CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

Seguridad colectiva de naturaleza democrática

Es digna de apoyo la iniciativa de los directivos de la Revista ECOS de propender por el análisis entre los miembros del Cuerpo de Generales y Almirantes de la Reserva Activa sobre la Seguridad Regional y las implicaciones que sobre ella tienen las diferentes decisiones de orden geopolítico y militar que se han dado dentro de la actual coyuntura, las cuales confirman la impredecibilidad del comportamiento humano y de la política, a la vez que insinúan la necesidad de unas Fuerzas Militares más educadas políticamente, incremento de la diplomacia castrense y creciente capacidad para actuar racionalmente en tales circunstancias. 

La cercana celebración del bicentenario de nuestra independencia y la de otros países hermanos le otorga mayor fuerza y vigencia a la idea, mas cuando ella es coherente con el preámbulo de la Constitución o carta política de nuestro país, el cual contempla el “…fin de fortalecer la unidad de la Nación (….) dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana”.  Además, éste propósito interpreta la tendencia de globalización y mundialización en que vivimos y constituye guía para no caer en la trampa del corto plazo y las motivaciones de intereses extraños que deberían estar subordinados al bienestar de las sociedades que conforman las naciones de la región.

Hace unos años, durante un formidable encuentro en Santiago de Chile para narrar experiencias y discutir propuestas de militares y civiles acerca del rol de las Fuerzas Armadas en el siglo XXI, presenté una ponencia titulada “Para que una utopía sea posible”. En ella se habló de la importancia de la integración, de la necesidad de construir una visión de futuro compartido y de acciones para avanzar en el logro de una región más unida, progresista y solidaria. Soy un convencido de que la integración es rentable para la sociedad en general, factible en el mediano plazo, aceptable dentro del respeto a las diferencias y conducente a un estado superior de paz, desarrollo, justicia y armonía. Para ello se necesita, claro está, cono-cimiento y discusión amplia, decisión política, medidas de confianza y tiempo.

Construir esa visión exige acuerdos previos sobre las oportunidades comunes y los riesgos previsibles en el largo, corto y mediano plazo. Por ello recordaba a Gorbachov, cuando afirmaba que los principales retos para la humanidad en el presente siglo serán la pobreza, la inseguridad y el  deterioro del ecosistema.  Nosotros, las sociedades de la región, somos contributivos a tales riesgos y, por lo tanto,  debemos ser parte de la solución. Dentro de tal esquema, las Fuerzas Militares deben jugar un papel protagónico, para el cual señalé cinco áreas de trabajo:

·Consolidación democrática y fortalecimiento de las instituciones.
·Cooperación ante intereses comunes y discusión razonada ante los factores de competencia.
· Énfasis en relaciones comerciales más productivas y equitativas.
·Seguridad colectiva, de naturaleza democrática.
·Reestructuración de las Instituciones Militares

Mi propuesta persiste pero la fuerza de los acontecimientos actuales hace que su aplicabilidad parezca diluirse en el tiempo. La situación geopolítica de la región, la equivocada interpretación de las motivaciones y alcances del Plan Colombia, la Revolución Bolivariana y el Socialismo Siglo XXI, las acciones de los grupos subversivos colombianos en las fronteras, el proyecto de acuerdo entre Colombia y Estados unidos sobre cooperación bilateral y el uso compartido de bases militares, entre otros hechos, han acentuado la animosidad y priorizado lo coyuntural sobre lo trascendente y fundamental.  La actitud del ganar-perder, le está ganando la partida al deseable la compromiso histórico del ganar-compromiso histórico del ganar-ganar, y con ello estamos perdiendo todos los habitantes de la región.

Curiosamente, y en contra del discurso cotidiano, todo ello contribuye a ponerle el palo a la rueda al laudable propósito de disminuir las brechas socio-económicas que nos aquejan, mejorar la prevención social, alcanzar mejores niveles de seguridad y obtener el cabal desarrollo de nuestras potencialidades regionales.

Aun estamos alineados con el concepto de seguridad construido como consecuencia de la guerra fría. Entendemos la seguridad como la “Condición en que los Estados consideran que no existe el peligro de ataque militar, presión política o coerción económica, de manera que puedan seguir libremente su propio desarrollo o progreso”. Parece que nos da temor mirar otros referentes, donde el concepto se fundamente en la categoría de Bien Público que propicia las condiciones estructurales necesarias para la vida digna, el ejercicio de las responsabilidades humanas y el goce pleno de las libertades democráticas, en un ambiente de desarrollo armónico.

Es comúnmente aceptado que un Estado es plenamente seguro, solo cuando está en medio de Estados seguros. Desafortunadamente, la realidad de la región es que compartimos la calidad de Estados inseguros y ello es un obstáculo evidente para la integración regional y la seguridad colectiva. Ante las realidades del terrorismo, el tráfico de estupefacientes, el comercio ilícito de armas, los capitales ilegales y las migraciones, las Fuerzas Armadas de nuestros países deben hacer esfuerzos para superar los temores y recelos en aras de la estabilidad y de fortalecer la cooperación bilateral, regional y hemisférica.

Para referirme solo a uno de los factores desestabilizadores, el acuerdo de cooperación bilateral en proceso, entre los gobiernos de  Colombia y Estados Unidos, no debería verse con suspicacia ni con temor por parte de los países vecinos. Él es consecuente con el principio de corresponsabilidad en el tema de la producción y consumo de sustancias psicotrópicas que Colombia adujo ante la Organización de Naciones Unidas y que fue respaldado por el concierto de las naciones latinoamericanas. Es un potencial acuerdo para enfrentar una amenaza común que golpea a la especie humana, cuya solución es responsabilidad de todas las naciones involucradas en la producción, tráfico, consumo y aprovechamiento de los réditos financieros.

Para que la estrategia de seguridad colectiva regional sea coherente, disuasiva y creíble, se necesita sacarla de la concepción netamente bélica, ampliar su espectro y entender la situación en la complejidad de sus causales y la dinámica que ellas generan.  Debemos competir y cooperar al mismo tiempo, dentro de las especificidades, intereses y oportunidades de cada momento, dentro de una conectividad indispensable para crear cadenas de valor e integración en la región. Esta nueva visión no excluye el campo de la seguridad.  Bien al contrario, la hermandad que caracteriza las Fuerzas Militares de Latinoamérica es una ventana de oportunidad que puede jalonar el camino hacia una mayor integración regional.

El ambiente de inestabilidad y tensión que estamos viviendo se convierte en riesgo para la seguridad de la región. Ello, de persistir en el tiempo, limitará nuestras oportunidades de desarrollo real y negará a nuestras instituciones militares las posibilidades de intensificar su esfuerzo en tareas más benéficas que se reflejen en la construcción y consolidación de la integración regional y la seguridad colectiva. La supervivencia y desarrollo de los Estados no puede fincarse en las amenazas externas, sino en el conocimiento de las debilidades comunes y de las propias realidades políticas, económicas y sociales.

Mi propuesta está encaminada a crear en el Cuerpo de Generales y almirantes de la Reserva Activa de Colombia, en consuno con organizaciones similares en los países de la región, redes virtuales con la participación de militares en actividad y en retiro, universidades, centros de investigación, entidades estatales organizaciones no gubernamentales con mentalidad patriótica y prospectiva, para avanzar en la integración y disminuir el eco de las actitudes a veces miopes o irresponsables, a veces camorristas de algunos sectores de opinión. El éxito de tal iniciativa  podría contribuir a una nueva concepción de Fuerzas Militares más efectivas para apoyar la aplicación de las políticas públicas, que vayan más allá de la protección de un territorio o al respaldo incondicional a gobiernos o a posiciones políticas de coyuntura y llegar a alcanzar un mayor compromiso con lo que ordenan las cartas políticas de nuestros países en lo referente a la obtención de un orden justo, la protección de la dignidad humana, la paz, la conservación del medio ambiente y el logro de una mejor calidad de vida para todos los seres humanos que debemos proteger. La ocasión del bicentenario podría ser una oportunidad digna de ser analizada.

 

 

Mayor General HENRY MEDINA URIBE
Presidente de ASOCACI