CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

EL FUGAZ TREN DE LA VICTORIA  

Brigadier General ALBERTO BRAVO SILVA

El momento histórico de nuestro Ejército, en donde una élite sin par de superhombres, cuestiona todos los cánones de la estrategia y de la táctica, rompiendo esquemas y preconcebidos de como enfrentar a un enemigo astuto y desconfiado por antonomasia, en donde el abandono de las armas como forma tradicional de lucha, se vuelve estrategia y lo teatral adquiere dimensiones de epopeya, pareciera dejar perplejo al más osado guionista de la cinematografía y sin palabras a tantos y tantos escépticos de todos los pelambres, que siempre han esgrimido como única fórmula salvadora, la claudicación al imperio de la ley y el orden, para asumir pusilánimes posiciones de negociación ante una horda de asesinos. 

La notoriedad mundial de la operación “Jaque”, su impacto en los ámbitos militar, político, sicológico, moral e institucional, han hecho resurgir un inusitado optimismo sobre el futuro del país; una creciente credibilidad sobre los beneficios de la Seguridad Democrática; una fe auténtica en las capacidades y profesionalismo de su Ejército, un sentimiento de solidaridad con tantos compatriotas desarraigados en forma miserable del seno de sus familias y del conglomerado social y un vivo interés por subirse al tren de la victoria, así en otras circunstancias ese mismo tren cargado de dolor y pesadumbre, recorriera casi solitario y con muchos puestos vacíos los caminos de la Patria, con su carga azarosa de violencia y muerte remitida desde todos los rincones de la Patria por emisarios del crimen.

Hoy se ha superado con creces ese recalcitrante escepticismo por la alucinante operación de rescate; hoy sentimos inflamado el pecho y el corazón lleno de regocijo por ver como desde la entraña de nuestras tropas, se yerguen aguerridos hombres que en vigilante espera, han  persistido y diseñado sin pausa ni tregua, una y mil posibilidades para llegar con seguridad hasta el corazón de la selva, soportando por años y en silencio la controversia, la saña, la fatiga, el acoso mismo de familiares de secuestrados y políticos de turno, la pertinaz voz presidencial por los resultados y altisonantes voces de esa desorientada comunidad internacional, sumando a esta sin razón de reproches, reconocidas voces de algunos Jefes de Estado, quienes  pretendieron pelechar del insufrible dolor del secuestro.

Qué fácil es compartir glorias y triunfos, qué grato es hacer causa común con el ganador, qué gratificante es sumarse a las voces que gritan victoria y reclaman puesto especial en la celebración, cómo se sensibilizan los espíritus y la promesa de apoyo incondicional brota a flor de piel, qué oportuna es la presencia cuando las coronas de laurel surcan la frente de los gladiadores, como la parodia del camaleón cobra vida ante las emotivas circunstancias y el cambio de piel nos encaja como el traje más apropiado para el festejo.
 
Esta frágil condición humana, nuestra morbosa tendencia a estar siempre alineados con el triunfador, nuestro facilismo por lo mediático y episódico, esa efervescencia con espumantes dosis de delirio etéreo, el comulgar presuroso con la gloria inmarcesible, por el júbilo inmortal de lo mortal y esa explosiva carga de optimismo, nos transporta siempre en una alucinante espiral de dichas y de glorias, tan efímeras como ese raudo paso del riachuelo, que solo una vez toca la orilla, sin dejar huellas en su imparable transcurrir de su destino.

Así parece ser para desfortuna de la historia, la realidad de nuestra idiosincrasia colombiana; así nos lo señalan en forma palmaria los incontables sucesos de nuestro devenir como pueblo en busca de sus destinos, así lo remarcan incontables episodios donde ese mismo Ejército hoy glorificado en grado sumo, ha sufrido los avatares de la guerra y cargado el insufrible fardo del olvido, de la maledicencia y de la crítica mordaz, cuando en ese doloroso camino de la guerra, sus hombres han sido blanco de cruentos ataques por impedir con sus vidas, el asalto de nuestras libertades, dando oportunidad para que gratuitos detractores, hagan jirones con el legado de gloria forjado en tantas luchas.

Para esos avatares y sinsabores forma la patria a sus mejores hombres; ellos comprenden desde sus primeros días de cuartel, como hiere más la incomprensión  y la indiferencia, que las mismas balas asesinas que a mansalva cobran vidas jóvenes; por ese camino de la soledad y el dolor ha transitado casi siempre el tren de la historia, llevando un pasado fardo de odios y rencores de no pocos compatriotas, cegados por mezquinos intereses y obnubilada su mente por el mediático análisis de aislados episodios.

Cabe entonces una sensata y prudente reflexión sobre el momento histórico de nuestras Fuerzas Militares, hoy colmadas de glorias y merecidos honores, esos que el paso inexorable del tiempo transforma a los héroes en villanos, dolorosos ejemplos cuya narrativa llena de dolor las páginas de la historia militar latino americana. Bástenos recordar las purgas intestinas en ejércitos del cono sur y los centro americanos, diezmados en ventajosas negociaciones con seudo ejércitos revolucionarios.

Los ejemplos se agolpan muy claros en nuestros recuerdos, cuando la cruenta toma por las armas de la Corte Suprema de Justicia y su rescate por parte de las Fuerzas de Orden, hacía vibrar de júbilo a la población bogotana, que henchida de emoción y con banderas vitoreaba como héroes a los militares de turno, hoy sometidos al escarnio y a interminables investigaciones, en una parodia de justicia tardía, desdibujada en su esencia de oportuna búsqueda de la verdad.

Fugaz es entonces el tren de la victoria, volátiles los tiempos de gloria y efímeros los abrazos y los parabienes, de aquellos  que en hacinados vagones se hacen a la ruta del triunfo, pues su recorrido es corto y cercana la primera estación, en donde apresurada desembarca la multitud, para dejar nuevamente solitaria la máquina, si esos héroes aclamados y aplaudidos hasta el cansancio, reciben la cuenta de cobro de la historia por su osada visión de defender la patria.