CUERPO DE GENERALES Y ALMIRANTES EN RETIRO
DE LAS FUERZAS MILITARES DE COLOMBIA

 

Reflexiones sobre la estrategia para derrotar a la Farc

sun Tzu, en su libro “El Arte de la Guerra” se refiere a  “los sabios consejos” en los que afirma que: “Se debe quitar la energía al enemigo….y desestabilizarlo emocionalmente.”, “no hay que destruir por destruir sino vencer, dominar”; ”el que sabe cuándo hay que combatir y cuándo no, será el vencedor”;  “todo el arte de la guerra está basado en el engaño”; “lo que es verdaderamente importante en la guerra es combatir la estrategia del enemigo”; “los procedimientos utilizados en el pasado y los antiguos planes que dieron buen resultado deben ser modificados”. Justamente de allí comienza mi reflexión. Por ello repasé varias veces el documento emitido por el comandante general de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León, denominado “Guía de planeamiento estratégico 2010”, en la que hace una afirmación que compartimos: “Un factor clave para el éxito de la estrategia militar colombiana es el fortalecimiento de las operaciones conjuntas, con el empleo de las potencialidades de cada fuerza, multiplicando sus capacidades y generando sinergia de esfuerzos entre todas ellas”.

A finales de 2007, en esta misma revista, haciendo una reflexión sobre el tema, sostenía y ahora lo ratifico, que para que la estrategia militar sea eficaz debe partir de una voluntad política cierta de todas las ramas componentes del Estado. No basta con que el Ejecutivo la tenga, se necesita integridad del Estado como un todo que garantice continuidad y sostenibilidad política y económica para que ésta arroje resultados  y, en consecuencia,  neutralice la brutal agresión a la nación por parte del narcoterrorismo.

Un conflicto como el colombiano, planteado por bandas narcoterroristas como las Farc y el Eln, agravado por la aparición de bandas criminales, la corrupción, la descomposición social, el narcotráfico y lo que algunos denominan aceleradores o generadores de violencia, debe ser enfrentado con una estrategia que se pueda revisar  y ajustar periódicamente. Por ello vale la pena analizar que estamos ‘ad portas’ de una situación política electoral que acaparará la atención nacional frente a una serie de factores como el resultado obtenido en desarrollo de la estrategia vigente, la situación económica y social de la nación, la coyuntura regional y, las alianzas, apoyos y acuerdos bilaterales y multilaterales que contribuyan a la solución del  problema.

No requiere mucho análisis iniciar por un  tema tan  sensible e importante en el esfuerzo, como lo es la definición de roles en los organismos de seguridad en lo atinente a la inteligencia y las operaciones, de manera que se sinergice dicho esfuerzo, optimice los recursos y genere un resultado medible, palpable en el tiempo y en la eficacia, tareas estas que inician en el resorte ministerial y que tímidamente se han manejado históricamente en la práctica sin verdadera voluntad  y definición. Le corresponde al alto gobierno y a su músculo diplomático, neutralizar las acciones políticas de los gobiernos vecinos hostiles a nuestros intereses, y de las bandas terroristas Farc y Eln que se desarrollan más allá de nuestras fronteras, y que en la práctica permiten que estas organizaciones se fortalezcan, crezcan y establezcan áreas bases a salvo de la acción de nuestras fuerzas, lo que a futuro puede significar el recrudecimiento  del conflicto.

Desde el punto de vista militar, y a pesar del esfuerzo institucional en el tema educacional, es menester fortalecer este campo para que a través del conocimiento, entrenamiento y reentrenamiento, liderazgo, principios y valores, sentido de solidaridad y cultivo de la Deontología Militar, no solo fomente y fortalezca la moral en todos los niveles, s no que también estimule y haga fuerte e intocable el centro de gravedad institucional, constituido por la legitimidad y la credibilidad frente a la opinión pública.

En lo atinente a la estrategia Militar operativa, es imperativo mejorar e impulsar la doctrina conjunta mediante el fortalecimiento de los Comandos Conjuntos y las Divisiones, que no solo garantice  sostenibilidad, continuidad y simultaneidad en los apoyos de combate y logísticos, sino en la asignación de objetivos medibles y limitados en el tiempo, con autonomía operacional intervenida (debe existir el control, apoyo y dirección de una fuerza o del Comando General de las FFMM).

Para ello será necesario reorientar la inteligencia militar en todos los niveles, de manera que exista un flujo de información que dinamice operacionalmente al comando respectivo. Es obvio que la estrategia debe generar resultados de afectación regional y no solo tendiente a neutralizar el plan estratégico de las Farc. También deben prepararse objetivos complementarios contra el Eln, la Bacrim, la delincuencia organizada y el narcotráfico, a la par de un plan vigoroso de acción integral que soporte el esfuerzo operacional, teniendo como común denominador la flexibilidad, el apoyo mutuo, la articulación con los objetivos estratégicos y la legitimidad.

De manera centralizada se debe continuar con el esfuerzo para golpear blancos estratégicos como cabecillas, estructuras de apoyo, líneas o corredores de comunicación, lograr el rescate de secuestrados y fortalecer a la vez que redireccionar la Fuerza de Tarea Conjunta ‘Omega’, con base en la situación existente y los objetivos asignados y en desarrollo, como parte de la estrategia tendiente a anular el sistema de comando y control de las Farc dentro de su área de retaguardia y de operaciones, o desde y hacia el resto del territorio nacional.

Hay dos factores de control urbano y semirural prioritarios que si bien funcionan, necesitan reorientación o retoma y son, en primer lugar, el fortalecimiento del programa de Soldados de mi Pueblo o Soldados Campesinos, tan claves para coadyuvar en el aislamiento de las estructuras narcoterroristas y la consolidación, que permitirán al Estado, no solo la gobernabilidad y el imperio de la ley, sino también el desarrollo económico regional con incidencia en la economía nacional. Su presencia es clave en municipios alejados y de difícil acceso, porque  además de servir de  apoyo a las mismas tropas, también funcionan en la supervisión de redes de cooperantes, neutralización de milicianos, control de vías secundarias y terciarias, coordinación y apoyo permanente en trabajo estrecho con la Policía Nacional, generando así un clima de seguridad adecuado y consecuente con las necesidades de la  población civil.

En segundo lugar debe buscarse el fortalecimiento de la Policía Nacional y la prioridad de empleo en las áreas urbanas con énfasis en las ciudades grandes e intermedias, que no solo haga frente a las nuevas formas de delincuencia sino que también neutralice el trabajo de las milicias, mejore la seguridad ciudadana y garantice a la población el ejercicio de sus derechos.

No cabe duda que todo lo anterior debe ser soportado por dos ingredientes sin los cuales el esfuerzo operacional en todos los niveles no podrá ser efectivo: de un lado la acción integral que acompañe el trabajo de la tropa antes, durante y después de las operaciones y sea parte importante en los planes de consolidación de zonas, áreas y regiones en cooperaciones de todos los entes del Estado que deban actuar para reactivar, asegurar e impulsar el desarrollo rural y urbano. Y de otro, la creación de una Unidad de Trabajo Jurídico Conjunto (UTJC) conformada por elementos de todas las fuerzas, Policía, DAS, Fiscalía, Procuraduría y Defensoría del Pueblo para que acompañe, asesore, apoye todas las operaciones, además de enfrentar  de manera centralizada con abogados especializados la llamada ‘Guerra Jurídica’ como única garantía para los integrantes de las Fuerzas Militares y de la Policía de no tener que enfrentar líos judiciales originados en su trabajo operacional.

Finalmente, la suma de los efectos de las operaciones a nivel regional con el apoyo de la comunidad internacional, logrado con el esfuerzo diplomático para garantizar que al otro lado de las fronteras no se establezcan santuarios, repercutirá en el concierto nacional y su consecuencia será el debilitamiento de las organizaciones narcoterroristas, de tal manera que los obligue a negociar con el Estado, pero en condiciones favorables al establecimiento, para que por fin nuestra nación goce de un territorio más amable y sosegado en un futuro cercano.

 


Mayor General HERNADO ORTÍZ RODRÍGUEZ
Decano Facultad de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, Universidad Militar Nueva Granada