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Ejército Nacional:
Fe en la causa
Me siento muy honrado con el designio que Dios, el gobierno nacional y mis superiores me han hecho. He asumido la enorme y honrosa responsabilidad de comandar el Ejército de los colombianos como un gran privilegio de servicio, identificándome con el legado de los superiores que me han antecedido. Este es el mejor Ejército del mundo, de eso estoy convencido; sus soldados son guerreros invencibles, con voluntades y mentes ganadoras, hombres valerosos, capaces de ganar la guerra.
Esta gran responsabilidad también recae sobre todos los Oficiales que tienen el privilegio del mando. Según sean los líderes, así serán sus unidades, así asumirán el reto sus soldados, porque el buen ejemplo es una torrente que mueve y arrastra.
Las expectativas son inmensas, vamos a colmarlas con resultados derivados del compromiso, la transparencia, la eficacia y austeridad. En especial con cero tolerancia a la corrupción.
Nuestros resultados no admiten ninguna violación a la ética que profesamos. No necesitamos violar las normas para ganar la guerra. Hemos demostrado en forma profesional y pulcra de lo que somos capaces.
Por ello invito a todos y cada uno de los que hacemos parte de esta ponderada institución militar, a aumentar la decisión de derrotar en forma definitiva las organizaciones criminales, atacando en forma contundente sus planes estratégicos; por nada del mundo permitiremos que los violentos, recuperen los ímpetus perdidos.
“Fe en la causa” será nuestro dogma de combate. La fe es avanzar firme, con pensamiento positivo; es luchar con toda voluntad y decisión, es creer profundamente en lo que hacemos y somos.
Etimológicamente fe significa confianza (seguridad), verdad y convicción en la causa que defendemos; la seguridad y tranquilidad de nuestro pueblo y la defensa de la Patria.
La fe consiste en creer lo que no vemos, y la recompensa es ver lo que creemos. La fe no es un deseo, la fe es una voluntad, la voluntad y ésta, es una fuerza.
La causa: esa que nunca pierde vigencia porque es la esencia misma del soldado. Somos após-toles de la milicia, Dios está con nosotros y El nos guiará a que la fe en la causa sea un deber sagrado que nos lleve a dar hasta la propia vida por lo que decidimos defender.
Confío plenamente en los comandantes en todos los niveles: En ellos deposito mi total confianza, sus juicios dignos, el honor y la virtud del líder, para que lleven a sus tropas al cumplimiento exacto de sus deberes.
Hagamos de la Prosperidad Democrática un compromiso de vida que se ejercite en forma inviolable acompañada de los principios del Buen Gobierno: compromiso con la prosperidad social, transparencia, cero tolerancia a la corrupción, equidad, pluralismo, eficiencia y eficacia. Con los principios de la ética pública que no son más que las virtudes del soldado en su dimensión profesional y militar.
Este es un comando centrado en tres elementos fundamentales:
El hombre: un comandante que no ame a sus tropas debe renunciar valerosamente a este honroso privilegio de servicio; su bienestar, calidad de vida, su integridad, su respeto, el entrenamiento, el descanso, la motivación, estímulos, ascensos y reconocimientos justos; en fin todo lo que hace digno al hombre; son la mejor herramienta para obtener el equilibrio emocional de ese ser con quien emprenderemos el camino final hacia la victoria.
Transparencia en las operaciones y el uso de los recursos. No podemos avergonzarnos de nuestros resultados, deben resistir el análisis crítico, sometido a cualquier evaluación sin temor a ser juzgados en forma negativa.
La tranquilidad y seguridad de las regiones. Neutralizar las amenazas, continuar atacando al enemigo para negarle éxitos a sus objetivos. Quiero líderes integrados con su pueblo; lideres que gocen del reconocimiento público; que sean consultados, que ganan la confianza y la fe de la población, que fortalezcan con su trabajo e interés el respaldo de la sociedad.
No olvidemos que en una guerra irregular como la que libramos, aislar a la población civil del enemigo y buscar su compromiso con la institución es fundamental. Las variables básicas para obtener el apoyo son muy sencillas: acatar la normatividad que nos rige en el desarrollo de las operaciones, brindar un buen trato, insistir en las campañas de desmovilización y defender con nuestras actuaciones la legitimidad de la que gozamos en el colectivo nacional. Incrementar la fe en la causa que nos anima es la obligación y responsabilidad de todos. Vamos a hacerlo.
En este noble propósito que me anima y en el compromiso adquirido con mi Patria, soy consciente del importante rol que juega la reserva activa de las Fuerzas Militares. Por ello quiero invitar al Cuerpo de Generales y Almirantes para que me acompañe con sus luces y experiencias. Muchos de ellos, en el reciente pasado, imprimieron en mí la hermosa tarea de consagrarme, con entrega y honestidad total, al servicio de la Patria. Toda mi gratitud por sus enseñanzas y todo mi sentimiento de afecto y de respeto para ustedes.
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