|
|
Reflexiones estratégicas sobre las Farc
En agosto de 2008 tuve la oportunidad de escribir en nuestra revista ECOS sobre las Farc y su futuro. A la luz de lo que ha sucedido desde entonces, podemos asegurar que de la publicación de alias ‘Alfonso Cano’ titulada ”Renacer revolucionario de las masas”, sólo queda una estrategia defensiva y de supervivencia que se ubica en el primer estadio de la guerra de guerrillas, con el uso de técnicas terroristas como los campos minados y emboscadas a la Fuerza Pública, que sin embargo no les ha permitido efectos estratégicos.
Conscientes -como lo reconoce Cano-, del retroceso en el campo militar, las Farc han hecho un enorme esfuerzo en lo político para neutralizar el objetivo estatal de aislarlos de la población. En consecuencia optaron por las liberaciones unilaterales de secuestrados, cada una de las cuales montadas con un “show” cuyo fondo no es otro que mostrarle al mundo que están en posición de ejecutar actos de carácter “humanitario”, los cuales ante la sociedad hacen ver al gobierno como el ‘malo’, y su gesto como altruista y válido.
Sin embargo, esta afanosa búsqueda de legitimidad riñe con la torpeza del terrorismo que afecta necesariamente a la población, como el caso de la matanza de indígenas de la etnia Awa, que si bien los desprestigia, también les ha facilitado el uso y el intento de manipulación de la información hacia la opinión pública, que no está suficientemente bien enterada.
Las Farc también ganan oxígeno con la polarización política que viene sufriendo el país como consecuencia de la posibilidad de una nueva reelección presidencial porque cada acto de gobierno se descalifica y se cataloga como populismo u oportunismo; cada acción de la Fuerza Pública es escrutada y difamada, buscando su desprestigio frente al pueblo, y se hace cierto que cualquier candidato que quiera competir, miembro o no de un partido, estará sin opción.
Hábilmente se viene -a través de muchos interesados en el interior de la arena política colombiana- haciéndoles el juego de un lado, y de otro oposición al Gobierno, sacando ventaja de la familiaridad que en el campo internacional tienen las Farc con los países miembros del foro de Sao Paulo y, en concreto, con funcionarios de los gobiernos vecinos de Venezuela y Ecuador, quienes, muy seguramente con la anuencia de sus gobernantes, hacen lo imposible por neutralizar y aislar nuestro país en la región, sin importar que sus acciones ante la opinión pública internacional sean las de cooperación e integración. Esta perversidad lo único que favorece son los contactos de la banda narcoterrorista con las mafias de la droga y el mercado negro de armas para fortalecerse en estos renglones.
Es previsible que las Farc, lideradas por Cano, quieran seguir impulsando esta tendencia, mostrándose amigos del diálogo, que no son enemigos del pueblo pero que solo buscan ganar espacio político que los recupere y les permita maniobrar en lo militar, lo cual no dudamos en creer que se verá mejor cuando el país quede inmerso en el tema de las elecciones de 2010 y se distraiga, en una maniobra que los reviva, solamente con el uso del terrorismo en lo táctico y las liberaciones a cuentagotas, en lo político.
Es posible que frente al daño ocasionado por el Estado y sus Fuerzas Armadas en cumplimiento de la Política de Seguridad Demo-crática y de la Política de Consoli-dación, las Farc pretendan mutar como mecanismo de defensa a una organización mas pequeña, mas compartimentada, oxigenada al otro lado de las fronteras, sólida econó-micamente como consecuencia del narcotráfico, usando al máximo su intacta capacidad terrorista, buscando el fortalecimiento político a costa de los secuestrados que aún mantienen y del estímulo del des-gaste que para el Gobierno y el Estado implican los espinosos temas del acuerdo humanitario, falsos positivos, corrupción mediática, crisis económica, ‘parapolítica’, que se pueden manipular y buscan generar pérdida de apoyo de la población.
En el fondo la intención del nuevo cabecilla es simple-mente la búsqueda de la recuperación de la legitimidad e imagen, a costa de tran-quilizar la opinión pública por medio de ONG simpatizantes que harán ver la necesidad de acuerdos, humanización del conflicto, discusiones de zonas de encuentro o disten-sión. Esto, sin duda, les permitirá espacio para recuperar la estructura militar, el mando y el control, para ser usados ampliamente, como ya lo dijimos, durante el tiempo de campaña electoral y la carrera por la Presidencia. Aquí vale la pena recordar la frase de Hervé Morin, ministro de defensa francés, en referencia a la pérdida de soberanía: “ Hay dos maneras de perder la soberanía: el desarme (es lo que las Farc buscan) y el sobreendeu-damiento”.
Cuando organizaciones estatales se pronuncian en declaraciones o fallos, como el reciente del Consejo de Estado, con la prohibición de emplear los soldados regulares en misiones de combate ( a la fecha aún no se conoce el contenido del fallo), estimulan, así sea indirec-tamente, la lucha política de las organizaciones narcoterroristas como las Farc, que ven una luz de maniobra al inmovilizar el Ejército Nacional en buen número y que fundamentalmente es utilizado en un centro de gravedad de prioridad, como lo es el control territorial. Esto habría hecho colapsar en buena medida las milicias y, de contera, quitándole el apoyo de la población, lo que significa su derrota en todos los campos. Es, simplemente y sin ningún esfuerzo, recuperar el tiempo y el espacio perdido.
Eso traduce que aún con la voluntad política del Ejecutivo, reflejada en la Política de Seguridad Democrática (PSD), un Estado en que las ramas del poder no son conscientes de la defensa y agresión que ese Estado sufre por dichas organizaciones, no verá frutos mientras alguno de sus componentes eluda la respon-sabilidad o no quiera defenderse. En buena medida esas conductas reiterativas en los últimos 45 años en todas las ramas, explican la perduración del conflicto y el dolor que en la familia colombiana se ha causado.
De otro lado, es menester que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, sigan vigorosamente empeñadas en la ejecución de planes diseñados como estrategia que permita seguir debilitándolos de manera continua, sostenida y simultánea, que con sus acciones limpias, transparentes y legítimas, alcance no solo el repliegue y debilitamiento de la amenaza, sino la única alternativa que es la obligación de negociar políticamente a favor del Estado, que sin mayores dificultades nos lleve a la paz estable y duradera.
En las acciones efectivas de la Fuerzas Armadas tiene que enfatizarse más, aún, la acción integral, soportada por acciones tangibles y creíbles del Estado, como los programas que apuntan a estimular la dejación de las armas, recompensas por informaciones, desmovili-zaciones masivas, readapta-ción de ex integrantes de bandas terroristas, generación de empleos, salud, justicia sin sesgo, reinserción social y el regreso de desplazados a sus lugares de origen que aceleren el proceso de retroceso de estos grupos.
Finalmente, la reflexión para salir del atolladero sigue siendo poner en práctica lo aprendido en nuestras escuelas de combate y que muy acertada y sabiamente encontra-mos como consigna en nuestro manual de contraguerrillas: “Perse-verancia, paciencia y voluntad de vencer”, aplicable en cualquier nivel estratégico, táctico o político para alcanzar la victoria.
|
 |

Mayor General HERNADO ORTÍZ RODRÍGUEZ
Decano Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, Universidad Militar Nueva Granada
|