UNA TRAYECTORIA HEROICA LA FUERZA AÉREA COLOMBIANA
Por General (R) ALVARO VALENCIA TOVAR
Cada aniversario o festividad recordatoria de nuestra aviación militar, motiva un retorno imaginario al pasado y la evocación de nombres y rostros que desde 1919 han ido configurando un cuadro de honor enmarcado por el valor, la audacia, el desafío permanente al destino. Es una Historia con Alas, como bien definió Eduardo Caballero Calderón la vida de Herbert Boy, el piloto alemán que en el conflicto con el Perú de 1932 – 34 dirigió con los pilotos alemanes de la Scadta la penetración militar de la Amazonia hasta conseguir el dominio del aire y combatir por su segunda patria como lo hicieran en la suya durante la Primera Guerra Mundial.
El nacimiento jurídico de la que se inició como Quinta Arma del Ejército, ocurrió bajo el gobierno de José Vicente Concha en 1919, con la Ley 15 de ese año, visionaria en la concepción del Arma que en Europa escribía el primer capítulo de poder aéreo, pero que no llegó a cristalizarse por las estrecheses presupuestales derivadas del conflicto mundial.
Sin embargo, se habían despertado ilusiones, esperanzas, ambición de gloria. La juventud había seguido apasionadamente los duelos de los caballeros del aire en el frente occidental de Europa y conocía los nombres y hazañas de Von Ritchhoffen, Udet, Paul Fonck, Guynemer, Mannock, Ball, Mitchel, Rickembacker que en nombre de Alemania, Francia, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos comunicaban al riesgoso vuelo de sus aparatos de madera y tela un llamado a la aventura del aire.
Pasada la Gran Guerra, como se denominó entonces el conflicto, la aviación siguió gravitando en el pensamiento militar colombiano, lo que engendró la Ley 126 de 1919 impulsada por el gobierno de don Marco Fidel Suárez, verdadero origen de nuestra aviación militar. Sucesivos decretos expedidos por el Ministro de Guerra a cargo del dinámico titular del Despacho don Jorge Roa, reglamentaron y complementaron la Ley, siendo el primero de éstos el Nº 357 de 1921 “Por el cual se organiza la Quinta Arma del Ejército”, en Escuadras, Grupos y Escuadrillas y distribuye tales organismos en las tres zonas militares en que estaba dividido el territorio nacional. Por primera vez se habla allí de una Escuela Militar de Aviación, pero sin concretar lo necesario para que el instituto comenzara a funcionar. No obstante, fue el mismo gobierno del presidente Suárez con Jorge Roa como ministro, el que creó la Escuela prevista, por Decreto 2247 de 23 de diciembre de 1920.
Grandes fueron las vicisitudes de la Escuela, fundada en Flandes con oficiales del Ejército bajo la dirección de la misión francesa encabezada por el capitán René Guichard, compuesta por tres pilotos instructores y tres mecánicos. En Flandes se ensamblaron los primeros aviones franceses: Tres Caudron G-3 de entrenamiento primario, cuatro bimotores Caudron G-4 y cuatro Nieuport monoplazas de combate para entrenamiento avanzado. El 21 de marzo de 1921, el propio Guichard realizó el primer vuelo militar en Colombia. También sería él, prota-gonista del primer accidente aéreo, sin consecuencias fatales. El Caudron bimotor averiado se pudo reparar y siguió operando. Al mayor aprendiz de pilotaje Félix Castillo, correspondería el honor del primer vuelo de un colombiano, en acto de indisciplina que comenzó “por una carrera sobre la pista a modo de práctica”; la carrera culminó en el aire y luego en un aterrizaje abrupto que electrizó de entusiasmo a los colombianos y de ira a los franceses, por fortuna sin consecuencias graves.
El presupuesto, el enemigo más peligroso de nuestras Fuerzas Militares, determinó interrupciones, regreso a su país de los franceses, restablecimientos, Misión Suiza a cargo del mayor Henri Pillichody. A los pacientes Caudron que aguantaron todo aquello, se agregaron cuatro aparatos Wild suizos. Nombres que con el tiempo se harían famosos, acompañan el nacimiento y pasión de las dos Escuelas, esta segunda organizada en Madrid, Cundinamarca, que aún subsiste y donde el teniente Delfín Torres Durán, más tarde General del Ejército, se accidentó sufriendo graves heridas pero obtuvo el título de Piloto de Pista, grado que entregó la Segunda Escuela.
El Conflicto Amazónico de 1932 – 34, viene a dar a la Aviación Militar el impulso decisivo. Aviones Curtis americanos y Fokker alemanes reemplazan a los Caudron y Wild ya casi parapléjicos. Surgen de la nada las bases de Palanquero y el Guabito, que pronto se convierte en la Escuela Militar de Aviación. Puerto Ospina y Puerto Boy en el sur permiten el apoyo aéreo en Tarapacá y Guepi. Colombia se proyecta como primera potencia aérea de Suramérica, pero esta infancia del Arma presencia la muerte heroica de decenas de nuestros primeros pilotos.
Estalla la Segunda Guerra Mundial. La Luftwaffe alemana es la primera Fuerza Aérea en el mundo. Le siguen la Real Fuerza Aérea británica y la de Estados Unidos. En Colombia se desprende de su alma máter la Fuerza Aérea Nacional, luego Colombiana, y un nuevo capítulo, denso, bizarro, se escribe hacia el futuro, inspirado en el lema de su escudo de armas: Sic Itur ad Astra, así se llega hasta los astros.
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