|
|
Juego de intereses
En los últimos años, algunos países del hemisferio sur tomaron la decisión de considerar a Rusia como un socio estratégico en materia de seguridad, recursos energéticos, apoyo moral y diplomático para afianzar sus gobiernos. Tal es el caso de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo acercamiento a Rusia ha sido muy criticado por el gobierno norteamericano, por considerarlo contrario a los preceptos democrá-ticos que promueve. Esta posición ha sido calificada de “hipócrita” por el gobierno de Moscú. Da la impresión, entonces, que este juego de intereses hace parte de una lógica de reorganización de poder que pretende incorporar aliados del sur, como contrapeso real en el equilibrio de poderes que se presentan en el actual escenario geopolítico mundial.
Este nuevo pulso de influencia en el hemisferio sur también refleja la lucha contemporánea de E. U. por implantar sus valores democráticos e imponer una geopolítica global acerca de los recursos energéticos, incursionando en regiones del Asia Central y el Cáucaso, circunstancia que trastoca dos zonas de influencia histórica de Rusia. Y por otra parte, se observa una política exterior rusa que busca conseguir mayor influencia en el mundo por medio de la venta de armas, recursos energéticos (muy politizado), y el apoyo moral a ciertos regímenes “no liberales” como Sudán, Birmania, Uzbekistán, Ucrania y Venezuela, este último su principal aliado y el opositor más beligerante en la zona de influencia próxima a E. U.
Es muy prematuro en este momento hablar de una segunda guerra fría, a pesar de que los actores en juego sean precisamente E. U. y Rusia.
Lo único evidente es que existe una firme construcción de alianzas de uno y otro bando, aunque sin el trasfondo ideológico que caracterizó el período de la guerra fría ya superado, cuando quedó como perdedora la antigua Unión Soviéti-ca, pero que tiende hacia formas de hegemonía global.
La Rusia de hoy muestra una relativa capacidad para penetrar en la esfera de influencia de E. U., como es el caso de Venezuela con el comandante Chávez a la cabeza, que está aprovechando este renovado pulso de influencia en provecho de su revolución bolivariana y en la consolidación de su carrera armamentista. Además, ha logrado convertirse en una piedra en el zapato para E. U. y pretende, a toda costa, debilitar su liderazgo en la región. Es indudable que la cooperación entre Rusia y la República Bolivariana de Venezuela se ha convertido en un tema de trascendencia para la seguridad nacional y para el sistema internacional.
De hecho, E. U. se encuentra en el gran dilema de fortalecer su presencia en la zona, y demostrar que aún es el hegemón que mantiene el liderazgo continental. Desde luego, fortalecer su presencia en el hemisferio sur implica asumir grandes costos y esfuerzos, que en este momento a E. U., sumido en una crisis económica y a las puertas de un proceso electoral, le queda muy difícil tomar decisiones al respecto.
Por último, es importante resaltar que al término de la guerra fría y hasta hace poco, América del Sur era considerada la región más desmilitarizada del mundo, puesto que sus Estados habían firmado una serie de acuerdos y tratados para restringir el armamento. En la actualidad, se debe revaluar esta apreciación porque la dinámica que se está viviendo es muy diferente y las actitudes desafiantes de las dos potencias, E. U. y Rusia, para hacer prevalecer su poder y sus intereses, pueden hacer escalar la confrontación y traspasar el límite de la retórica tradicional, afectar la estabilidad política y la seguridad hemisférica.
|
 |
|