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Memorias
El recorrido de una persona a
lo largo del camino de la vida,
sin duda, deja una huella imborrable con base en la cual y, a pesar de las sombras dejadas por el paso de los años, un simple curioso con algo de interés, puede esbozar el esquema global de la película de alguien que vino al mundo con un propósito definido e hizo todo lo posible por cumplirlo.
Si su aporte mereció alguna consideración en el entorno social del cual hizo parte activa y los logros alcanzados a trascender los parámetros fijados por las aspiraciones propias o del establecimiento, se facilitará definir en primer término de quién se trata. Este es un requisito básico para obtener el rótulo de la figuración, para ser mencionado entre varios o entre muchos. Si las cosas se dan y existe la voluntad de seguir adelante, viene a continuación un proceso de conciliación entre el juego de intereses económicos principalmente y de otra índole que rodean e intervienen en el proceso previo a la toma de la decisión de escribir y publicar una biografía, por ejemplo.
Pero si se da un paso más adelante hasta encontrar el escenario donde se desenvuelve el término medio del género humano, nos encontramos con que se trata, ni más ni menos, de un alto porcentaje de la población. Allí se evidencia que es la suma de los aportes individuales lo que cuenta. Que la figuración existe y aunque es masiva tiene limitaciones. No es, precisamente este el terreno abonado en el cual se encuentre la materia prima para que en condición de personaje epónimo o algo parecido sea garantía de éxito en el campo de la publicidad y por consiguiente en el orden económico. De manera que ante la real imposibilidad de que alguien en la posteridad se ocupe de su biografía, personas con un elevado nivel de autoestima se animan y asumen en vida esta tarea a la cual comúnmente le dan el título de “Mis memorias”.
Es un bonito gesto no solamente para consigo mismo y su entorno familiar, también lo es para con sus compatriotas. Publicaciones de esta naturaleza le dan consistencia a la historia y llenan de orgullo a sus familiares y amigos y a quienes conociendo toda una trayectoria productiva, reconocen y aplauden los esfuerzos hechos por otro colombiano. Pero son muchos los casos de personas que pudiendo hacerlo, ya sea por sus logros, su experiencia, los recursos y la oportunidad, no se deciden a emprender el trabajo. Tal vez por falta de confianza en si mismo, el poco estímulo y el temor a dar un paso en falso en el sentido de escribir algo para que nadie lo lea. Pero así no se llega a ninguna parte. Hay que empezar y poco a poco ir dándole forma al trabajo, en la seguridad que de un momento a otro llega el entusiasmo.
Hablando del estímulo o más bien del desestímulo, en cualquier actividad humana y específicamente en la militar, que es a la que dedicamos toda la vida, con facilidad se pueden traer a la memoria recuerdos de los comentarios en el sentido, por ejemplo, de que el ponqué había sido demasiado grande para que lo disfrutara una sola persona. Esto para significar que en relato histórico de tal o cual operación trascendental, no se mencionaban ejecutorias de subalternos. Ni siquiera los hechos realmente destacados.
Y en ese mismo sentido, quienes se creyeron dueños de la pluma, en algunos casos llegaron a descalificar de antemano, digamos que si no a todos, si a la mayoría de quienes siendo depositarios de suficiente potencial esperaban la oportunidad de intervenir, de participar o de colaborar. Para corroborar esta afirmación y a materia de ejemplo y con un sano propósito de orden constructivo, comentó lo ocurrido en un acto del servicio de los que se pueden llamar de alto nivel. En una reunión de Oficiales de alta graduación que ocupaban cargos importantes, el también alto jefe que la presidía manifestó que en razón al momento que se estaba viviendo en el país, se hacía necesario emitir un comunicado en el que debería decirse lo siguiente, y acto seguido explicó cuál debía ser el contenido.
No fue claro, porque de entrada, se notó que quería quedar bien con todo el mundo, es decir, no quería comprometerse. Además, y de una manera hasta cierto punto despectiva, asumió escasez de competencia entre los asistentes para redactar el documento, enseguida seleccionó a dos para que lo escribieran, aclarando que ellos eran quienes entendían del asunto. Grave error, a mi manera de ver, por cuanto se hacía una discriminación sin ningún fundamento. Creo yo que el señor, si hubiera tenido la más mínima intención de aprovechar el caso como una oportunidad para tratar el tema en profundidad y también en la manera más conveniente de presentarlo a la opinión pública, ha debido optar por otro tipo de metodología. Tal vez comprometer a todos los asistentes en su elaboración. Pero eso si dando la o las ideas centrales con suficiente claridad. Luego escuchar, no sé, voluntarios al azar e ir haciendo la crítica constructiva correspondiente.
Días después fue publicado el bendito comunicado. Pero no el que fue elaborado esa noche, sino el que tenía preparado de antemano, el que le convenía. De este doble desplante el jefe a lo mejor no se dio cuenta por la costumbre que estaba cogiendo, de sentirse más cerca de Dios que de los hombres.
Ahora en relación con la participación en las muy pocas publicaciones escritas, la falta de motivación, de reconocimiento y especialmente de estímulo, eran también la constante. Algunas publicaciones se caracterizaban por un bajo perfil, su contenido realmente pobre, lo que las hacía poco atractivas. Como quiera que por esa misma razón se hacía necesario descartar algunas colaboraciones, al frustrado autor no se le daba a conocer la crítica constructiva de su trabajo, ni se le encausaba mediante una orientación bien intencionada, a seguir delante de esa labor intelectual, muchas de ellas desaparecieron. Y lo que es peor aun trabajos buenos pero a lo mejor sin el pulimiento final en razón a la falta de experiencia del autor, también debían tomar el camino corto hacia el archivo. Pero frente a la responsabilidad institucional de la divulgación doctrinaria en tal o cual medio impreso, se escuchó hablar de por lo menos un caso en el que el comandante asumió como articulista, jefe de redacción, editor, director y director emérito, saliendo del paso pero dejando el panorama tal cual como se viene describiendo.
Una buena prueba de lo que se viene afirmando es la cosecha de excelentes escritores que van apareciendo, casi siempre ya bien entrados los años de retiro. No digamos que solamente allí se pudieron zafar de la mordaza o que lo hacen por cuanto ya no están sometidos a las talanqueras de la censura. Sencillamente no tuvieron la oportunidad ni la motivación, nadie les dijo hagan esto o aquello y cuando lo hicieron, no recibieron una voz de aliento. En este mismo orden de ideas vale la pena destacar que en medio de estas nuevas generaciones más de uno ha alcanzado altos niveles de calidad en sus publicaciones y se ha hecho acreedor a menciones y reconocimientos.
La experiencia ha demostrado, una y otra vez, que en la consolidación de un determinado personaje en el llamado campo de las letras, influyen además de su bagaje cultural y su propio ego, el círculo de adulación y aduladores que a su alrededor se va formando. El aroma del incienso de que casi siempre es objeto, sumado al elogio y al comentario repetitivo ponderando uno u otro logro, termina por hacerlo creer que como él, no hay otro y que es inútil que alguien trate siquiera de alcanzarlo. E inclusive que quien intente hacerlo debería recibir su merecido. Ojalá quienes se vienen abriendo camino en este atractivo campo del saber no se dejen manosear por este embeleco. No obstante, y a pesar de estas y otras debilidades, algunas personas, que merecen mi respeto, se las han arreglado para surgir y erigirse sobre la fortaleza de sus propios méritos. Me descubro ante ellos.
A esto habría que arreglarle para completar, que en el medio civil existe una apreciación equivocada en el sentido de creer y hacer creer que la dura y austera vida de cuartel es excluyente en lo que al estudio y al campo intelectual se refiere, lo cual no es cierto. Pero esta especie de oscurantismo lo pretenden complementar al dar por descontado que a los militares, como les es prohibido intervenir en política, lo que en la práctica equivale a colocarle al personal en armas una venda que le impida ver y conocer la realidad nacional, se les margina de un extenso e importantísimo campo del saber. El impedimento constitucional es, únicamente, para la política partidista. Todo lo demás hay que conocerlo a fondo y con suficiente detalle, so pena de quedar condenado eternamente a navegar en el mar de la ignorancia.
En el caso que alguien decida asumir el reto de escribir sus memorias, debe hacerlo con fe y suficientemente convencido de que está siendo honesto consigo mismo al dejar conocer sus merecimientos personales y profesionales y someter sus ejecutorias y su vida, en general, a un escrutinio del cual no hay duda habrá de salir bien librado. Es recomendable, además, hacerlo con orgullo y con adecuado toque de satisfacción y teniendo siempre presente que la modestia, entendida como la virtud moderadora del accionar humano, no se convierta en impedimento para decir las cosas como son.
Del proceso de reflexión personal e interesado le va dando forma al perfil con base en el cual pueda esbozar, uno tras otro, los episodios destacados de su vida. Su pequeña historia. Allí entra a jugar el buen juicio, el sentido común. Solamente se entra a considerar lo importante, lo verdaderamente destacado, lo que sea compatible con la gran historia de la que todos formamos parte de alguna manera. Es decir, también entra en juego el concepto de narración fiel y ordenada.
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Brigadier General
ALIRIO ALVARADO HERNANDEZ
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