vial y portuaria y en su capacidad operativa. Lo mismo pasa con los vehículos. Hay escándalo porque el año pasado se vendieron más de 250 mil carros nuevos que provocan soberanos trancones. La calentura no está en las sábanas.
El mejoramiento competitivo del país es un imperativo.
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