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Palabras del señor Mayor General Luís Hernando Barbosa Hernández en el homenaje que el Regimiento de Caballería San Jorge ofreció al señor General Mario Montoya Uribe, Comandante del Ejército el 22 de julio de 2008.

Grande el Supremo hacedor y la Patria que nos permiten esta magna convocatoria en este legendario y cálido recinto, para rendirle honores a nuestro Ejército, a todos y cada uno de nuestros soldados y en especial al señor General Mario Montoya Uribe en hora buena Comandante del Ejército y soldado más antiguo del arma de Caballería.
Por más de cuatro lustros el soldado ha sido férreo defensor de la democracia colombiana, ante el acoso terrorista de grupos al margen de la ley; los sacrificios de sus hombres no caben en una apretada síntesis de la historia patria, y la sangre derramada en pos de una paz esquiva sirve y servirá eternamente como cimiente generosa para las nuevas generaciones de esta sin igual estirpe castrense.
Difícil ha sido la victoria, mezquinos los triunfos, esporádicos los partes triunfalistas, en su mayoría no por incapacidad de la institución armada sino por la falta de decisión política y en más de una ocasión, por la benevolencia y complacencia de los dirigentes de turno, ingenuos frente a la horda terrorista que sistemáticamente nos destruye con su danza de sangre y muerte.
Las cosas han cambiado; la Patria resiste estoica pero jamás se humilla, máxime cuando en un momento histórico, se dio inicio hace más de cuatro años, a la Política de Seguridad Democrática y con ella, un sólido apoyo constitucional a la labor de la Fuerza Pública.
Los soldados de Colombia guiados por sus comandantes naturales y respaldados por la dirigencia política actualmente en el Gobierno, abrazaron con más amor la justa causa, se entregaron con más nobleza y pasión a defender el legado que nos dejaron aquellos que como Rondón entregaron todo a cambio de nada, por darnos la libertad del yugo de esa época. Poco a poco la restructuración del Ejército se fue dando, llegaron modernas armas, nueva tecnología, confirmados apoyos sobre esta lucha sin cuartel tanto a nivel nacional como internacional, significativo incremento del pie de fuerza, perfeccionamiento de la instrucción y el entrenamiento, potenciales necesarios de un ejército en guerra, que ha permitido un significativo cambio de la imagen del Ejército, otrora golpeado y casi derrotado como en los cruentos episodios de Patascoy, Las Delicias, Miraflores, El Billar, el Cañón de las Hermosas, Sur de Bolívar, Arauca, etc.; aciagos tiempos que quedaron atrás por la renovada fuerza de un Ejército más profesional y triunfalista, que empezó por hacernos sentir probados niveles de tranquilidad a lo largo y ancho de la geografía nacional, experimentando un alivio al desalojar ojalá por siempre a los terroristas que tenían a su merced campos y ciudades.
Ahora nuestros conciudadanos ven un Ejército vencedor como en Hato Corozal, en Puerto Lleras, en Vista Hermosa, en el Catatumbo, con patriotismo ven la ocupación de los antiguos santuarios de la guerrilla como en La Uribe, La Macarena, Saravena, Arauquita, La hormiga, Algeciras, Apartado, San Pedro de Urabá, San Vicente del Caguan, Cartagena del Chaira, Remolinos del Caguan, por citar sólo algunos; se dan golpes contundentes a sus cabecillas como la captura de Granda hoy libre por decisión política, la captura de Martín Sombra, la baja del negro Acasio, la baja de Martín Caballero, la baja de Raúl Reyes la muerte de Iván Ríos, la entrega de Karina, los ataques a los campamentos en el pasado intocables del negro Acasio, de César, del Mono Jojoy, de Alfonso Cano, de Tirofijo y se culmina con la libertad de 15 secuestrados en una histórica Operación de Inteligencia de carácter humanitario.
Permítanme respirar para poder referirme a esta brillante demostración de capacidades, de profesionalismo, de entrega, de valor, de coraje, de patriotismo, de conocimiento total del enemigo y de apego a la noble causa de defender nuestro patrimonio histórico.
La operación Jaque brillantemente planeada y dirigida por el Alto Mando Militar y ejecutada por un Arma, muchas veces vilipendiada, muchas veces atacada por propios y extraños, Arma a la cual se le desconocían sus capacidades. Hoy la Inteligencia militar permite que esta Operación se constituya en la acción militar a nivel mundial con los mejores calificativos tanto en su planeamiento como en su ejecución; magna epopeya que de seguro servirá para escribir más de un libro, de guión para una o más películas, para hacer héroes a quienes se lo merecen, pero lo más importante, para que el mundo entero le haga honores y mire con respeto al soldado colombiano a ese hombre sencillo, normalmente de origen humilde, desprendido de prebendas y galones, que carga sobre sus hombros como única herencia, su equipo de campaña y su fusil de combatiente; que día a día tiene como única perspectiva la muerte y que con sus actos, demuestra el infinito amor que le tiene a sus principios, a su formación profesional y a su Patria.
Señor General Montoya: la Patria tiene la obligación de registrarlo como un soldado emérito, como un hombre de altas capacidades, como un soldado que se entregó de lleno al servicio de los intereses nacionales, como un hombre probo, de virtudes militares reconocidas, un General de mística, de valor, demostrado en su paso por todo el territorio patrio, de su capacidad de análisis en su paso por la Dirección de Inteligencia, Arma hoy en la cúspide, usted lo manifestó públicamente, la Operación fue un jaque a las Farc…. lo invito a que con los hombres que comanda, con esos soldados extraordinarios, termine la partida de ajedrez, culmine su tarea, remate la acción heroica del Ejército. Mi estimado amigo y compañero de Arma dele mate a las Farc.
Los triunfos son hermosos, más de uno, así no le corresponda, se quiere subir al tren de la victoria, cada quien a su nivel se siente participe de los logros obtenidos, el país entero sale a aplaudir a su Ejército, los secuestrados agradecen públicamente su liberación, los enemigos abiertos y los agazapados muerden su rabia y en forma cínica también reconocen el triunfo logrado, dejando desde luego en sus palabras además del rencor la duda sobre la limpieza de la Operación, imaginan errores, atribuyen violaciones a normas internacionales, manifiestan su inconformismo por el peligro que pudo ocasionar la Operación, presagian con pesimismo que la acción había podido terminar en tragedia.
No aceptan, ni aceptarán jamás que estos tiempos de victoria se deben a un Ejército capacitado para desarrollar actos heroicos, operaciones brillantes en beneficio del pueblo colombiano. No lo dude, seguirán los ataques, el pueblo aplaude hoy, de pronto mañana, pero en poco tiempo olvidará y ojalá esos mismos que hoy aplauden al igual que lo hicieron hace más de veinte años con la recuperación del Palacio de Justicia, no muestren el dedo acusador para inculpar a los que hoy son héroes nacionales. Ojalá a ninguno de los que expusieron sus vidas en las gestas que hemos mencionado y que han marcado un derrotero triunfalista, intenten llamarlos a rendir cuentas ante una justicia no siempre imparcial con el estamento militar y traten de cambiar el uniforme camuflado que con tanto orgullo portamos, por el uniforme que lucen los huéspedes del INPEC.
Es hora de celebración, es hora de expresar nuestro orgullo de pertenecer al Ejército de Colombia, es hora de manifestar públicamente al señor General Montoya nuestro reconocimiento por la labor que ha cumplido como Comandante de la Fuerza, es hora de unirnos en un solo haz de corazones para darle al pueblo colombiano un parte de victoria, fruto de todas y cada una de las operaciones exitosas que se han ejecutado en los últimos años y que le permiten a la Patria respirar con optimismo. Me uno al sentimiento de todos los asociados de este nuestro Regimiento y de nuestras señoras para decir con patriotismo:
“QUE VIVA EL EJÉRCITO DE COLOMBIA, QUE VIVA LA CABALLERÍA COLOMBIANA Y QUE VIVAN POR MUCHOS AÑOS LOS QUE LE HAN DADO, LE DAN Y LE DARÁN BRILLO Y HONOR A NUESTRA PATRIA A NUESTRA FUERZA Y A NUESTRA ARMA”.
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