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¿Plato de lentejas?
Colombia tiene el altruismo y la dignidad más fortalecidos de lo que hoy se pueda observar, aún desde un amplio espectro político nacional e internacional, y desde las más altas esferas gubernamentales y estatales, principalmente desde la posición de la primera magistratura del Estado.
Respetado Señor Presidente Santos: los enemigos del país siguen siendo los mismos de siempre en unión de sus “mejores amigos”. No se puede caer en la inocencia política, por el hecho de ser heredero de grandes historiadores, periodistas y estadistas de la República como Enrique Santos Montejo “Calibán” y Eduardo Santos Montejo, presidente de Colombia entre 1938 y 1942, símbolos de la estirpe liberal y descendientes de nuestra heroína santandereana, Antonia Santos Plata, a quien le debemos, en gran parte, el preámbulo de la gesta emancipadora.
La inquietud y el sentimiento de muchos colombianos se traduce en preguntas que guardan el respeto, la admiración y la lealtad que como ciudadano y soldado de Colombia usted nos merece. ¿Qué dirían los Santos, en el otrora, si hubieran tenido que oír y padecer las infamias pronunciadas contra el pueblo colombiano y contra el gobierno del cual usted formó parte activa, en los últimos años, por su “nuevo mejor amigo”, el presidente Hugo Chávez?, ¿Será que con ese su “mejor amigo”, el país queda limpio del pecado que nunca ha cometido, como tampoco nuestros gobernantes democráticamente elegidos y legítimamente constituidos?
Aquella frase que dice “¡Dios, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo!”, nos lleva a seguir preguntando: ¿Dónde está la lealtad con su antecesor. Acaso existen situaciones desconocidas que ahora salen a flote? ¡Dios no quiera que existan, y nos libre de ese “su nuevo mejor amigo”! ¿No será que se pueden poner en riesgo los intereses nacionales, en una francachela o en una comilona, como la historia de Rinrín Renacuajo? Si en el campo político las cosas cambian vertiginosamente, en nuestra vida personal, para bien, somos libres de seleccionar a nuestros amigos, pero cuando se trata del hombre con el más alto cargo público del Estado, nos preguntamos: ¿Será conveniente que aquel Presidente que ayer lo menospreciaba y lo vilipendiaba, con sentimientos aniquiladores, sea el mismo digno de ser su “nuevo mejor amigo”?
Los cabecillas de las Farc y del ELN, en unión de los mejores amigos del gobierno vecino, siguen paseándose por las tierras venezolanas, usted bien lo sabe.
¿Está seguro que por sus nuevos vínculos como mejor amigo del Presidente venezolano, éste ya rompió los nexos que ha mantenido y mantiene con esos terroristas enemigos y destructores de la sociedad y del pueblo colombiano? ¿Será que están tranquilas las almas de nuestros oficiales, suboficiales, soldados y policías caídos en combate, quienes lo dieron todo para que el país hoy pudiese vivir en las condiciones en que estamos?
Quienes hemos sido heridos en acción en la lucha contra estos grupos terroristas, sentimos con dolor de Patria la contrariedad de las acciones de lealtad y patriotismo, al percibir esos hechos injustificados, ¿Será esa la forma de agradecer la acción abnegada y desinteresada de la Fuerza Pública colombiana?
Cierto es que muchos ciudadanos y comerciantes colombianos perdieron sus bienes y patrimonios por la difícil situación vivida en la frontera en los últimos años.
¿Acaso no sirvió para nada ese sacrificio y la enseñanza manifestada, cuando en cabeza de su representante aseguraban, con hidalguía, que para ellos era una gran pérdida económica, pero que la dignidad de la Nación estaba por encima de sus intereses económicos? ¿Pasó desapercibida esa manifestación sincera de los colombianos de honor, quienes a toda costa prefirieron el amor a Colombia y el respeto al gobierno dignamente representado, antes que sus bienes materiales?
Aun cuando el señor Presidente ya lo debe conocer, existe un buen número de colombianos que entendemos esa actitud como apresurada e inconveniente para el país, dado que contribuirá a devolverle la legitimidad perdida con su pueblo al gobernante vecino. ¿Será la convicción política la que lo estimula para reconocerle ese merecimiento?
¿Qué dirán, qué sienten y qué estarán viviendo nuestros compatriotas residentes en Venezuela, después de haber padecido la persecución de agentes del Estado contra algunos de ellos? ¿Será justa y coherente su actitud y apoyo al Presidente venezolano?
Entiendo que en la política se pueden dar diferentes manifestaciones en busca de una meta común y de grandes objetivos. Por eso le pido a Dios que lo bendiga y proteja, para que con su decisión llegue al cumplimiento supremo de nuestros intereses nacionales.
Lo único cierto, señor Presidente, es que los colombianos lo hemos elegido con alto porcentaje de favorabilidad y de confianza, que usted merece por sus excelsas condiciones y competencias, para que nos gobierne y represente digna y acertadamente dentro de los principios éticos y morales que orgullosamente profesamos.
Señor Presidente, cuenta usted con el apoyo de los ciudadanos de Colombia y principalmente con el de los soldados de la Patria de ayer, de hoy y de siempre, quienes estamos seguros de la fortaleza legítima de sus acciones y esperamos el acertado manejo en nuestras relaciones internacionales, como garantía de dignidad de nuestra Patria. No existe duda alguna de que sus actuaciones son producto de sus grandes capacidades, dotes como estadista y del bagaje de conocimientos y experiencias aunados a la reciedumbre de su estirpe Liberal. Por lo mismo, no queremos vislumbrar siquiera lo sucedido en aquel relato bíblico cuando narra que el patriarca Jacob compró la primogenitura de su hermano Esaú, “por un plato de lentejas”, siendo apoyado por su propia madre. (Génesis 25:34).
Dios quiera que su actitud, señor Presidente, sea el producto de una estrategia política que beneficie la consecución y el cumplimiento de los objetivos nacionales y que no vaya a ser traicionado por inocencia, como lo fue Jacob, engañado por su tío Labán después de siete años de servicio, ni menos por la indiferencia o descuido de quienes somos sus conciudadanos, testigos de sus actuaciones y quienes deseamos lo mejor para su gobierno y para nuestra querida Colombia.
Amigo lector sus sugerencias y recomendaciones sobre el tema, son verdaderamente importantes para nuestra revista ECOS y para el autor. Le agradecemos de antemano sus aportes.
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Brigadier General HÉCTOR MARTÍNEZ ESPINEL
Decano de la Facultad de Posgrados de la “Escuela Militar de Cadetes”.
Master executive en Gerencia del Recurso Humano.
Magister en Defensa y Seguridad Nacional.
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