CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

Reflexiones estratégicas: Sobre la doctrina conjunta en la guerra irregular

 

En la doctrina conjunta vigente, las operaciones conjuntas en la guerra irregular están definidas en el reglamento de operaciones en combate irregular como: “aquellas realizadas por parte de dos o más fuerzas, bajo un solo comando; enmarcadas dentro de una organización transitoria que busca lograr objetivos específicos limitados”.

Partiendo entonces de esta definición podemos afirmar que se requieren cuatro condiciones para que la organización sea llamada conjunta: primero que contenga elementos de maniobra de dos o más Fuerzas; segundo que sea transitoria; tercero que esté bajo un mismo comando; cuarto que contenga un objetivo específico y limitado.

En teoría, las operaciones conjuntas se organizan para perseguir un objetivo, en cuyo planeamiento se requiere mucha coordinación, integración del esfuerzo, dirección centralizada y un excelente conocimiento de las capacidades y misiones que cumple cada uno de los componentes; pero fundamentalmente se insiste en la coordinación, disciplina y consideración. Basta verificar cómo se aplica por ejemplo por las Fuerzas de Defensa Israelí en la “Operación Plomo Solido” contra la organización terrorista de HAMAS .

Aplicado esto a la actual realidad Colombiana podemos decir que se ha cumplido y que como ejemplo podríamos hacer un recuento de los magníficos éxitos en la aplicación de la estrategia vigente; sin embargo y demostrada la bondad de esta doctrina, merece, a mi juicio, fortalecer aun más la educación militar en esta vía, que nos permita funcionar sincronizada y eficientemente, optimizando los recursos disponibles para el esfuerzo de defensa y la seguridad democrática, frente a la situación de crisis económica mundial que habrá de afectarnos y que de ninguna manera deberá hacernos disminuir el esfuerzo en la búsqueda de la derrota del terrorismo, del narcotráfico y de las organizaciones que de ella se desprenden.

Vale la pena tener en cuenta los niveles de autoridad que existen y que facilitan la acción de comando para trabajos de naturaleza conjunta vigentes en la doctrina militar colombiana:

Control operacional: Es inherente a la condición de acción “conjunta” y significa de acuerdo con nuestra doctrina una “atribución dada a determinados comandos de las Fuerzas Militares, para ordenar cambios en la organización para el combate, asignación de objetivos tácticos, modificación de dispositivos, pero no incluye responsabilidad administrativa, disciplina y entrenamiento”. De acuerdo a la doctrina americana, el control operacional es autoridad delegada y ejercida por los escalones subordinados al escalón que delega o transfiere.

Mando Operacional: Forma delegada del mando que autoriza a quien lo ejerce, para asignar misiones, redistribuir fuerzas y delegar control operacional en organizaciones subordinadas, que sin incluir responsabilidad administrativa o logística, sí es autoridad directiva en estos campos.

Comando: Organización militar bajo la responsabilidad de un comandante.

Agregar: Destinar unidades o personal con carácter temporal a una organización ya establecida.

A todo esto deberíamos sumar, como elemento fundamental de la moral, el conocimiento necesario y manejo de los Derechos Humanos, Derecho Internacional para los conflictos armados, protocolos vigentes, etc., a fin de transformar el manejo, aplicación y uso de estas herramientas en doctrina conjunta que haga a las Fuerzas más legítimas y solidarias, fortaleciendo así la moral de combate y la defensa de nuestros hombres, especialmente a los comandantes en todos los niveles del mando.

Con la claridad de los anteriores conceptos atinentes al mando, cadena de comando, etc., partimos de esos presupuestos que permiten el normal desarrollo de las operaciones conjuntas de tal forma que el esfuerzo hecho por los componentes se canalice en beneficio de la misión.

La Segunda Guerra del Golfo cobró particular valor el empleo de las operaciones conjuntas. A pesar de tratarse de un conflicto de carácter regular, se erige como ejemplo válido dado que el flujo de las operaciones, los apoyos de combate, el control sobre territorio enemigo, manejo de población, entre otros. Ameritó un planeamiento detallado y cuidadoso, evento por evento que permitió optimizar el recurso humano y el recurso material, minimizando costos y potencializando más las capacidades de cada componente; poniendo a prueba el entrenamiento, el conocimiento, la disciplina, la unidad de criterios y objetivos de la máquina de guerra más poderosa del mundo como en efecto lo es el Ejército estadounidense.

Las operaciones conjuntas requieren alta coordinación, identificación, y disciplina; dejar de lado el celo institucional, tener conciencia de su importancia para que el aporte sea el adecuado por parte de cada componente en aras de la misión que se persigue; unidad de criterios y una misma doctrina, un liderazgo estratégico que garantice el éxito. Todo ello debe partir de dos premisas: voluntad y educación..

La voluntad, proviene como en efecto ocurre, del direccionamiento del alto gobierno materializado en la Política de Seguridad Democrática y en la Política de Consolidación de la misma; en cuanto a la educación, y con miras a lograr esta identificación, no basta con tener claridad en la doctrina, se requiere mucho entrenamiento de Estado Mayor Conjunto, educación más de eficiencia colectiva de equipo de trabajo y menos de competencia en lo personal; se necesita conciencia “conjunta”, que sencillamente debe iniciar en nuestras escuelas de formación y de capacitación, hasta culminar en la Escuela Superior de Guerra, en donde se deberá conjugar en los mayores niveles, el criterio de empleo de los componentes de manera sencilla profesional y armoniosa.

Hay operaciones fundamentalmente terrestres, como las ofensivas de contraguerrillas que requieren del apoyo aerotáctico muy puntual y exacto y en ello se tienen en cuenta detalles como, equipos de comunicación compatibles, claves, códigos de seguridad, control aéreo, señales de humo, un mismo lenguaje, una completa integración del comandante terrestre con el piloto al mando, dirección expedita del fuego, rápida ubicación e identificación de las propias tropas, en fin un sin número de actividades y coordinaciones que bien armonizadas en el planeamiento conjunto al nivel del Estado Mayor (nivel operativo) arrojan la efectividad y la eficacia. Hemos mejorado como se evidencia en los resultados logrados en operaciones tan significativas como las adelantadas por la Fuerza de Tarea Omega o en algunas divisiones sin adentrarnos en operaciones especiales conjuntas que han arrojado resultados positivos como la baja del terrorista “Raúl Reyes”, la liberación de Cundinamarca.

Un elemento clave a tener en cuenta será la responsabilidad. Este parece ser uno de los puntos más sensibles en las operaciones conjuntas; por ello, vale la pena determinar con claridad el mando. Este mando implica autoridad o sea poder decisorio para el empleo de medios, planeamiento, control y responsabilidad en la rendición de cuentas al comando superior, definición precisa de roles para evitar celos institucionales y duplicidad del esfuerzo. Ésta sin duda fue, la filosofía de la activación de los comandos conjuntos, que a la postre fueron mal vistos y vilipendiados por físico desconocimiento o por temor a perder protagonismo.

Todo lo anterior es factible de alcanzarse, pero repito fortalecidos en la voluntad y en la educación que deberá notarse en todos los niveles de mando que a la par con temas como el de los DDHH, DICA, aplicación de normas vigentes, reglas de enfrentamiento y solidaridad, repercutirán en la obtención de resultados y en el fortalecimiento de la moral del soldado.

En resumen, las operaciones conjuntas son en definitiva cruciales y básicas en una guerra como la que actualmente se libra en Colombia; con mayor razón en el punto casi de quiebre al que se ha hecho llegar la amenaza. No solo son la clave de la eficacia de unas Fuerzas Armadas, si no que es la base para economizar y optimizar los recursos que la Nación provee para garantizar la victoria y la preservación. Una guerra se maneja a semejanza de una orquesta, con sonidos agudos y graves que dirigidos por un maestro, producen una melodía; así, la batalla se conduce con unidad de mando, de doctrina, de autoridad en el manejo de los componentes de cada Fuerza con impecable armonía, que sea capaz de producir los triunfos militares para alcanzar los objetivos políticos que se persiguen; en este caso la paz y la Consolidación de la Seguridad Democrática.

 

 

Mayor General
HERNANDO ORTÍZ RODRÍGUEZ

Magister en Seguridad y
Defensa Nacional