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Democracia y buen gobierno
A pocos días de las elecciones para la presidencia de la República no hay mucho qué decir con pretensión de influir en la decisión ciudadana. El tiempo que aún queda para los comicios debe ser de reflexión antes de decidir, según el parecer de cada uno, quien ha de ser el sucesor en el solio de Bolívar.
Ya sin los apuros de años idos, la Nación continúa sumergida en un mar de aguas sombrías por la carencia de una justicia pronta y oportuna, la corrupción enquistada en la administración pública, la ineficacia de los organismos de control y el accionar de bandas criminales que persisten en el uso de la violencia para lograr sus fines.
Democracia y buen gobierno deberían ser, para quienes el pueblo delega la responsabilidad de conducirlo, sinónimos de un mismo fin: el disfrute de una convivencia fundamentada en el respeto a la ley, la equidad, la seguridad social y el desarrollo sostenido. Las actuaciones delictuosas de quienes acceden a las instancias de la administración, desvirtúan el buen gobierno, valor esencial de la democracia; al igual que la deforman, los gobiernos autoritarios elegidos por voto popular.
Leyendo hace unos meses el libro de Alejandro Peña Esclusa “Arte clásico y buen gobierno”, tropecé con algunos pasajes de los capítulos XLII y XLIII de El Quijote, del que fui su lector cuando cursaba colegio en el internado del padre José Rafael Faría, a finales de los años cincuenta en Pamplona. Oportuna la lectura de aquellos pasajes que encontré en el libro a que hago referencia, por los consejos que el caballero hidalgo hace a Sancho, cuando estaba presto para ser gobernador de la ínsula de Barataria, y que nos recuerdan que el buen gobernante ha de serlo, fundamentado en su carácter como persona de bien, con claro sentido del deber para con Dios y con el prójimo. Sabios consejos para quienes, ya elegidos y entronizados en las instancias del poder, gobiernan al vaivén de las corruptelas y la dádiva.
Primeramente ¡oh hijo! has de temer a Dios; porque en el temerle está la sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey.
…préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio… Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se adquiere, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.
Si trajeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala, y desbástala de su natural rudeza; porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta… Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.
Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria, y ponlos en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena; que los yerros que en ella hicieres, las más veces serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda. Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia. Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos.
Lecturas y otras más, que debieran alimentar el intelecto de las nuevas generaciones para asegurarnos que en un mañana no lejano, sean elegidos ciudadanos dueños, no solo de especial acerbo de conocimientos, sino también virtuosos con genuino sentido democrático y de buen gobierno.
En un cuidadoso análisis realizado por el Centro Colombiano de pensamiento Político Militar, titulado: El panorama político actual - una encrucijada para los militares, se afirma que en estratos altos y medios y en una considerable franja de electores jóvenes, se está viendo en el candidato Antanas Mockus a un gobernante con honestidad, prudencia, conocimiento basado en la educación, con un deslinde de las maquinarias politiqueras, sin analizar con profundidad su personalidad y posiciones respecto a los grandes problemas del país. La pregunta que allí se plantea es si Mockus, le conviene o no al país, en las actuales circunstancias.
Para otra franja de colombianos, Juan Manuel Santos representa la continuidad de la Política de Seguridad Democrática asegurando la persistencia en la derrota definitiva de las guerrillas izquierdistas. Para otros, particularmente jóvenes, representa las malas relaciones con los vecinos, la continuidad del “paramilitarismo”, la corrupción, la falta de transparencia y los “falsos positivos’’ y para los militares, el oportunismo y la ingratitud, la ligereza en el manejo de los DDHH a capricho de las organizaciones internacionales…
Las actuaciones muy singulares de quien fuera alcalde de la Capital no encajan precisamente en el marco de lo que podría ser un ejemplo de virtudes, dice el análisis, que si bien se le reconocen cualidades que despiertan sentimientos de sinceridad y aplomo, sus contradicciones y falencias en lo que propone y lo que afirma, generan más que incertidumbre, preocupación por lo que puede llegar a suceder si termina siendo el elegido para asumir la responsabilidad de gobernar en ese mar tormentoso de nuestra realidad nacional. Termina el análisis con el dilema de saber que tantas agallas y firmeza tendrá Mockus para afrontar los grandes problemas del país. Qué tan benéfico será su discurso de tolerancia y pacifismo frente a las pretensiones de los grupos terroristas, para no retroceder en lo alcanzado por el gobierno del presidente Álvaro Uribe.
La realidad es que para las grandes encrucijadas aún por resolver, se requiere de un gobernante con experiencia y conocimiento, no solo de sus propias cualidades y falencias sino también de sus adversarios, entre quienes los hay que persisten en su desfachatado intervencionismo y permanente alarde de intemperancia y agresividad sin límites.
Gobernar en democracia resulta todo un arte, más cuando se trata de revertir el camino hacia el abismo que nos tenían señalado. Arte cuando para lograrlo, se actúa en el marco de una legislación ordinaria; sin estados de excepción, sin restringir la libertad individual y colectiva de los ciudadanos, ni de los medios de comunicación. Democracia y buen gobierno: un imperativo para el empadronamiento de la República de Colombia en el consenso de las naciones más avanzadas del orbe.
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Vicealmirante JOSÉ IGNACIO ROZO CARVAJAL Ex Presidente CGA
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