CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

¿DEMOCRACIA DICTATORIAL?

Esta forma de gobierno es inexistente como tal. Sin embargo debido a los acontecimientos internacionales que influyen en el devenir histórico de las naciones, es necesario desarrollar su esencia. El antagonismo literario y conceptual de estas dos formas de gobierno, democracia y dictadura, es evidente, dado que la primera, como medio de convivencia social, tiene legitimidad en la toma de decisiones, representando la voluntad colectiva por medios directos o indirectos de participación; mientras que la segunda concentra el ejercicio del poder en un individuo, normalmente proviene de un gobierno de facto, sin control de los poderes del Estado ni de instituciones diferentes a la voluntad y autoridad del Dictador.

Existen comportamientos que inducen a la sociedad a creer que está viviendo en un ambiente dictatorial dentro de la democracia, no por la naturaleza de su elección, pero sí por las actuaciones y el monopolio del poder que asume el gobernante, contrarios al sistema y al deseo de las mayorías representadas. El clientelismo proveniente de los más cercanos al poder, la negación de espacios políticos para la oposición, soluciones mediáticas a los problemas nacionales y el manejo del erario público como dinero de bolsillo, son, entre otras, circunstancias propias de una dictadura que impiden un desarrollo sostenible.

El líder calificado como “dictador democrático”, proviene desde otrora y sus características han sido claramente identificadas. Entre ellas tenemos la creación de sus propios enemigos, el sometimiento del pueblo a su voluntad para unirlo en una causa común inspirada en principios nacionales, de aparente altruismo estratégico; la autosuficiencia, la preponderancia en la dirección del Estado y la necesidad inalterable de liderar la defensa de los objetivos nacionales.

A ello se suma el sometimiento de las instituciones al cumplimiento de su voluntad, y el desconocimiento total de sus adversarios, a quienes considera los transgresores de la democracia y conspiradores de  gran peligrosidad para el país. Con frecuencia los ataques del ente gubernamental los obliga a convertirse en emigrantes de la patria, desprestigiados y perseguidos con su familia en forma permanente, aun en la extraterritorialidad.

Algunos autores han relacionado las características de estos gobiernos democráticos con manifestaciones dictatoriales que los  identifican por  su convivencia con la corrupción, además de la promoción de plebiscitos espontáneos junto con la concentración de poderes. Así mismo, sus opiniones y postulados son inapelables, a la par que el dominio y la orientación de la educación del Estado atiende sus pretensiones. La negación de respuesta y de respeto a los requerimientos de las minorías es evidente y se presenta una tendencia al caudillismo. Generan falta de credibilidad en las instituciones, sindican de los graves problemas nacionales a sus antecesores y, finalmente, la ambición para eternizarse en el poder contrasta con el ejercicio de ese poder dictatorial que no reconocen.

En el campo político se imponen las reformas constitucionales personalizadas o de reelección ilimitada. Se presentan atropellos y violación de derechos humanos contra los opositores. La desinstitucionalización del país, la usurpación de las funciones regionales y locales, son otros síntomas de este tipo de gobierno. Así mismo utilizan la Constitución y la ley como instrumentos para aplicarlos contra sus opositores y de forma parcializada. El cierre de canales para la participación ciudadana en los partidos y en la política, principalmente para los miembros de la oposición, y  el comprometimiento de los organismos de control con el Ejecutivo que dificulta e impide el cumplimiento de sus funciones dentro de la imparcialidad e independencia debida, dan las puntadas finales al esquema en el que se mueve el ‘dictador democrático’.
En conclusión, actúan a la manera del siglo XVII en Francia, en la época monárquica de Luis XIV, cuando se declaraba “L’Etat, c’est moi”  (“El Estado soy yo”).

El nuevo esquema de los gobiernos latinoamericanos, en el cual el gobernante es considerado el redentor de la patria, quien despierta y crea nacionalismo para justificar sus actuaciones absolutistas, domina el entorno.  Al margen quedan sin atención el desempleo, la pobreza, la educación, cuando no es manipulada por él mismo, la salud y otros factores que deberían solucionar las verdaderas necesidades primarias de la sociedad.

Se pueden citar algunos gobernantes de izquierda y derecha, calificados por analistas internacionales como ‘demócratas dictatoriales’: En Argentina el ex presidente Néstor Kirchner, Hugo Chávez en Venezuela, el presidente Rafael Correa en el Ecuador, en Cuba Fidel Castro, en Nicaragua, Daniel Ortega, Tabaré Vásquez, en Uruguay y Evo Morales en Bolivia, entre otros.

En Colombia las actuaciones autoritarias demostradas son evidentes e inocultables a la opinión. Se ve cómo quienes promulgan la institucionalidad son los primeros en romperla si sus caprichos e intereses no les son favorables. En honor a los resultados que lo demuestran, se ha perdido la credibilidad y la confianza en la defensa de las mismas por culpa de quienes las presiden. Pero es el pueblo a la par del gobierno quien debe orientar el rumbo que conduzca a la solución adecuada y oportuna.

Sin embargo, lo más grave en estas circunstancias es la pasividad, la inactividad, la permisibilidad y el acompañamiento cómplice de organismos del poder e instituciones nacionales, con intereses íntimamente correlacionados con los del gobernante. Omiten interferir sus intenciones y terminan aceptando sus acciones, acompañando al mandatario en sus propósitos para satisfacer las demandas del establecimiento, no del pueblo, pero usufructuando de su apoyo en el populismo de sus conductas, unido a la demagogia de sus actuaciones.

En un somero análisis político del momento, en el entorno latinoamericano se puede apreciar que la situación de nuestros países con gobiernos democráticos de acciones autoritarias, es el producto de una respuesta revanchista a las actuaciones burocráticas de gobiernos anteriores. Del cansancio político provocado por la demagogia de sus actuaciones, fortalecido con la cultura y la necesidad de cambio en procura de un futuro mejor en la calidad de vida del ciudadano. El pueblo reclama con razón gobiernos justos, libertad, austeridad, entendimiento, oportunidades y respeto por sus opiniones dentro de la democracia como forma de gobierno. La democracia no puede sobrepasar los límites de participación para trascender a la opulencia, como es el caso de los Emiratos Árabes, monarquía de Oriente.

La sociedad moderna, está acostumbrándose a compartir el medio democrático dentro de grandes atropellos. Por su parte los gobernantes desvirtúan el verdadero significado de los principios y valores ciudadanos, tergiversando la realidad y presentando situaciones irreales a los ciudadanos en el campo social, económico, político, de seguridad y cultural de los países, para despertar y justificar la necesidad de su permanencia en el poder. Creyéndose ellos irremplazables, sin otro objetivo diferente a la satisfacción de sus intereses personales.

Como propuesta de solución política debe surgir en corto tiempo la reivindicación de los pueblos mediante  un compromiso nacional, orientado en el cumplimiento estricto de la Constitución y las leyes de la República por parte de gobernantes y gobernados. En convivencia ciudadana, con responsabilidad, sin abusos ni ambiciones de tipo político, económico ni social. La actuación independiente de los poderes del Estado y la deliberación y análisis de alternativas coherentes con las necesidades nacionales en el ámbito académico político, social y cultural. En el campo internacional hay poco qué hacer y qué esperar para la solución del problema, dado que la carta de las Naciones Unidas, impide la intromisión en la situación interna de los Estados, como principio básico del Derecho Internacional.

Se debe evitar la manipulación de las masas, cualquiera que sea la orientación política, ideológica o religiosa, de izquierda o de derecha, revolucionario o gobiernista, proletario o burgués, liberal o conservador, progresista o popular, entre otros. Existen paradojas en la elección de un representante de gobierno, las cuales son confundidas por el elegido, quien desarrolla acciones diferentes a las propuestas cuando era candidato, transformando los intereses sociales generales propuestos en particulares, partidistas o paternalistas que conducen en forma directa al autoritarismo.

El pueblo, consciente o inconsciente de su propio destino, ha generado su opresión dentro de la elección democrática, aprovechada por el gobernante astuto que engaña la voluntad soberana, usufructuando su confianza para mancillar sus libertades y debilitar a la sociedad, haciéndose creer el redentor de la nación con el apoyo electoral del ciudadano honesto que solo espera  disfrutar  de la libertad e igualdad, de la responsabilidad y pertenencia, de la participación y desarrollo por métodos persuasivos y no coactivos.  

Con la lectura del contenido de este articulo, el lector podrá complementar sus conocimientos y dar sus opiniones ¿Cuál es su pensamiento?

Brigadier General HÉCTOR MARTÍNEZ ESPINEL
Decano de la Facultad de Posgrados de la “Escuela Militar de Cadetes”.
Master executive en Gerencia del Recurso Humano.
Magister en Defensa y Seguridad Nacional.