CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

Política democrática y Democracia política

Varias han sido las conceptualizaciones sobre la democracia tratadas desde diferentes ángulos, se refieren las más importantes desde el punto de vista práctico, en los países que tienen el sistema democrático como forma de gobierno y desarrollan su política dentro de los parámetros del cumplimiento de la voluntad soberana del pueblo, como pilar para su crecimiento.

En el siglo IV antes de Cristo, época en que se consideraba que las ideas eran la base para lograr el desarrollo del hombre, orientando el cono-cimiento al servicio de la comunidad, siendo el Estado el armonizador que le da consistencia a las virtudes individuales, fueron base de la democracia sustentada en el pensamiento de los filósofos griegos precursores, Sócrates y Platón. El Estado ideal para la época, estaba compuesto por tres clases de ciudadanos: el pueblo como pro-ductor, los guerreros encargados del orden y de la defensa y los filósofos quienes gobernaban. A partir de esta época se conocía que la democracia no era el mejor sistema del momento, pero que de existir debía ser sana y justa. Así mismo, Aristóteles consideraba como hilo conductor de su ideal, que la democracia moderada era la mejor forma de gobierno, por su organización social, igualdad y justicia.

Siglos después, el inglés Thomas Hobbes, expresó su pensamiento teológico sobre la democracia, basado en el constructivismo, sustentando que un pueblo soberano gobierna con sus representantes.

Por su parte, Juan Jacobo Rousseau, mantiene el pensamiento de que la voluntad popular es el único fundamento de la organización política de un Estado, conformando la soberanía popular, con la aceptación de la ley de las mayorías y del gobierno de sus represen-tantes; en su obra “El Contrato Social”, resaltó la importancia de la búsqueda del bien común dentro de la libertad y voluntad ciudadana, para una verdadera democracia. En otras esferas Edmund Burke, filósofo irlandés del siglo XVIII, conceptua-lizaba que la democracia perfecta, sería lo más vergonzoso del mundo y que el Estado no tiene la función ética de asegurar la libertad e igualdad de los ciudadanos.

Múltiples conceptos de importantes filósofos y políticos a través de la historia, nos conducen a que el ideario de la democracia política y de la política democrática, se ha venido perfeccionando coincidentes con la práctica: “la democracia es el ejercicio del poder consensuado”, afirma el holandés Baruch Spinoza. Por otro lado, Alexis de Tocqueville, de la corriente liberal francesa en el siglo XIX y autor de la obra “La democracia en América” consideraba que los miembros de la comunidad deben ser iguales y el Estado debe incrementar el nivel de vida de los ciudadanos, alejándose de las ambiciones de poder. Winston Churchill aportó su pensamiento, “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos existentes” y afirmaba que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás. El presidente de los Estados Unidos Abraham Lincon definió la democracia como “El gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo” a finales de la Guerra de Secesión, sentando con ello las bases sólidas de la actual democracia norteamericana.

Estas diversas manifestaciones nos dan claridad sobre el proceso milenario de desarrollo del sistema democrático, dentro de la política de los estados. La política democrática, comienza a acreditarse como forma de gobierno, en el siglo XIX y las naciones que la asumen demuestran sus bondades, en beneficio de los ciudadanos. Para nuestros días, la democracia ha demostrado sus ventajas y se ha consolidado como el mejor sistema político de los estados; los países que actualmente no son democráticos se han interesado en implementarla, incluyendo a quienes en el otrora eran los polos opuestos y radicales adversarios.

Para identificar el sistema demo-crático, se hace referencia a las principales orientaciones, conceptos y posiciones que permiten caracte-rizarlo, entre otras: la libertad de acción del ciudadano, la aceptación voluntaria del gobernante, el desarrollo del bien común, la responsabilidad por los efectos del sistema, el acatamiento a la ley y la auto determinación, son expresiones en las cuales el ciudadano se obedece a sí mismo.

La existencia de la oposición y de aspiraciones e intereses de elegir y ser elegidos, fortalece la política para el mejoramiento continuo. El Estado en que prima la fuerza de la voluntad ciudadana y los conocimientos, a la fuerza del poder y de las armas, exige la existencia de líderes políticos con excelentes cualidades, capacidades, comunicación y humildad, para lograr consensuar con sus oponentes. Dadas las circunstancias en un Estado, el gobernante puede estar seguro del apoyo del pueblo para el cumplimiento de los intereses y objetivos nacionales.

En la época de los gobiernos anárquicos y presidencialistas, surgió la idea de encontrar alterna-tivas para distribuir razonablemente los poderes en organismos de confiabilidad ciudadana, sin debilitar el liderazgo político generado por el gobernante o presidente. Se conformaron y definieron las tres ramas del Estado, como expresión de identificación, el poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, bajo el liderazgo del Presidente de la República, surgiendo como comple-mento el respeto mutuo entre los poderes y el reconocimiento de su propia independencia, dadas las funciones que desempeñan, convir-tiéndose en la esencia del sistema democrático.

La democracia política demanda la existencia de partidos políticos que la fortalecen; su organización y funcionamiento le permiten al Estado tener alternativas de poder; exige de sus integrantes el respeto mutuo por las diferencias entre la oposición y el gobierno, entre la sociedad y los poderes públicos; el gobierno y sus representantes deben dar ejemplo y demostrar buenas maneras en su relación con el pueblo. La democracia exitosa depende del fin ético que desarrolle dentro del fundamento estratégico y principalmente de las acciones del gobierno que la lidera y de los principios de los partidos que conforman el país político.

Los Estados Unidos de América, son el ejemplo de la cultura política democrática y de unidad nacional, dado que su fundamento está basado en principios y valores que brindan al ciudadano un reconoci-miento sin complejo ni pretensión. El pueblo está unido en sus propósitos nacionales y partidistas, con lo cual demuestra la grandeza democrática, dentro de una visión unificada que fortalece la moral y el proyecto social. La existencia de partidos debidamente estructurados le permite a la Nación la claridad de sus acciones y un verdadero crecimiento político, demostrando que el ejercicio de la democracia está circunscrito con claridad en todos los niveles, dentro de los derechos y deberes ciudadanos con respeto absoluto por la ley. La educación democrática se desarrolla cultivando los valores cívicos; se exige el ejemplo como principio moral de quien ejerce la política y se observa con profundidad, la función que desarrollan frente a la sociedad; la fortaleza política no es otra que el poder del pueblo y sus expresiones, manteniendo como prioridad los intereses del Estado en el campo nacional e internacional.

En los países de América Latina, por su parte, han existido situaciones delicadas con gobernantes de elección popular dentro de sistemas democráticos; las acciones de gobierno de éstos dejan mucho que desear si se observan y confrontan en una apreciación democrática. El caso de Bolivia, que se manifiesta dentro de la lógica excluyente, en contra del pueblovoluntad del gobernante. En Nica-ragua, sus gobernantes abusan del poder y son moralmente reprocha-bles. Ecuador, con un gobierno egocéntrico y poco flexible al respeto y aceptación por las diferencias y a la participación ciudadana. Vene-zuela, orientado por un anti líder regional, que entorpece el ejercicio democrático, por sus ambiciones expansionistas y deteriora las relaciones de integración nacional con sus ciudadanos por la falta de atención de sus necesidades. Y Colombia, notoriamente perjudicada por el comprometimiento jurídico de algunos miembros de la clase política y del gobierno, que le distraen la atención e impiden la solución a los grandes problemas nacionales.

A pesar de que las actuales circunstancias generarán consecuencias se impone la imprevisibles, Colombia ha de-mostrado solidez en su Política Democrática en la región desde su primer proceso democrático desarrollado en 1914 con la elección del presidente José Vicente Concha. Al igual que otras naciones, ha sido frágil en su representatividad, la irresponsabilidad política de los actores y la falta de concertación para consensuar los graves proble-mas nacionales, son factores que el elector primario debe considerar para futuros comicios, partiendo de la exigencia de lograr una mayor libertad en los procesos electorales y ejerciendo verdadera-mente la soberanía en la elección de sus representantes. El país ha carecido de memoria y consciencia política en sus ciudadanos, quienes debe-rían exigir de sus elegidos el cumplimiento de sus obligaciones políticas.

La democracia ejercida con igual-dad, justicia, libertad, participación ciudadana en las decisiones políticas, respeto por la diferencia ideológica y los derechos humanos y manejada con transparencia por los gobernantes, genera confianza y mantiene una sociedad civil fuerte e integrada con el Estado que permite planear y ejecutar proyectos de desarrollo, organizados y sostenibles para acelerar el proceso de mejoramiento y modernización. Cuando el ciudadano es soberano en el poder, se hace responsable de las decisiones y de los efectos que ellas conllevan como producto de la soberanía. El ejercicio político de un Estado, inspirado en el sentimiento profundo de la responsabilidad desarrolla una verdadera Democracia Política.