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España, el rey y sus vasallos
Formalmente el Imperio iniciaría su existencia en Guanahaní, esa isla remota e ignorada que encontraría el Descubridor en su intrépido viaje tras la búsqueda de Cipayo al que no llegó, pues en lugar de este se encontraría con un continente. Y del hallazgo dejó constancia en su diario: “… y dixo que le dieran por fe y testimonio cómo él por ante todas tomava, como de hecho tomó, possession de la dicha isla por el Rey e por la Reina sus señores..” Y en el mismo diario, fechado dos meses después, anotó dos palabras premonitorias de lo que acontecería: oro y sojuzgar2. El vasallaje, entonces, también se inició. Duraría más de tres siglos.
Desde entonces hemos dicho que con Colón llegó España y con ella la civilización de la mano del cristianismo; aunque debemos agregar que también llegaron el exterminio y la esclavitud, la explotación y después…, un largo después…. La libertad. Entre la primera derrota hispana proferida por los nativos en el Fuerte Navidad emplazado por el propio Colón*, y la propinada por los criollos en el valle del “Rincón de los Muertos” a los pies del “Condorcanqui”***, transcurrirían trescientos treinta y un años de exclusión durante los cuales siempre se hallarían presentes las ansia de igualdad y libertad.
Una somera visión retrospectiva sobre la situación social, económica y política del imperio español en el llamado “Siglo de las Luces”, de tanta incidencia en los acontecimientos universales que a la postre influirían en nuestra independencia, se hace necesario a fin de ubicar en un apropiado contexto un hecho de inmensa trascendencia histórica. El siglo XVIII se inicia para España con la irrupción de la “Guerra de Sucesión”, enfrentamiento entre los pretendientes de las casas Hasburgo y Borbón por los derechos al trono ibérico, desarrollada por más de una década y que comprometerían a varias potencias europeas, produciendo un nuevo desgaste, a los ya presentes, en un imperio en el ocaso. De resultas de los tratados de Utrecht ( 1713) se reconoció al aspirante Borbón, Felipe V, como Rey de España, sin perjuicio de la pérdida de Gibaltrar y transitoriamente Menorca, y algunos ajustes, en detrimento ibérico, de posesiones coloniales en el Caribe, incrementando así su encono con Inglaterra, que se extendería a lo largo de la centuria, y provocando a la vez una dependencia, en todos los efectos, de Francia, origen de la nueva dinastía reinante.
España afloraba al siglo XVIII cargando con las nostalgias que le producía el recuerdo de las glorias, ya perdidas, adquiridas en el pasado. El siglo precedente, el XVII, anota Payne, fue para España, “algo más que una época de simple estancamiento, fue una época de declive general. Además la sociedad y las culturas mostraron síntomas de decadencia en el sentido estricto del término”.3 Sociedad como tal, presentaba un deplorable estancamiento pues en tanto que la burguesía – particularmente la económica- crecía en otros países de Europa entrando a disputar el poder, la española avanzaba tímidamente, prefiriendo ingresar a la burocracia estatal que podría presentarle mejores dividendos. Se trataba de un comportamiento arcaico, herencia del feudalismo, que Miguel de Cervantes definió en su momento: “más vale casa de Rey, que merced de señor” de una población mayoritariamente empobrecida y que en algunas regiones deprimidas había requerido de centurias para pasar del “lacayismo” al “vasallaje” y de este, tan sólo una porción de ella, a ingresar tardíamente en la burguesía.
Cuan presente estuvo España en esa transformación de conciencias que provocó el Siglo XVIII o Siglo de las Luces? Qué tanto se compenetró con los cambios y reformas que en la vida interna de los Estados se producían como consecuencia de la Ilustración? Fueron sus monarcas de esa centuria exponentes del “despotismo ilustrado” propio de la mayoría de sus pares, esa especie de “revolución desde arriba”, sin participación popular ni burguesa? Pudo haber ocurrido, pero sin la fuerza en que se presentaba en su entorno, salvo con la excepción del reinado de Carlos III, caracterizado por su interés en elevar los niveles económicos y culturales y el desarrollo de las obras públicas todo ello gracias a su dinamismo y al concurso de eficientes ministros, entre los cuales se destacó el conde de Aranda, hombre visionario cercano a la Ilustración y la Enciclopedia, tan en boga entonces, y que no sólo presagió la independencia de las colonias españolas sino también lo que representaría en el sistema internacional el surgimiento de los Estados Unidos.***
Pretendiendo recuperar el antiguo posicionamiento del reino como protagonista de la política europea y universal, Felipe V intentó la reconquista de las posesiones italianas de antaño, iniciando en el plano militar un constante accionar, continuado por sus sucesores, a tal extremo que no hubo década del Siglo XVIII en que España no se viera envuelta en confrontaciones bélicas que tuvieron efectos en sus colonias. Siempre a remolque de los intereses de Francia, España simpatizó con la causa independentista norteamericana provocando una más de sus varias guerras con Inglaterra, con un resultado muy grave, como lo había previsto Aranda, para la integridad del Imperio español ya que los razonamientos de la rebeldía que culminaron con la independencia de los Estados Unidos pronto llegarían aquí, auspiciados por los ingleses, en una especie de revancha que llevaba implícita la aspiración británica de suceder a España en el control, al menos comercial, de los futuros Estados latinoamericanos. A la errática política internacional española habría que agregar los efectos del denominado “Pacto de familia” que implicaba la solidaridad hispánica con los monarcas reinantes en otros países de Europa pertenecientes a la misma dinastía borbónica; ello explica el ingreso de España a la Primera Coalición creada contra la Francia republicana.
1 Anotación del diario de Colón, primer viaje, insertó en “Diario, Relaciones de Viajes” SARPG, 1985; Madrid, pág. 42
2 Ibídem, anotación del miércoles 26 de diciembre, págs. 121 y 122
* 16 de enero de 1493. Tras haber encallado la “Santa María”, Colón regresó a España, dejando una pequeña guarnición en el Fuerte Navidad, fundado por él y destruido poco después por los indígenas.
** 9 diciembre de 1824 cerca del poblado de Quinua, Perú en el llano cuyo nombre en quechua, -Ayacucho- significa “Rincón de los Muertos” se libró la batalla que selló la independencia americana.
3 PAYNE Stanly G., “la España Imperial”, Editorial Playor, Madrid 1994; Págs. 159-160.
4Quijote; I,39; citado en Historia Universal, circula de lectores, vol. 7; Printer Colombiana S.A., Bogotá; Pág. 35.
***En la “Memoria muy reservada” que Aranda dirigió a Carlos III, le advierte del error político que se cometió al favorecer la causa independentista de las colonias norteamericanas, agregando su propuesta de crear, en cabeza de príncipes de la casa real española, reinos en la América Hispana, con lo cual se mantendría vigente la incidencia de la metrópoli; una especie de comunidad hispana de naciones.
He aquí la situación de España en vísperas de provocarse acontecimientos de origen internacional que incidirían en su inmediato futuro y en el de sus colonias de ultramar.
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Coronel GUSTAVO ROSALES ARIZA
Director Instituto Estudios Geoestratégicos y Asuntos Políticos UMNG
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