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EDITORIAL
“La paz nace de la seguridad” y ésta, si se entiende en una concepción amplia como: “el estado de vida de una Nación en el que no existe amenaza a la soberanía ni a la integridad del territorio; en el que desde el interior no se atenta contra el normal ejercicio de la autoridad ni contra las instituciones, y en el que tanto las actividades públicas como las privadas pueden llevarse a cabo sin obstáculos que se opongan hacia más altos niveles de prosperidad”*, no es responsabilidad única de unas Fuerzas Militares y la Policía Nacional, sino de toda la sociedad, comprometida con los postulados de una Nación libre y soberana.
Ahora bien: La Seguridad Nacional es definida de manera tradicional, como las acciones destinadas a mantener la integridad y vigencia del Estado que conlleven a proteger la Nación frente a amenazas y riesgos, preservar la soberanía e independencia nacionales y la defensa del territorio, mantener la unidad nacional, el orden constitucional y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, defender de manera legítima al Estado respecto de otros Estados o sujetos de derecho internacional y preservar la democracia, fundada en el desarrollo económico, social y político del país y sus habitantes. Ante las realidades que vive Colombia con su entorno, cabe señalar la inmensa responsabilidad que les compete a los gobiernos de turno, de asegurarse que la conducción de las relaciones internacionales esté encaminada en todo tiempo y lugar, a preservar con auténtica visión y previsión futurista, los principios fundamentales y los fines esenciales del Estado, emanados de nuestra Carta Magna.
Sucede que, las relaciones con el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela parecieran transcurrir en aparente armonía, lo cual ha permitido que se estabilicen las relaciones comerciales en beneficio de los dos países; pero lo cierto es que el avance del socialismo siglo XXI no se detiene y preocupa, no tanto por la intimidación, como si por la perversa infiltración ideológica que se viene realizando de manera perseverante, en las zonas de nuestra frontera común y lo que es más alarmante: entre la población de menores recursos, de nuestras principales ciudades.
La presencia de poderosas naves de la Armada rusa en aguas del mar Caribe no preocupa por lo que pueda suceder en le marco de unos ejercicios binacionales con la Armada venezolana; pero cierto es, que estas expresiones de fuerza alientan una nueva expresión de guerra fría que es estimulada por el presidente Chávez, con el anhelo de sacarle el mayor provecho; lo que, quiérase o no, terminará por afectar de manera grave las relaciones con Colombia, así las altas esferas del gobierno, conocedoras de esta realidad, hagan esfuerzos por ocultarlo.
En el entre tanto, sigue su curso nuestra petición al señor Fiscal General de la Nación para que nos permita conocer los fundamentos jurídicos en que se basa el convenio firmado en el 2006 con el Ministro de Defensa de entonces y que para nuestro saber y entender es absolutamente inconstitucional. La respuesta que en su momento recibimos de uno de sus subalternos distrae la atención sobre lo fundamental de nuestro pedido. De la respuesta esperada, dependerá el curso de nuestras acciones.
* FELIPE QUERO RODILES. “Introducción a la teoría de la seguridad nacional”. Madrid, España, 1989, p. 36.
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