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Fuerza Aérea Colombiana
89 años de vocación de victoria
Esta especial oportunidad, cuando nuestra Fuerza Aérea
Colombiana se apresta a conmemorar el octogésimo noveno aniversario de su fundación, se nos presenta como la ocasión más propicia para rememorar la digna memoria de un pasado pletórico de glorias; para considerar y evaluar un presente en el que se ha reafirmado nuestra manifiesta vocación de victoria; y especialmente, para proyectar las aspiraciones de lo que anhelamos, sea nuestro futuro. Porque si bien, nuestra condición de aviadores nos hace herederos de nobles tradiciones y depositarios de una invaluable memoria histórica, también nos inviste como resueltos innovadores del mañana y forjadores de nuevos horizontes.
El pródigo trasegar histórico de la Fuerza Aérea Colombiana comienza desde el momento mismo en que surge el concepto del poder aéreo. A un año de concluida la Primera Guerra Mundial, en la que ini-cialmente se vislumbraron las inconmensurables posibilidades que brindaba el dominio de los cielos, la preclara visión del entonces Presidente de la República, don Marco Fidel Suárez, promueve la fundación de la Aviación Militar en Colombia, expidiendo para tal efecto la Ley 126 del 31 de diciembre de 1.919.
Con ella se dio inicio a una larga tradición de honor, que se vio profesionalmente complementada con la asimilación de los postulados teóricos y doctrinales de los más reconocidos tratadistas del poder aéreo. Entre ellos, Giulio Douhet quien afirmaba: “Nada puede hacerse en una guerra actual o futura, que no pase por la utilización del poder aéreo”; y junto a él, Hugo Trenchard, Alexander Seversky y Billy Mitchell. La pronta evaluación y apropiación que se hizo de los principios y planteamientos propuestos por cada uno de ellos, tempranamente condujo a que se asumiera como una verdad indiscutible que el control de la tercera dimensión habría de resultar definitivo dentro del nuevo arte de la guerra. El poder aéreo así se inscribía como un componente fundamental de la capacidad militar de los Estados.
La cruda realidad de la Segunda Guerra Mundial habría de ratificar esta apreciación, en un efecto similar al que en nuestro contexto tuvo el conflicto fronterizo con el Perú. La generosa disposición de toda la Nación de contribuir con sus bienes al financiamiento de aquella campaña con que se buscaba resguardar la integridad territorial, se vio dignamente correspondida por el esfuerzo de los hombres y las aeronaves que desde los cielos amazónicos restauraron nuestra soberanía. Aquella memorable gesta, ejecutada por las heroicas tripulaciones de los Junkers F – 13, W – 34, JU – 52 y K – 43, de los Dornier Wal Do – J, de los Curtiss F – 11 Hawk II, y de los Falcon F – 8, habría de proyectar definitivamente a nuestra Fuerza Aérea al señalar la imperiosa necesidad de mantener activa una aviación militar, que se sabía, especialmente en aquel momento, decisiva para la victoria.
De esta forma se forjó el futuro de grandeza de la Fuerza Aérea Colombiana, que desde entonces ha estado signado por la remembranza de la épica labor cumplida en el sur, al trascender en forma de la misión institucional que nos ha sido confiada: mantener el dominio del espacio aéreo para desde allí salvaguardar la soberanía, la independencia, la integridad del territorio y del orden constitucional vigente de nuestra Patria.
A esa dimensión espiritual que comprende el asumir tan alta tarea; a esa disposición que entraña el cumplir cabalmente con sus requerimientos y exigencias, y a esa profunda fe sobre la trascendencia implícita en su realización, se suman la preocupación y el esfuerzo constante por mantener y avanzar en el desarrollo tecnológico de la Fuerza. El fundamento esencial de nuestra Institución es el vuelo, que puede ser explicado por una calculada conjugación entre ciencia y técnica. Ambos, conocimientos que por su misma definición no son inmutables ni constantes, sino por el contrario dinámicos y progresivos, y que para el caso del vuelo avanzan espoleados por la perseverante búsqueda de procurar ir cada vez: “más alto, más lejos y más rápido”; pretensión que también hemos hecho nuestra como determina-dora e impulsora del proceso de evolución desplegado a lo largo de estos 89 años, que nos ha posibilitando que pasemos de los primigenios aviones de madera y tela, a las veloces aeronaves a reacción con que contamos en la actualidad.
El significativo compromiso asumido para con el país así lo exige y las altas responsabilidades que de tal obligación se derivan así lo ameritan. Nuestro deber de salvaguardar los cielos de la Patria, brindando seguridad a toda una Nación, alientan a que gran parte de nuestros esfuerzos se destinen al reiterado empeño de mantener a la Fuerza Aérea Colombiana a la vanguardia tecnológica. En pos de ello hemos promovido de manera constante, tanto la pertinente y necesaria renovación de materiales y equipos, como la conveniente y provechosa transferencia de tecnología.
Procesos ambos que se despliegan adicionales, sin detrimento de la cotidiana labor que garantiza el sostenimiento de las capacidades operativas adquiridas, al brindarnos un alto nivel de alistamiento que nos permite emplear oportuna y contundentemente todas las potencialidades que configuran nuestro poder aéreo.
Esta importante capacidad que nos distingue, haciéndonos merecedo-res de un notable reconocimiento por parte de fuerzas homólogas de diferentes países, solo se ha podido alcanzar por cuenta del más valioso recurso de que dispone la Fuerza Aérea Colombiana: su potencial humano. La definida e indiscutible vinculación entre nuestro quehacer institucional y el avance científico y tecnológico, sitúa a nuestra profesión en una perspectiva de progresivas exigencias que son impuestas por el vertiginoso y dinámico avance de la aeronáutica, a la vez que nos señala la preponderancia que ha de otorgársele a la educación de quienes dignamente sirven a la Institución. Esto bien lo hemos sabido comprender. Para responder adecuadamente a este requerimien-to, se ha impulsado e implementado el necesario fortalecimiento de los programas de formación y capacita-ción ofrecidos por las Escuelas de oficiales y de suboficiales, propen-diendo así por la profesionalización de nuestros hombres.
Este proceso educativo, que se inicia a partir del exigente pro-cedimiento de selección, se ve en todo momento complementado por una férrea enseñanza que inculca y promueve la interio-rización de valores, que se han de constituir en rasgo esencial y distintivo de todos aquellos que sirven en la Fuerza Aérea Colombiana. Se pretende así, la consolidación de una firme e inquebrantable ética militar que se sustente en la observancia plena y la reverencia absoluta a principios institucionales como el honor, el valor, la justicia, la disciplina, la lealtad, el respeto por la dignidad humana y el correcto proceder. Virtudes estas, que orientarán su actuación y la toma de decisiones y en las que se fundamentará el respeto irrestricto que profesamos por los Derechos Humanos y por el Derecho Interna-cional Humanitario.
Así formamos a nuestros hombres; aquellos mismos que profesan la entrega y el servicio a Colombia como esencia de vida, aquellos que evidencian una indeclinable voluntad de vencer, aquellos que cotidiana-mente demuestran una decidida vocación de victoria, son quienes en este momento, desde los cielos, han señalado la senda del triunfo y han ratificado en cada una de nuestras operaciones, que asistimos al fin del fin al permitir que retorne la esperanza a toda una Nación.
Esos son los hombres que tengo el honor de comandar.
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