¿QUÉ NOS ESPERA?
Por Brigadier General JOSÉ JAIME RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ
“Ad Portas” de un pronunciamiento de la Corte Constitucional que habrá de despejar en breve la incógnita actual sobre la reelección del presidente Uribe Vélez o el advenimiento de un nuevo gobierno, presidido por el candidato triunfante entre los muchos aspirantes a sucederlo a fin de ocupar el solio de Bolívar durante el próximo cuatrienio, vale la pena discurrir acerca de las posibles proyecciones que cabe esperar a este respecto.
Decimos “incógnita actual” por la sencilla razón de que hoy existen fuerzas encontradas en torno a este importante asunto, cuya definición consi-deramos va a incidir de manera directa en el futuro inmediato de la Nación, frente a la innegable polarización que se avecina entre la mayoría de los amigos de la reelección inme-diata del Primer Magistrado por considerarla benéfica al país y aquellos quienes la aprecian anticonstitucional y contraria a los fines democráticos que deben inspirar el libre juego de alternativas de gobierno y renovación de personeros para realizarlas.
Lo anterior nos ubica, simple y llanamente, ante la disyuntiva de acatar una política de continuidad a fin de mantener procesos que han dado buenos resultados y, por lo mismo, conviene mantenerlos hasta su plena realización… o, por el contrario, ensayar un cambio de programas y estrategias de gobierno en función de nuevos horizontes y conquistas anheladas que ofrezcan posibles y mejores soluciones a los muchos problemas que nos siguen afectando.
En torno a esta realidad, vigente y de inmediata proyección a nivel interno e internacional, consideramos conveniente destacar que, a juicio de una gran mayoría de colombianos, organizaciones y gobiernos extranjeros, se ha considerado que estos últimos tres años largos de gestión la obra cumplida por el presidente Álvaro Uribe Vélez, arroja resultados positivos en todos los órdenes de su administración, como para considerar muy favorable a los intereses nacionales la continuidad inmediata de sus políticas en desarrollo.
Según encuestas recientes que destacan un renacer de la confianza pública generalizada por las acciones del gobierno y un respaldo creciente del 80% a la persona misma del Presidente por su entrega total al cumplimiento de sus misiones constitucionales, dentro de una no igualada capacidad de trabajo y atención directa de problemas de la comunidad, nos preocupa, por ello, que haya organismos oposicionistas que buscan descalificar sus resultados; que existan grupos de presión que impulsan un choque de poderes a nivel del Estado y que, ahora se descubre que existen “sectores radicales que están presionando para que no se apruebe la reelección presidencial en la Corte Constitucional”. Aunque la Corte lo ha negado, el radicalismo oposicionista algo influye a la larga en tal sentido y nos preocupa, aún más, que el Procurador General de la Nación, basándose en argumentos de forma y no de fondo, busque torpedear el mandato legal de la reelección y la ley de garantías que la reglamenta, como si ocho sesiones del Congreso en las cuales trabajaron a fondo “189 parlamentarios, hubo 1750 intervenciones, casi 200 horas de discursos, 333 votaciones y se pronunciaron 1.449.065 palabras” no fueran suficientes para consolidar aquel debate que él juzga no cumplido… Y si su discutible tesis de que “no existe igualdad de garantías entre un presidente candidato y un candidato ciudadano” no permitiera también una interpretación contraria en el sentido de que un presidente que aspira a ser reelegido debe, para merecerlo, presentar resultados positivos de una obra de gobierno que aspira continuarse, frente a los acostumbrados programas de ilusiones que suelen presentar aquellos candidatos que todo lo prometen, a cambio de votos, sin ofrecer seguridades de cumplirlos por partir de supuestos casi nunca realizables por utópicos y delusorios.
Así las cosas y sin desconocer que toda actividad humana, por acertada que parezca, nunca alcanza la perfección total, ni logra la satisfacción completa de los anhelos populares, no se puede negar que este último gobierno ha logrado lo que otros de sus antecesores no pudieron conquistar, al devolver a los colombianos la fe en el mejor destino particular y al porvenir de la República… Muchos estamos, por esta razón, a favor de la reelección presidencial inmediata, por considerar que conviene al país no cambiar de horizonte, ni de políticas de acción que están en curso y vienen ofreciendo seguridad y desarrollo a la nación.
Sencillas y sinceras apreciaciones personales de un viejo soldado que solamente piensa en el bien de Colombia y de su pueblo, del cual se considera entraña, permiten concluir que el futuro inmediato de esta patria y de nuestros más caros afectos, pende exclusivamente del fallo esperado de la Corte Constitucional.
Cabe, por ello, preguntar: ¿Qué nos espera? |