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In Memoriam
General Raúl Alberto Paredes Diago
Hoy concurren a esta hermosa capilla corazones adoloridos por la partida del señor General Raúl Alberto Paredes Diago, uno de los líderes mas insignes de la Fuerza Aérea, quien nos deja recuerdos muy gratos de su vida ejemplar. Militar egregio, ciudadano intachable, familiar insuperable.
Se ha alejado de la vida como los grandes. Discreto y valeroso, al lado de su esposa que tanto amó y de los suyos, rindió su tributo a la muerte, después de enfrentar sin queja una enfermedad con dolores sin medida.
Deben saber Marielita, artífice de sus logros, su hijo Pablo, sus nietos María Fernanda, Andrés Eduardo, Felipe, Juan Pablo, Manuela y Alejandro , su bisnieto Daniel y demás familia, que su aflicción también es nuestra.
Aunque toda vida humana es un combate incesante e inútil contra la muerte, hoy con el corazón atribulado nos cuesta trabajo aceptar tan dura realidad.
Esculpido a cincel por su propia voluntad, sin más patrocinio que el de sus propias condiciones, fue el arquitecto de su propio destino. Nunca dejó de enriquecer su patrimonio espiritual.
La causa del General Paredes fue la Fuerza Aérea. Inteligente, austero, de mente aguda y visionaria, desde los primeros peldaños en su carrera militar cumplió su tarea con el entusiasmo que motivan las causas nobles y así prosiguió su camino sin descanso, iluminado por el resplandor de un compromiso. Valores como la responsabilidad, la autenticidad, la gratitud, la bondad, la amistad y tantos otros, hacían parte de sí mismo; eran su modo de vida al igual que su señorío, caballerosidad y don de gentes.
De qué modo fue encomiable y ejemplarizante el recorrido vital que cumplió con pulquérrimo decoro y admirables atributos; percibió para qué se sirve en la Aviación Militar y puso todas sus facultades para ser fiel al juramento. Aglutinaba las voluntades con el ejemplo de su vida misma. Su lucidez, entusiasmo y capacidad de razonamiento le permitió situarse en cimas admirables de distinción para ser útil a su Institución sin estridencias ni alardes.
Sirvió en la mayoría de Bases Aéreas de su época. Calificado piloto, desde su carlinga frente al infinito, vivió el encanto del vuelo en esa aventura prodigiosa que es la aviación.
Por once años estuvo ligado a la Escuela Militar de Aviación, modelando conciencias, inspirando y señalando rumbos a la juventud para orientar sus pasos como auténticos y silenciosos servidores de la Patria.
Como humanista que fue le apasionaba la academia. Lector insaciable, fue por sobretodo un pensador excepcional. De pluma impecable y profusa, sus escritos constituyen un legado.
Durante sus cuatro años como Comandante de la Fuerza y como está consignado en las memorias de la FAC se consiguieron muy importantes logros en todos los campos debido a su gran capacidad de conducción y mando propios de sus condiciones de liderazgo, del apoyo de su gente como del Comando General y Ministerio de Defensa.
A través de su vida recibió los triunfos, alabanzas y glorias con proverbial modestia. Las penas, dolores y desengaños que depara la vida, los aceptó en silencio. No tenía espacio para resentimientos.
No se concedió descanso, pues para él toda hora llegaba con un deber y en su retiro se entregó con ardor a la Fundación Solidaridad por Colombia, de la cual fue director ejecutivo por catorce años. Hizo lo propio como Presidente de Asorfac, y del Cuerpo de Generales y Almirantes en Retiro, donde desarrolló numerosos estudios sobre la paz, en su honda preocupación por la suerte del país.
Hasta sus últimos días estuvo espiritualmente atado al acontecer de la Fuerza Aérea, regocijándose con sus triunfos y acompañándola en sus duelos y dificultades.
Su familia fue el tesoro que le deparó la vida a la que entregó todos sus afectos y cuidó con esmero. Su hogar era su oasis, su fuente de inspiración donde recibió cariño y comprensión sin límites. Su familia continuará rodeándolo del amor que de él recibió.
Qué lamentable la ausencia de esa vida sin sombras, dedicada al servicio de su país y de la Aviación Militar. La Fuerza Aérea no lo olvidará. Hace parte de la historia de su gesta gloriosa. Su nombre será guardado con respeto, con infinita gratitud y admiración como modelo para los líderes del futuro.
Se nos ha ausentado para siempre el señor General Paredes. Qué dolor, que inmenso dolor dar el último adiós al jefe eximio, al ciudadano irreprochable, al amigo fiel y generoso.
Dios lo ha llamado a su presencia. La certeza de la Fe nos dice que la vida cambia pero no se pierde. A la eternidad que Dios le ha entregado solo podemos ofrecer nuestra memoria.
Se nos ha adelantado para precedernos en el Paraíso hasta que Dios lo disponga.
Paz en su tumba, mi General.
General Alfonso Amaya Maldonado
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