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Tortuoso camino para el 2026

La corriente del progresismo y sus desastrosas ejecutorias afortunadamente están contribuyendo al arrepentimiento de miles de nacionales.

Por: David René Moreno Moreno


Colombia debe prepararse para el verdadero cambio en el 2026; no hay lugar a las improvisaciones ni tampoco a cometer errores como lo está haciendo la actual administración. El jefe de Gobierno ya está haciendo campaña política para mantener el poder y está llamando a todas las huestes de la izquierda para que se unan y le den su voto a quien continúe destruyendo el país e implantando profundamente la ideología marxista a los 52 millones de colombianos.


La corriente del progresismo y sus desastrosas ejecutorias afortunadamente están contribuyendo al arrepentimiento de miles de nacionales, quienes lamentablemente cayeron en la red del engaño arrastrado por la dialéctica del comunismo, tendencia ideológica llamada por muchos el cáncer de la humanidad, así como por la verborrea y la mentira del candidato que prometió el cielo y la tierra para captar votos, creando castillos en el aire y generando odios de clase entre la sociedad.


Una artimaña de la izquierda es ‘victimizarse’ para despertar lástima y adhesión entre los incautos; el jefe de Gobierno critica las decisiones de los otros poderes y ante actuaciones legales reclama que la oposición no lo va a dejar gobernar, especialmente cuando la ley se aplica a cualquiera de sus subordinados, pero se olvida de los falsos ‘estallidos sociales’ promovidos por su ideología para generar el caos, la destrucción y la muerte, posiblemente buscando tumbar el gobierno del expresidente Duque. Hoy no hay presencia en las calles de la Primera Línea, ¿será una coincidencia?


En varios escenarios se comenta el tema de que ‘al jefe todo le resbala’ haciendo mención de que los escándalos generados a su alrededor siempre son apaciguados con un nuevo escándalo, para generar una cortina de humo que haga olvidar el primero. Son numerosas las posibles conductas indebidas atribuidas al jefe, a sus directos familiares y a sus subalternos, pero no hay definición jurídica de las mismas, lo cual conlleva el mensaje que ‘en el país del cambio reina la impunidad’.


Con alguna regularidad aparecen en el escenario político algunos áulicos que proponen aberraciones como la reciente idea del exministro Silva de incorporar desmovilizados a la Fuerza Pública; da la impresión que los mandaderos de Santos siguen haciendo su trabajo tratando de convencer a los colombianos que los malos son los buenos y que las instituciones legítimas son las corruptas. Parece que están preparando el camino para incorporar a las guardias indígenas, al ELN, a las FARC y sus disidencias, así como a los narcotraficantes, para que defiendan la implantación del comunismo.


Quien se hace acreedor al Óscar de la inseguridad sigue siendo el jefe de la cartera de Defensa que no cumple con las funciones de su cargo, pues las afrentas a la sociedad por parte de los delincuentes son cada día más desalentadoras, ya que escudándose en la aberración del cese al fuego los miembros de la fuerza pública no responden ante la presencia de bandidos, como es el caso de la incursión de disidencias en Cumbitara (Nariño) o los asaltos en la capital a plena luz del día en medio de los trancones o los bloqueos de carreteras por parte de diferentes comunidades.


El país está viviendo una tragedia con los incendios de los bosques, pero parece que no se cuenta con los presupuestos requeridos para dotar a los bomberos ni para el mantenimiento de las aeronaves necesarias para combatir el fuego, pero si se ha gastado el presupuesto en viajes al África o en los innumerables desplazamientos al extranjero de miembros del Gobierno y sus acompañantes o en el alquiler fastuoso de locales en Davos (Suiza) o en atender temas ajenos a la función pública como la presentación de la esposa del jefe, cometiendo de paso peculado por destinación y de otra parte, el ejecutivo planea pagar bonificaciones millonarias a los delincuentes. Estos dineros deben ser destinados a salvaguardar a la sociedad en general y no para comprar los votos de miles de personas para las elecciones del 2026.


El cambio de tendencia dentro del péndulo político no es automático; hay que trabajar incansablemente para derrotar las mañas aplicadas por la izquierda para mantenerse en el poder. Si los socialistas logran continuar en el gobierno central por otro período, se le estaría dando la puñalada final a nuestra democracia y seguramente tendrán que pasar varias generaciones para que se puedan recuperar nuevamente la libertad y los plenos derechos de los ciudadanos.

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