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La de Cádiz, una constitución liberal para los españoles; tardía e inútil para los americanos
Isla de León, Cádiz, 24 de septiembre de 1810
La proliferación de Juntas Regionales devino finalmente en la conformación de la Junta Suprema Central Gubernativa, instalada inicialmente en Aranjuez y luego en Sevilla para, ante el avance francés, proceder con el carácter de Cortes Constituyentes e instalarse en Cádiz. Su objetivo: producir las reformas necesarias que abolieran la estructura absolutista y aprobar una Constitución que cambiara el régimen político en España. El producto de ese propósito fue la llamada Constitución de 1812, denominada popularmente La Pepa, por haber sido promulgada el 19 de marzo, día de San José. Se trató de la primera expresión del pensamiento liberal que ocurriera en España, con repercusiones en otras latitudes.
Las Cortes de Cádiz, escribió Tierno Galván, citado por Pedro Voltes, pretendieron hacer la revolución francesa en España, sin salir de los límites de la Asamblea Nacional francesa. En otras palabras, quisieron hacer la Revolución sin el pueblo… Al pueblo en el orden jurídico-político de la expresión “representación” no lo representaba ningún diputado, y a la nación, en el sentido romántico del término “todos”. Por su parte, Carlos Marx, refiriéndose a las Cortes de Cádiz, anotó que acorraladas en un punto lejano de la península, separadas durante dos años por el ejército francés, representaban a una España ideal, mientras la España viva se hallaba ya conquistada o seguía combatiendo. Durante la época de las Cortes, España se dividía en dos partes. En la isla de León, ideas sin acciones, en el resto de España, acciones sin ideas .
Compuestas por más de 300 diputados, de los cuales casi una tercera parte provenía del clero, fraccionada por las tendencias absolutistas, liberales moderados y liberales radicales con fuerte raigambre burguesa, las Cortes determinaron fundamentos de avanzada al señalar que la soberanía reside en la Nación, establecer la división de poderes, el sufragio universal, la monarquía constitucional, la libertad de prensa y la igualdad ante la ley, el reconocimiento de los derechos individuales, las calidades y funciones de la representación popular y la abolición de la Inquisición, todo ello logrado dentro de un proceso de debates constitucionales, a lo largo de seis meses, agosto de 1811 a enero de 1812, que se materializaron con la expedición de la citada Constitución.
Para los americanos, cuya representación inicial estuvo a cargo de suplentes radicados en España, el artículo 1º La nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios pudo ser llamativo, pero tardío. Para la fecha de la expedición de tal norma, era irreversible la revolución en América; de los días de julio de 1810 en que se guardaba aún una fidelidad al Rey a los de enero de 1812, en que la voluntad de escisión política era un hecho, se produjo aquí una decisión sin retorno : la independencia definitiva. España había creado y fomentado las causas; ya no era posible volver al pasado y como expresara Mirebeau: es más fácil provocar revoluciones que detenerlas .
La Constitución de Cádiz tuvo una vigencia reducida, pues al retornar Fernando VII, como consecuencia del tratado de Valencey, (Diciembre de 1813) forjado éste por el resultado catastrófico de Napoleón en la campaña de Rusia, procedió a desconocerla y dando muestras de su tendencia absolutista (según sus propias palabras regresaba dispuesto a ser un rey absolutamente absoluto) ; inició la persecución política de todos los que poseían ideas liberales, incluyendo a quienes se habían distinguido combatiendo a los franceses, restableció la Inquisición, suspendió la libertad de prensa y se dispuso a reprimir la insurrección de las colonias americanas. Como consecuencia de esta última decisión, llegaría a nuestras costas el General Pablo Morillo.
¿Incidió la apertura hacia el liberalismo de entonces, en la mente y el accionar de la sociedad española, el postulado de la Constitución de Cádiz? Desde luego que sí; y no sólo eso, sino que la polarizó a tal punto que los estamentos políticos y militares se dividieron, con grave perjuicio para los intereses nacionales, entre absolutistas y constitucionalistas. Las repercusiones de este hecho se harían sentir en el comportamiento de la oficialidad española y aún en el de las tropas. La principal manifestación de ello la conocemos como la sublevación ocurrida el 1 de enero de 1820 en Cabezas de San Juan, Cádiz, a cargo del General Rafael del Riego y Núñez que culminaría a la postre con el retorno de la Constitución de 1812, juramentada el 7 de marzo por Fernando VII, muy a su disgusto y presto a liberarse de su compromiso en la primera oportunidad.
Los más de dos meses, anota Quintero Saravia, que había tardado la revolución en imponerse, provocaron que, en América, los realistas no se atrevieran a mover un dedo en espera de noticias ciertas sobre lo que pasaba en la España europea. Nadie quería correr el riesgo de comprometerse con ningún bando hasta ver cuál se alzaba con el triunfo, y Morillo no fue la excepción . Tras la revolución de Riego quedó frustrada la posibilidad de un refuerzo peninsular de las tropas realistas en América y facilitado el final de la dominación española en la Nueva Granada y Venezuela. La entrevista en Santa Ana fue una consecuencia; Morillo ya lo intuyó. Ellos (los americanos) no quieren ser españoles, así lo han dicho altamente desde que proclamaron la independencia…, la absoluta independencia o la guerra es el sólo arbitrio que nos dejan a escoger . Y el 13 de diciembre de 1820, Morillo entregó el mando del Ejército Expedicionario de Costafirme a Miguel de la Torre y regresó a España, hallando a su patria en pleno desarrollo del llamado Trienio liberal, que tampoco duraría mucho. Fernando VII, perjuró al fin, tenía otros planes.
VOLTES Pedro, Fernando VII, vida y reinado. Barcelona: Juventud, 1985., p. 91.
En: FORERO BENAVIDES, Abelardo. Op. Cit.
En MADELIN, Louis. Op. Cit., p. 30.
En FISAS, Carlos. Op. Cit., p.139.
QUINTERO SARAVIA, Gonzalo. Op. Cit., P. 420.
Ibid. carta de Morillo al Ministro de la Guerra., p. 426.
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Coronel GUSTAVO ROSALES ARIZA
Director Instituto Estudios Geoestratégicos y Asuntos Políticos UMNG
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